martes, 5 de mayo de 2026

¡Me pregunto qué contarán de mí cuando ya no esté!

 




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 Olga y yo habíamos hablado de la muerte en más de una ocasión. Es decir , de la mía, ella era mucho más joven. Yo afirmaba que había comenzado  a prepararme  para afrontar al final. Ella quería saber qué era lo que hacía, y se lo conté. Lo primero que hacía todas la mañanas al despertar era plantearme esa pregunta directa: " Si este resulta ser el último día de tu vida, ¿ crees que has tenido tiempo de hacer todo lo que querías?".

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" Ya nadie escribe para la eternidad. ¡ Por la sencilla razón de que la eternidad ya no existe!"

Era una idea vertiginosa. ¿ Cuándo desapareció la eternidad?

Para ella el problema no era metafísico.

Dostoyevski tenía un lector, Dios. Nietzsche no tenía ni siquiera a Dios, sólo a sí mismo. Está claro que escribían para la eternidad, la eternidad era lo que tenían. No se hicieron muy mayores. Nosotros en cambio vivimos cada vez más, pero nuestras vidas resultan más cortas.

 Olga me consoló.

- Nadie puede vivir fuera de su tiempo- dijo.

-"¿Cuál es nuestro tiempo? - pregunté.

- Es la antesala de la barbarie. Todos los criterios desaparecen en aras de uno solo: cuánto vende un producto. El éxito es la prueba de que es bueno. Afecta a todo, pero en distinto grado. El arte y la literatura son el dominio de los valores difusos, pero ahora tenemos por fin un criterio indiscutible: la capacidad de venderse. Nadie diría que un Volkswagen es mejor coche que un Rolls Royce porque se vendan más modelos. Pero en lo que se refiere a la literatura sí se puede decir, y de hecho se dice, y todo el mundo participa de esa fiesta bárbara, tanto las secciones de cultura de los periódicos como los editores y el público.

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 Describir a una persona puede parecer como intentar vestir a un niño de dos años que se resiste.

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Uno no debe ponerse a amueblar la nostalgia, porque entonces corre el riesgo de acomodarse en ella. La rosa silvestre no ha de crecer en una maceta en el alféizar de la ventana. Ha de crecer alta y poderosa en el seno del corazón y no ha de tener agua ni solución nutritiva. Ha de tener sangre.

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 ¿ Qué abusos no cometemos cuando intentamos comprender a otro ser humano, sobre todo cuando lo queremos? ¿ Qué soberbia la de atribuir a la gente ciertos pensamientos y no otros?

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 ! Me pregunto qué contarán de mí cuando ya no esté !

 Me imagino que todos nos hacemos esa pregunta. Sobre todo si eres padre. Te preguntas qué es lo que recordarán tus hijos de ti. Yo también. Llegué incluso a intentar dirigir los recuerdos de mis hijos sobre mí, de tal forma que hacía ciertas cosas o decías ciertas cosas con el objetivo de que las recordaran.

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¿ Cómo se prepara uno para la muerte? ¿ Cómo puede uno seguir viviendo como siempre al mismo tiempo que está pendiente de lo inevitable? 

  Fueron ese tipo de preguntas las que una vez me impulsaron a estudiar filosofía. Resultaba muy instructivo ver que, cuanto más se acervaba uno a la forma de pensar moderno, más claro quedaba que esas cuestiones ya no se consideraban dignas de debate.

 La filosofía había abdicado. Se dedicaba a los análisis técnicos de teoremas, conceptos y afirmaciones. Se dedicaba a los problemas epistemológicos. No eran cosas sin importancia, al contrario. Pero la cuestión de cómo hemos de vivir se abandonó a toda clase de charlatanes. Curas, terapias, piedras mágicas, astrólogos, fanáticos, idiotas: todos ellos tienen hoy  por mercado al mundo entero, porque la gente busca un sentido, un contexto.

 Seguro que era liberador declarar nulas las antiguas cuestiones filosóficas. Eso no implicaba, sin embargo, que uno se librara de ellas. Lo podía ver en mí mismo. Creía que había neutralizado la cuestión del sentido de la vida.

 ¿Cómo?

 No desechándola sino defendiendo que uno nace en un sentido de la vida del mismo modo que un pez sale del huevo en el mar. Que es una dimensión de la sociedad en la que vive.

 Cada sociedad se organiza en torno a un concepto de la vida y cuando te mudas de una sociedad a otra, también te mudas de un sentido a otro. Te ves obligado a escoger, puesto que no puedes vivir tu vida como una coma entre dos oraciones.

  ¿ A qué nos referimos cuando nos planteamos la pregunta sobre el sentido de la vida?

Existen varias respuestas. Uno puede plantearse si hay un propósito general, que es lo que piensa la mayoría de los creyentes. En ese caso, el sentido de la vida es el propósito que tenga con ella  una divinidad.

 Yo no soy creyente. Eso no impide que pueda actuar como tal. Por  ejemplo, se podría sustituir a Dios por la Naturaleza.

 Pero no creo que la Naturaleza abrigue ningún propósito.

 Creo que se nace por una casualidad y se muere por otra. Con lo que por mi parte no hay ningún propósito externo. Eso no impide que yo no me busque uno interno. Que yo administre mi vida de modo que exprese el propósito que tenga con ella.

 Tal vez se pueda buscar el sentido de la vida al revés. Es decir, responder a la pregunta de por qué pasó lo que pasó. Sorprende lo fácil que es encontrar con el tiempo circunstancias  y conexiones entre sucesos que en un principio considerábamos independientes por completo.

 Incluso puedo imaginarme que al final encontraremos un sentido en todo esto.

 Es sin duda una construcción débil, pero resulta consoladora. Lo único que hay que hacer es vivir como uno desee y cuando ya no esté por la labor de continuar, puede sentarse y "leer" el sentido de la vida en el mosaico que ha formado su propia historia.

 " ¿ Cuál habría sido la alternativa para Olga? *


Theodor Kallifatides. Una mujer a quien amar.

* ¿Cuál sería tu alternativa?





jueves, 15 de enero de 2026

 

                                     

                                       EL OTOÑO DE LAS ROSAS


  Vives ya en la estación del tiempo rezagado:

lo has llamado el otoño de las rosas.

Aspíralas y enciéndete. Y escucha,

cuando el cielo se apague, el silencio del mundo.


Francisco Brines


Vivir es bello a veces

¿ Y qué sentido tiene haber llegado?

lunes, 29 de diciembre de 2025



  Diez mil veces se partió mi corazón dentro de mí. No puedo contar los sollozos que me emocionaron, los dolores que consumieron mi corazón.

  Y si embargo, también vi otras cosas  que me llenaron los ojos de lágrimas y me agitaron como una hoja olvidada. Vi hombres y mujeres que entregaban su vida, sus esperanzas, todo, por los demás. Vi actos de una entrega tan grande que me hicieron llorar lágrimas de alegría. Estas cosas, pensé, son hermosas, aunque no sean capaces de redimir. Son rayos puros del sol incidiendo sobre el gran monte de estiércol del mundo.

                                                         Charles- Robert Anon*

* Charles-Robert Anon: Uno de los seudónimos de Pessoa

** ¿ Qué es la vida?

domingo, 28 de diciembre de 2025

La oferta se explica por la demanda

 



 Las sociedades abiertas - por emplear el adjetivo de Henri Bergson y de Karl Popper- son al mismo tiempo la causa y el efecto de la libertad de informar y de informarse. Sin embargo, quienes recogen la información parecen tener como preocupación dominante el falsificarla, y quienes la reciben, eludirla. En tales sociedades se invoca continuamente un deber de informar y un derecho a la información. Pero del mismo modo que los profesionales se afanan en traicionar eses deber, así también sus clientes se desinteresan de gozar de ese derecho.

Solo en las sociedades abiertas es posible observar y medir el auténtico celo de los hombres en decir la verdad y acogerla, ya que el gobierno de dicha verdad no se ve obstaculizado por nadie más que ellos mismos. Además, y  no es esto lo menos intrigante, ¿ cómo pueden actuar hasta tal punto contra su propio interés? Y es que la democracia no puede vivir sin cierta dosis de verdad. No puede sobrevivir si dicha verdad queda por debajo de un nivel mínimo. Este régimen, basado en la libre determinación de las decisiones de la mayoría, se condena a sí mismo a muerte si los ciudadanos que toman tales decisiones se pronuncian casi todos en la ignorancia de las realidades, la ceguera de una pasión o la ilusión de una impresión pasajera. En la democracia, la información es libre, sagrada, porque ha asumido la función de contrarrestar todo aquello que oscurece el juicio de los ciudadanos de decisores y jueces del interés general. Pero ¿ qué ocurre si es la propia información la que se las ingenia para oscurecer el juicio de los jueces? ¿ Acaso no vemos con mucha frecuencia que los medios de comunicación que cultivan la exactitud, la competencia y la honradez constituyen la porción más restringida de la profesión, y su audiencia, el sector más reducido del público? ¿ No observamos que los periódicos, emisiones de radio, revistas o debates televisivos, así como las campañas de prensa se caracterizan salvo contadas excepciones por un contenido informativo cuya pobreza es paralela a su falsedad?

Si, en efecto, un número muy reducido de ellos sirve realmente al ideal teórico de su profesión, el público apenas los incita a ello; y por lo tanto, es en el público, en cada uno de nosotros, donde debemos buscar la causa de la supremacía de los periodistas poco competentes o poco escrupulosos. La oferta se explica por la demanda. Pero la demanda, en materia de información y análisis surge de nuestras convicciones. ¿ Cómo se forman estas? Tomamos nuestra decisiones más importantes en medio de un abismo de imprecisiones, prejuicios y pasiones, y posteriormente, husmeamos y sopesamos menos su exactitud que su capacidad de amoldarse o no a un sistema de interpretación, un sentimiento de comodidad moral o una red de alianzas. Según las leyes que gobiernan esa mezcla de palabras, apegos, odios y temores llamada opinión pública, un hecho no es real o irreal: es deseable o indeseable. Es un aliado o un adversario, un compinche o un maquinador, y no un objeto de conocimiento. Y a veces, incluso erigimos en doctrina, justificamos por principio, que el posible uso de un hecho tenga preeminencia sobre el conocimiento demostrable.

Nuestra opiniones, aunque sean desinteresadas, proceden de diversas influencias, entre las cuales el conocimiento de la materia figura muy a menudo en último lugar, después de las creencias, el ambiente cultural, el azar, las apariencias, las pasiones, los prejuicios, el deseo de que la realidad se amolde a nuestros prejuicios y la pereza  de espíritu. Esto no es nada nuevo...


* ¿ Qué es la ideología?

JEAN-FRANCOIS REVEL. El conocimiento inútil.

jueves, 30 de octubre de 2025

La falsificación de la información

 

La primera de todas las fuerzas que gobiernan el mundo es la mentira. La civilización del siglo XX se ha basado, más que cualquier otra anterior, en la información, la enseñanza, la ciencia, la cultura; en suma, en el conocimiento, así como en el sistema  de gobierno que, por vocación, da acceso a todos: la democracia. Sin duda, al igual que la democracia, la libertad de información se halla en la práctica repartida de forma muy desigual en el planeta. Y hay pocos países en los que la una y la otra hayan atravesado el siglo sin verse interrumpidas, o incluso suprimidas durante varias generaciones. Ahora bien, aunque lleno de lagunas y sincopado, el papel desempeñado por la información en los hombres que deciden los asuntos del mundo contemporáneo, y en las reacciones de los demás ante dichos asuntos, es sin duda más importante, más constante y más general que en épocas anteriores. Quienes obran disponen de mejores medios para saber en qué datos apoyar su acción, y quienes experimentan esa acción está, mucho mejor informados sobre aquello que hacen quienes obran.

  Es interesante, por último, investigar si esta preponderancia del conocimiento, su precisión y su riqueza, su difusión cada vez más amplia y más rápida, ha conllevado, como sería natural esperar, una gestión más juiciosa de la humanidad. La cuestión adquiere incluso mayor relevancia si tenemos en cuenta que el perfeccionamiento acelerado de las técnicas de transmisión y el continuo aumento del número de individuos que se aprovechan de ello harán aún más del siglo XXI la era en que la información constituirá el elemento central de la civilización.

  En nuestro siglo hay a la vez más conocimientos y más hombres que disponen de esos conocimientos. En otros términos, el conocimiento ha progresado, y según parece se ha visto seguido en su progreso por la información, la cual consiste en la diseminación de dicho conocimiento entre el público. Para empezar, la enseñanza tiende a prolongarse cada vez más, y a repetirse cada vez con mayor frecuencia en el curso de la vida; además las herramientas de comunicación de masas se multiplican y nos cubren de mensajes en un grado inconcebible hasta ahora. Ya se trate de difundir la noticia de un descubrimiento científico y de sus perspectivas técnicas, de anunciar un acontecimiento político o de publicar las cifras que permiten evaluar una situación económica, lo cierto es que la máquina universal de informar se vuelve cada vez más igualitaria y generosa, de modo que anula la vieja discriminación entre élite en el poder, que sabía muy poco, y el conocimiento de los gobernados, que no nada. Hoy, ambos saben o pueden saber mucho.  Así pues, la superioridad de nuestro siglo con respecto a los previos parece radicar en que los dirigentes o responsables en todos los terrenos disponen  de conocimientos más amplios y más exactos a la hora de tomar decisiones, mientras que el público, por su parte, recibe en abundancia la información que le permite juzgar lo acertado de esas decisiones. En buena lógica, tal fastuosa convergencia de factores favorables ha debido engendrar ciertamente una sabiduría y un discernimiento sin equivalente en el pasado y, por lo tanto, una prodigiosa mejora de la condición humana. ¿ Es así?


JEAN-FRANCOIS RÉVEL. El conocimiento inútil





                                                El gran carnaval 1951


¿ Podría ser que la misma abundancia de conocimientos e informaciones despertará el afán de esconderlos más que de emplearlos? ¿ Que el acceso a la verdad generará más resentimientos que satisfacción, la sensación de un peligro más que la de un poder? ¿ Cómo explicar la escasez de información exacta en las sociedades libres, donde han desaparecido en gran medida los obstáculos materiales para su difusión, y los hombres pueden conocerla fácilmente si sienten curiosidad o simplemente no la rechazan?

     * Esta entrada  merece una segunda parte. Hay que reflexionar más sobre el tema, merece la pena.

sábado, 25 de octubre de 2025

   Uno siempre responde con su vida entera a las preguntas más importantes. No importa lo que diga, no importa con qué palabras y con qué argumentos trate de defenderse. Al final, al final de todo, uno responde a todas las preguntas con los hechos de su vida: a las preguntas que el mundo le ha hecho una y otra vez. Las preguntas son éstas: ¿Quién eres?... ¿ Qué has querido de verdad?...    ¿ A qué has sido fiel o infiel?... ¿ Con qué y con quién te has comportado con valentía o con cobardía?... Éstas son las preguntas. Uno responde como puede, diciendo la verdad o mintiendo; eso no importa. Lo que sí importa es que uno al final responde con su vida entera.

EL ÚLTIMO ENCUENTRO. Sándor Márai

* Sí importa... y mucho. El silencio lo dice todo. No puedes evitarlo, y es triste reconocerlo. Ellos ya no están. Palabras que nunca se dijeron, ausencias prolongadas. El tiempo sin ellos. Siempre los mismos errores.


Seres queridos... gracias por todo

viernes, 24 de octubre de 2025

Viajar

 

Un viaje es un gesto inscrito en el espacio, desaparece nada más realizarse. Vas de un lugar a otro, y de ahí de nuevo a otra parte, y detrás de ti no queda rastro de que alguna vez estuviste allí. Los caminos que recorriste ayer ahora están llenos de gente distinta que no saben quién eres. Un desconocido yace en la cama del cuarto en el que dormiste anoche. El polvo cubre tus huellas, limpian las marcas de tus dedos en la puerta, recogen del suelo y de la mesa los fragmentos de las pruebas que se te hayan podido caer, los tiran a la basura y no vuelven nunca más. El aire mismo se cierra a tu espalda y poco después, tu presencia, que parecía tan pesada y permanente, ha desaparecido por completo. Las cosas solo ocurren una vez y nunca se repiten, nunca vuelven. Salvo en el recuerdo.

Damon Galgut. En una habitación ajena

Continuará...