viernes, 23 de octubre de 2026

Dicen que la luna es la pupila de la noche

 


" ¿ Adónde irán las almas cuando se mueren los cuerpos? - piensas de pronto-. ¿ Cuánto tiempo se quedarán junto a él?".

 Después de asegurarte de que no hay más velas que cambiar, te diriges hacia la puerta.

 " Cuando una persona viva observa el cuerpo de un muerto, ¿ estará también al lado el alma de este último observando su propio cuerpo?".

  Echas un último vistazo antes de salir del polideportivo. No se ven las almas por ningún lado- Solo está, los cuerpos tendidos en silencio y el terrible hedor cadavérico.

                                                                           *

  ¿ Cuánto tiempo se quedará el alma junto al cuerpo?

  ¿ Aleteará como si fuera un pájaro? ¿ Agitará el borde de la vela?

                                                

                                                                            *

   Pienso en mi costado, que se está pudriendo,

   en la bala que lo atravesó,

   eso que al principio fue como un garrotazo gélido

   y enseguida se transformó en una bola de fuego que me

   aguijoneó las entrañas,

   en el agujero que me hizo en el costado apuesto,

   por donde se me derramó toda la sangre caliente.

   Pienso en el cañón del fusil del que salió la bala,

   en el frío gatillo,

   en el dedo tibio que lo apretó,

   en el ojo que apuntó contra mí,

   en los ojos de quien ordenó disparar.

   Quiero verles la cara, flotar sobre sus párpados dormidos, meterme de repente en sus sueños, en su frente, permanecer toda la noche escrutando sus párpados, hasta que en sus pesadillas fijen la vista en mis ojos, que derraman sangre, hasta que escuchen mi voz diciendo. " Por qué me disparaste? ¿ Por qué me mataste?"

                                                                    *


  Entonces ¿ el alma no es nada?

  Mejor dicho, ¿ es una especie de cristal?

  El cristal es transparente y se rompe con facilidad. Esa es su naturaleza. Es por eso por lo que tenemos que tratar con cuidado todo lo que está hecho de ese material, porque si algo hecho de cristal se agrieta o se rompe, ya no sirve y hay que tirarlo.

 Antes teníamos dentro un cristal que no se rompía. No sabíamos si era cristal o qué, pero era algo auténtico, sólido y transparente. Haciéndonos trizas el cuerpo les demostramos que teníamos alma. Les demostramos que éramos seres humanos hechos de cristal de verdad.


                                                                        *

 

 Hay recuerdos que no cicatrizan nunca. Pasa el tiempo y la memoria no se difumina, sino que queda únicamente ese recuerdo y todos los demás se van borrando. El mundo se va quedando en tinieblas al irse apagando una a una las bombillas de neón de colores. Sé bien que yo tampoco estoy a salvo.

  Ahora me gustaría hacerle a usted una pregunta.

¿ Es el hombre un ser cruel por naturaleza? ¿ Lo nuestro no fue más que una experiencia normal y corriente? ¿ Lo de la dignidad humana es un engaño y en cualquier momento podemos transformarnos en insectos, bestias o masas de pus y secreciones? El que no dejemos de humillarnos, destruirnos y masacrarnos, ¿ es la prueba que ofrece la Historia acerca de la naturaleza humana?


 Yo no lo olvido. No olvido que la gente con la que me encuentro diariamente son seres humanos. Usted también, que me está escuchando, es un ser humano. Por supuesto, yo también soy un ser humano.

  Todos los días me miro la cicatriz que tengo en la mano. Me froto allí donde el hueso estuvo expuesto, ese sitio que se pudría rezumando todos los días una secreción blancuzca. Cada vez que me topo por casualidad con un bolígrafo negro Monami común y corriente, contengo la respiración y espero. Espero que el sucio recuerdo de la muerte, que acarreo día y noche, me deje libre por fin el día en que me encuentre de verdad con ella.

  Estoy luchando. Lucho todos los días en soledad. Lucho con la vergüenza de haber sobrevivido y de estar vivo hoy. Lucho contra el hecho de que soy un ser humano . Lucho contra la idea de que el único camino que me liberará cuanto antes de esa realidad es la muerte. Profesor, usted que es un ser humano como yo, ¿ qué respuesta puede darme?


HAN KANG

Actos humanos




 

lunes, 19 de octubre de 2026

                                     LA NECESIDAD DE IDEOLOGÍA


¿ Qué es la ideología? Un triple eximente: intelectual, práctico y moral. En cuanto eximente intelectual, la ideología consiste en retener solo los hechos favorables a las tesis sostenida, incluso en inventarlos totalmente, y en negar los otros, omitirlos, olvidarlos, impedir que sean conocidos. En cuanto eximente práctico, suprime el criterio de la eficacia, hace que la refutación de los fracasos carezca de valor. Y es que una las funciones de la ideología es, además, fabricar explicaciones que justifican dichos fracasos. A veces la explicación se reduce a una pura afirmación, a un acto de fe: " No es el socialismo al que se le deben imputar las dificultades encontradas por los países socialistas en su desarrollo", escribe Gorbachov en su libro Perestroika, publicado en 1987. Por último, como eximente moral, la ideología abole toda noción del bien y del mal para los actores ideológicos; o más bien, ocupa el lugar de la moral. Lo que es un crimen o vicio para el hombre común no lo es para ellos. Los socialistas tienen una idea tan alta de su propia moralidad que, al oírlos, uno casi creería que, cuando se entregan a la corrupción, no es que su virtud quede empañada por haber sucumbido a la tentación, sino que, por el contrario , lo que ocurre es que vuelven honrada tal corrupción.

  Al eximir a la vez  de la verdad, la honradez y la eficacia, esto es, al ofrecer tan grandes comodidades, la ideología, aunque sea bajo otros nombres, ha gozado comprensiblemente del favor de los hombres desde el origen de los tiempos. Es duro vivir sin ideología, ya que, en ese caso, uno no encuentra, en su existencia, más que casos particulares, cada uno de los cuales exige un conocimiento de los hechos único en su género y apropiado, con riesgos de error y de fracaso en la acción, con eventuales consecuencias graves para uno mismo, con peligro de sufrimiento y de injusticia para otros seres humanos, y con probabilidades de remordimiento para quien toma una decisión. Pero nada de esto entra en juego cuando hablamos del ideólogo, quien se sitúa por encima de la verdad y del bien, quien es él mismo fuente de la verdad y del bien. He ahí un ministro reputado por su virtud, su culto a los derechos del hombre, su amor a las libertades. No dudará en presionar a una administración, en amenazarla, para lograr que su mujer, con toda irregularidad, sea nombrada profesora en una gran institución y se expulse a quien era titular del puesto. El abuso despótico del poder a favor del favoritismo familiar más trivial, algo que ese ministro fustigaría con asco si lo viera practicar fuera de su campo, deja de parecerle vergonzoso viniendo de él mismo. No se trata de la simple complacencia, mecanismo psicológico banal. Este hombre no está solo, sino que se ve acompañado, sostenido, por la sagrada sustancia de la ideología, que  acolcha su conciencia y le induce a pensar que, hallándose él mismo en la fuente de toda virtud, no puede secretar más que buenas acciones.

  En sus comienzos, una ideología es una hoguera de creencias que, aunque devastadora, puede inflamar noblemente los espíritus. Al final se degrada, en un sindicato de intereses. Aunque la ideología  no posea eficacia, en el sentido de que no resuelve ningún problema real, ya que no proviene de un análisis  de los hechos, lo cierto es que está concebida con vistas a la acción: transforma la realidad, e incluso mucho más poderosamente de lo que lo hace el conocimiento exacto. Y este hecho mismo constituye todo el objeto del presente libro. La ideología es ineficaz en el sentido de que no aporta las soluciones anunciadas por su programa. Así, la colectivización de las tierras no suscita la abundancia, sino la penuria. Pero no por ello la ideología tiene una menor capacidad de acción sobre lo real, porque precisamente puede hacer que se pase a los hechos e imponer a varios centenares de millones de hombres una aberración económica que resulte fatal para la agricultura. En otras palabras, la colectivización no es una verdad agrícola, pero sí una realidad ideológica que, aunque destructora de la agricultura, ha sido mucho más extendida en el siglo XX que la simple verdad agrícola.

  La ideología constituye el ejemplo mismo de uno de esos conceptos familiares cuya aparente claridad se desvanece cuando tratamos de definirlos con precisión.

  Todo ideólogo cree y consigue hacer creer que tiene un sistema explicativo global, fundado en pruebas objetivas.


JEAN-FRANCOIS RÉVEL

El conocimiento inútil


                                                  La buena tierra 1937



                                                Caballero sin espada 1939


                                                        El candidato 1972



Cualquier parecido con la realidad... 



lunes, 5 de octubre de 2026

¿ En qué difiere el nunca será de lo que nunca fue?

  Lo vio venir por la hierba y arrodillarse junto a él con la taza de agua que había ido a buscar. A su alrededor todo era luz. Cogió la taza y bebió  y se acostó de nuevo. Para comer tenían una sola lata de melocotones pero hizo que los comiera el chico y no quiso probar ninguno. Es que no puedo, dijo. No tiene importancia.

  Te guardo la mitad.

  Vale. Guárdamelos hasta mañana.

  Cogió la taza y se alejó y cuando lo hizo la luz se movió con él. Había querido probar de hacer una tienda con la lona pero el hombre no le dejó. Decía que no quería nada que lo cubriese. Se quedó acostado mirando al chico junto al fuego. Quería ser capaz de ver. Mira todo esto, dijo. No hay un solo profeta en la larga crónica de la Tierra que no encuentre hoy aquí su razón de ser. Teníais razón, hablarais de lo que hablarais.


El chico creyó notar un olor a ceniza húmeda en el viento. Se adelantó por la carretera y volvió arrastrando un pedazo de contrachapado de la basura que había en la cuneta y hundió unos palos en el suelo con una piedra y de la madera hizo un cobertizo pero al final no llovió. Dejó la pistola de señales y se llevó el revolver y rastreó el campo en busca de algo que comer pero regresó con las manos vacías. El hombre le cogió la mano, resollando. Tendrás que seguir tú solo, dijo. Yo no puedo ir contigo. Tienes que seguir adelante. No se sabe lo que puede deparar la carretera. Siempre hemos tenido suerte. Tú la tendrás otra vez. Estoy seguro. Anda, ve. No pasa nada.

  No puedo.

  Tranquilo. Esto se veía venir desde hace tiempo. Ya está aquí. Continúa hacia el sur: Haz como hemos hecho hasta ahora.

  Te pondrás bien, papá. Tienes que ponerte bien.

  No. Lleva siempre encima la pistola. Necesitas encontrar a los buenos pero no debes correr ningún riesgo. Ninguno. ¿ Has entendido?

  Quiero estar contigo.

  No puede ser.

  Por favor.

  No. Tienes que llevar el fuego.

  No sé cómo hacerlo.

  Sí que lo sabes.

  ¿Es de verdad? ¿ El fuego?

  Sí.

  ¿ Dónde está? Yo no sé dónde está el fuego.

  Sí que  lo sabes. Está en tu interior. Siempre ha estado ahí.

Yo lo veo.

  Llévame contigo. Por favor.

  No puedo.

  Por favor , papá.

  No puedo. No puedo llevar a mi hijo muerto en brazos.

Pensé que podría pero no puedo.

  Dijiste que no me abandonarías nunca.

  Lo sé. Perdona. Te llevo en mi corazón. Como te he llevado siempre. Eres el mejor que conozco. Siempre lo has sido. Aunque yo no esté tú puedes seguir hablándome. Puedes hablarme y yo te hablaré a ti. Ya verás.

  ¿ Te oiré?

  Sí. Claro que sí. Tienes que hacer como si imaginaras que hablamos. Y me oirás. Tienes que practicar. No te rindas nunca. ¿ Vale?

  Vale.

  Vale. 

  Tengo mucho miedo, papá.

  Lo sé. Pero no te pasará nada. Tendrás suerte. Estoy convencido. No puedo hablar más. Voy a empezar a toser otra vez.

  Está bien, papá. No hace falta que hables. Está bien.


Caminó un trecho por la carretera hasta que le pareció demasiado arriesgado y luego volvió. Su padre estaba dormido. Se sentó a su lado bajo el tablero y le observó. Cerró los ojos y le habló y mantuvo los ojos cerrados y trató de escuchar. Luego volvió a intentarlo.

CORMAC

McCARTHY

La carretera


                                                                La carretera 2009               

lunes, 28 de septiembre de 2026

 



Para que el carácter de un ser humano desvele cualidades verdaderamente excepcionales, hay que tener la fortuna de poder observar su actuación durante largos años. Si dicha actuación está despojada de todo egoísmo, si la idea que la rige es de una generosidad sin par, si es absolutamente cierto que no ha buscado ninguna recompensa y  que, además, ha dejado huellas visibles en el mundo, entonces nos hallamos, sin duda alguna, ante un carácter inolvidable.


  Cuando pienso que un solo hombre, reducido a sus simples recursos físicos y morales, fue capaz de hacer surgir del desierto este país de Canaán, siento que, pese a todo, la condición humana es admirable. Pero cuando llevo la cuenta de toda la constancia en la grandeza de alma y de todo el empeño en la generosidad que han sido necesarios para obtener este resultado, me invade un inmenso respeto por ese viejo campesino iletrado que supo completar una obra digna de Dios.


Elzéard Bouffier murió apaciblemente en 1947, en el hospicio de Banon.


El hombre que plantaba árboles

Jean Giono





* Conviene no olvidar estas películas, otro cine, otra forma de contar viejas historias. Donde parece que no pasa nada, sin ruido ni artificios. Es cine . Se trata  de reflejar la existencia del ser humano, sus momentos de alegría, y de dolor, el sentido de su "estar aquí". Qué podemos hacer por los demás.
                                                          

martes, 25 de agosto de 2026

 

                                                                  LAS NUBES


Con la descripción de las nubes

debería darme mucha prisa,

en una milésima de segundo

dejan de ser esas y empiezan a ser otras.


Es propio de ellas

no repetirse nunca

en formas, matices, posturas y orden.


Sin la carga de ningún  recuerdo

se elevan sin esfuerzo sobre los hechos.


¡ De qué van a ser ellas testigos!,

en un segundo se disipan en todas direcciones.


Comparada con las nubes,

la vida parece tener los pies sobre la tierra,

se diría que es inmutable y prácticamente eterna.


Al lado de las nubes,

hasta una piedra parece un hermano

en el que se puede confiar,

y las nubes, nada, primas lejanas y frívolas.


Que exista la gente si quiere,

y después que se mueran uno tras otro,

a ellas, a las nubes,

les trae sin cuidado

todo eso tan extraño.

Sobre toda Tu vida

y, aún incompleta, también la mía,

 discurren pomposas igual que discurrían-


No tienen la obligación de morir con nosotros.

No necesitan ser vistas para poder pasar.


Wislawa Szymborska



                                                       Cumbres borrascosas 1939







viernes, 21 de agosto de 2026

 


A ALGUNOS LES GUSTA LA POESÍA


A algunos, 

es decir, no a todos.

Ni siquiera a los más, sino a los menos. 

Sin contar las escuelas, donde es obligatorio,

y a los mismos poetas,

igual serán dos de cada mil personas.


Les gusta,

pero también gusta la sopa de fideos,

gustan los cumplidos y el color azul,

gusta va vieja bufanda,

gusta salirse con la suya,

gusta acariciar al perro.


La poesía,

pero qué es la poesía.

más de una insegura respuesta 

se ha dado a esta pregunta.

Y yo no sé, y sigo sin saber, y a eso me aferro

como a un oportuno pasamanos.



EL VIEJO CATEDRÁTICO


Le pregunté sobre aquellos tiempos

en qué éramos aún tan jóvenes,

ingenuos, impulsivos, tontos, inexpertos.


Algo de eso queda, excepto la juventud

_ respondió.

Le pregunté si todavía sabía a ciencia cierta

lo que era bueno y malo para el hombre.

La más mortífera ilusión posible

_respondió.


Le pregunté por el futuro, 

si lo seguía viendo claro.

He leído demasiados libros de historia

_respondió.


Le pregunté por la fotografía, 

la del marco, sobre el escritorio.

Estaban, ya no están. Mi hermano, mi primo, mi

 cuñada,

mi esposa, mi hijita sobre las rodillas de mi esposa,

el gato en los brazos de mi hijita,

y un cerezo en flor, y sobre el cerezo,

un pájaro volador no identificado

_respondió.


Le pregunté si a veces era feliz.

trabajo

_respondió.


Le pregunté por sus amigos, si todavía tenía.

Algunos de mis antiguos ayudantes, 

que también tienen ya antiguos ayudantes,

la señora Ludmila, que manda en casa,

alguien muy cercano, pero en el extranjero,

dos señoras de la biblioteca, las dos sonrientes,

el pequeño Grzes de enfrente y Marco Aurelio

_respondió.


Le pregunté por la salud y por su estado de ánimo.

Me han prohibido el café, el vodka, los cigarrillos,

cargar recuerdos y objetos pesados.

tengo que fingir que no oigo lo que me dicen

_respondió.




Le pregunté por el jardín y el banco en el jardín.

Cuando las noche es serena observo el cielo.

No deja de asombrarme

cuantos puntos de vista hay ahí

_ respondió.


Wislawa Szymborska


                                                                          2016


                                              El cartero  y Pablo Neruda  1994 


martes, 18 de agosto de 2026

 

  ¿ Ha traído el viento de nuevo la lluvia a la ciudad, oscureciendo la habitación de pronto? No. El ambiente, de una claridad plateada, está en calma, como rara vez en estos días de verano, pero ya es tarde y no nos hemos dado cuenta. Solo los tragaluces de enfrente sonríen aún con un suave fulgor y sobre la cumbrera el cielo está ya rodeado de una neblina dorada. En una hora será de noche. En una hora maravillosa, pues nada es más hermoso de ver que estos colores, que poco a poco se marchitan y ensombrecen, y después, en la habitación, la oscuridad brotará del suelo hasta que su marea engulla las paredes y nos arrastre al reino de las sombras. Cuando nos sentemos entonces uno frente al otro y nos miremos sin cruzar palabra, nos parecerá que en las sombras el rostro familiar se vuelve más viejo y extraño y lejano, como si no lo conociéramos de nada y lo viéramos desde una distancia remota y a través de muchos años. Pero ahora no quieres silencio, dices, porque en silencio oyes angustiado cómo el reloj machaca el tiempo y lo reduce a cientos de astillas y cómo la respiración se vuelve sonora como la de un enfermo. Quieres que te cuente algo. Con mucho gusto. No será de mí, sin embargo, pues nuestra vida en estas ciudades infinitas es ciertamente pobre en vivencias, o al menos eso nos parece, porque aún no sabemos lo que nos pertenece en verdad. Pero quiero contarte una historia para esta hora que, en realidad, solo ama el silencio, y me gustaría que tuviese algo de esta luz cálida, suave y abundante del crepúsculo que flota como un velo frente a nuestras ventanas.

 No recuerdo cómo ha llegado a mí esta historia. He estado sentado aquí, de eso sí me acuerdo, desde primera hora de la tarde, leyendo un libro, y después lo he dejado caer, abismado de pronto en ensoñaciones, quizá incluso en un sueño ligero. De pronto he visto aquí personajes, se deslizaban por toda la pared y podía oír sus palabras y ver su vida. Pero cuando he querido seguir su huida con la mirada, me he hallado de nuevo despierto y solo. A mis pies estaba el libro. Lo he recogido y le he preguntado por los personajes, pero ya no he encontrado su historia dentro; era como si se hubiese caído de las páginas a mis manos, o como si nunca hubiera estado allí. Tal vez la haya soñado, o leído en una de las coloridas nubes que han llegado hoy a nuestra ciudad desde tierras lejanas trayendo la lluvia que nos ha afligido tanto rato. ¿O la he escuchado en una de esas viejas y cándidas canciones que un organillo matraquea melancólicamente bajo mi ventana? ¿ Quizás me la contó alguien hace años? No lo sé. Historias así me llegan a menudo, y yo las dejo correr con ánimo juguetón entre los dedos, dejando que se vayan, como se acarician al pasar, sin recolectarlas, las espigas y las flores de tallo largo. Sueño estas historias desde una súbita imagen de colores hasta un final esbozado, pero no las retengo. Sin embargo, ahora quieres de mí una historia, y te la contaré en esta hora en que el crepúsculo nos despierta el anhelo de ver brillar algo colorido y con vida ante nuestros ojos que languidecen en la grisura.

  ¿ Por dónde empiezo? Siento que primero debo extraer de las sombras una imagen y un personaje, pues así empiezan en mí esos extraños sueños. Ya lo recuerdo. Veo a un chico esbelto que baja por la ancha escalera de un castillo. Es de noche, una noche con una débil luz de luna, pero yo veo todo el contorno de su cuerpo ágil y cada uno de sus rasgos como si se reflejaran en un espejo iluminado. Su belleza es extraordinaria. El pelo negro, peinado como el de un niño, cae liso sobre la frente un poco demasiado elevada, y las manos, que estira hacia adelante en la oscuridad para sentir el calor del aire calentado por el sol, son muy delicadas y nobles. Duda un momento. Baja abstraído hacia el gran jardín rumoroso y con muchos árboles redondeados, que una única y ancha avenida atraviesa como un puentecillo blanco.

 No sé cuándo pasó todo esto, si fue ayer o hace cincuenta años y tampoco sé dónde ocurrió...



  Historia en el crepúsculo.

Cuentos completos. Stefan Zweig




                                              Carta de una desconocida 1948