De forma que parece que afrontamos un dilema imposible: si no queremos que nos mate el cambio climático, tenemos que dejar de ser quienes somos. Entenderéis por qué la gente no está exactamente corriendo a las barricadas. Nos cuesta más hacernos a la idea de dejar de ser quienes somos que hacernos a la idea de que vamos a morir.
Así pues, ¿ cómo podemos hacernos a la idea? Esta noche voy a proponer que un camino hacia la solución posible pasa por un replanteamiento radical de lo que queremos decir con nosotros. A base de examinar con atención estas cosas que consideramos que nos hacen ser quienes somos. estas dos expresiones, de hecho, nos dan el meollo del argumento. Cosas y quienes somos. ¿ Qué tienen que ver las "cosas" con " quienes somos"? ¿ Cómo puede una cosa hacerte quien eres? ¿ Antes de que la gente tuviera cosas no era quien era? Cuando naciste, cuando viniste al mundo, sin iPhone, sin coche, sin deportivas Nike ni Adidas, ni de ninguna otra clase, ¿ acaso tus padres te vieron incompleto? ¿ Pensaron que tenían un bebé defectuoso? No. Pensaron que eras perfecto. Estabas completamente desnudo y sin capacidad de hablar, y aún así consideraron que eras el summun de la belleza y la perfección.
Pero no es así como pensamos en nosotros mismos, ¿verdad? No es así como se promueve que nos veamos. Se nos enseña a pensar que somos defectuosos, inadecuados, incompletos. Distintos de alguna forma repugnante, inaceptable. Se nos enseña que, si no ocultamos esa diferencia , estaremos solos. Que no nos querrá nadie. De manera que aprendemos a disfrazarnos con productos, etiquetas, máscaras de alguna clase. Ropa, productos, equipos deportivos, sistemas de creencias, ideas políticas nacionalismo, cosas externas que usamos para representar quienes somos. Yo soy el tipo marxista, soy el que tiene el reloj de lujo, soy el tipo que es de aquí y no de allí. Cuando me miráis, es lo que quiero que veáis. Aún distinto de vosotros, pero ahora de una forma comprensible y clasificable.
Cuando era alumno aquí, hace veinte años, yo era un maestro de esa clase de camuflaje. No lo habríais imaginado hablando conmigo. Estaba fuera del armario, que no era tan habitual por aquel entonces. La gente me consideraba valiente, y en cierta manera era verdad. Era una época en que los hombres gay o los hombres con aspecto gay o sospechosos de ser gais sufrían palizas de forma habitual. Aún así, mi valentía estaba construida sobre unos cimientos de miedo. Porque lo que realmente me daba miedo no era que la gente viera que era gay. Era que vieran que era yo. De forma que mi sexualidad se convirtió en una herramienta que usaba para distraer la atención de mí.
Y durante mucho tiempo me funcionó, ese personaje me funcionó. Lo tenía todo planeado. ¿ Y qué lo estropeó? No, no fueron los delitos de odio, ni los prejuicios, al contrario. Sí. Me enamoré.
Me enamoré de un hombre, de otro alumno de aquí, y no salió bien. Por muchas razones. Éramos jóvenes y en cualquier caso no debería haber sido ninguna tragedia. Al menos, no en esa época de la vida, ¿verdad? ¿ No es eso lo que te dicen siempre? Pero sí que me lo tomé muy mal, y me quedé destrozado. Abandoné la carrera.
La cuestión es que , después de que terminará aquella relación, me dio la sensación de no tener nada... Si quería vivir - si iba a sobrevivir un día más-, me di cuenta de que necesitaba entra al mundo. Necesitaba formar parte de algo real, y para eso tenía que dejar que la gente me viera como era. La idea me horrorizaba, porque la verdad sobre mí me horrorizaba. era como volver a salir del armario, solo que un millón de veces más difícil. Pero no tenía elección.
Me apunté a un grupo de senderismo. Siempre me había gustado la naturaleza, pero lo mantenía completamente en secreto... Y resumiendo, fue entonces cuando me empecé a interesar por el medio ambiente, por el campo, y también por la ciudad, por cómo podemos preservarlo todo. Y fue entonces cuando empecé a ver los enormes y aterradores que son los problemas que afrontamos.
A riesgo de parecer narcisista, me parece que el punto en el que estamos con respecto al cambio climático no es tan distinto al punto en el que estaba yo después de aquella ruptura mía. Es decir, estamos en un momento en el que o bien cambiamos radicalmente de forma de vida, o bien nos destruiremos... Si no afrontamos la realidad, no sobreviviremos. Y para afrontar la realidad, primero tenemos que dejar de lado todos esos inventos y disfraces que hemos estado tan ocupados acumulando. tenemos que quitarnos las máscaras.
En cuanto lo hagáis, el mundo se transformará. En cuanto os quitéis la máscara, será como si todas las demás máscaras se volvieran transparentes, y veréis que, detrás de nuestros caprichos y rarezas individuales, todos somos iguales. Somos iguales por el hecho de ser distintos, de sentirnos mal porque somos distintos. O por decirlo de otro modo: somos todos expresiones distintas de la misma vulnerabilidad y la misma necesidad. Eso es lo que nos une a todos. Y en cuanto lo reconozcamos, en cuanto nos veamos como una comunidad de diferencias, las diferencias en sí dejarán de definirnos. Y será cuando podamos empezar a trabajar juntos y las cosas puedan cambiar.
PAUL MURRAY. La picadura de abeja
La calumnia. 1961