jueves, 15 de enero de 2026

 

                                     

                                       EL OTOÑO DE LAS ROSAS


  Vives ya en la estación del tiempo rezagado:

lo has llamado el otoño de las rosas.

Aspíralas y enciéndete. Y escucha,

cuando el cielo se apague, el silencio del mundo.


Francisco Brines


Vivir es bello a veces

¿ Y qué sentido tiene haber llegado?

lunes, 29 de diciembre de 2025



  Diez mil veces se partió mi corazón dentro de mí. No puedo contar los sollozos que me emocionaron, los dolores que consumieron mi corazón.

  Y si embargo, también vi otras cosas  que me llenaron los ojos de lágrimas y me agitaron como una hoja olvidada. Vi hombres y mujeres que entregaban su vida, sus esperanzas, todo, por los demás. Vi actos de una entrega tan grande que me hicieron llorar lágrimas de alegría. Estas cosas, pensé, son hermosas, aunque no sean capaces de redimir. Son rayos puros del sol incidiendo sobre el gran monte de estiércol del mundo.

                                                         Charles- Robert Anon*

* Charles-Robert Anon: Uno de los seudónimos de Pessoa

** ¿ Qué es la vida?

domingo, 28 de diciembre de 2025

La oferta se explica por la demanda

 



 Las sociedades abiertas - por emplear el adjetivo de Henri Bergson y de Karl Popper- son al mismo tiempo la causa y el efecto de la libertad de informar y de informarse. Sin embargo, quienes recogen la información parecen tener como preocupación dominante el falsificarla, y quienes la reciben, eludirla. En tales sociedades se invoca continuamente un deber de informar y un derecho a la información. Pero del mismo modo que los profesionales se afanan en traicionar eses deber, así también sus clientes se desinteresan de gozar de ese derecho.

Solo en las sociedades abiertas es posible observar y medir el auténtico celo de los hombres en decir la verdad y acogerla, ya que el gobierno de dicha verdad no se ve obstaculizado por nadie más que ellos mismos. Además, y  no es esto lo menos intrigante, ¿ cómo pueden actuar hasta tal punto contra su propio interés? Y es que la democracia no puede vivir sin cierta dosis de verdad. No puede sobrevivir si dicha verdad queda por debajo de un nivel mínimo. Este régimen, basado en la libre determinación de las decisiones de la mayoría, se condena a sí mismo a muerte si los ciudadanos que toman tales decisiones se pronuncian casi todos en la ignorancia de las realidades, la ceguera de una pasión o la ilusión de una impresión pasajera. En la democracia, la información es libre, sagrada, porque ha asumido la función de contrarrestar todo aquello que oscurece el juicio de los ciudadanos de decisores y jueces del interés general. Pero ¿ qué ocurre si es la propia información la que se las ingenia para oscurecer el juicio de los jueces? ¿ Acaso no vemos con mucha frecuencia que los medios de comunicación que cultivan la exactitud, la competencia y la honradez constituyen la porción más restringida de la profesión, y su audiencia, el sector más reducido del público? ¿ No observamos que los periódicos, emisiones de radio, revistas o debates televisivos, así como las campañas de prensa se caracterizan salvo contadas excepciones por un contenido informativo cuya pobreza es paralela a su falsedad?

Si, en efecto, un número muy reducido de ellos sirve realmente al ideal teórico de su profesión, el público apenas los incita a ello; y por lo tanto, es en el público, en cada uno de nosotros, donde debemos buscar la causa de la supremacía de los periodistas poco competentes o poco escrupulosos. La oferta se explica por la demanda. Pero la demanda, en materia de información y análisis surge de nuestras convicciones. ¿ Cómo se forman estas? Tomamos nuestra decisiones más importantes en medio de un abismo de imprecisiones, prejuicios y pasiones, y posteriormente, husmeamos y sopesamos menos su exactitud que su capacidad de amoldarse o no a un sistema de interpretación, un sentimiento de comodidad moral o una red de alianzas. Según las leyes que gobiernan esa mezcla de palabras, apegos, odios y temores llamada opinión pública, un hecho no es real o irreal: es deseable o indeseable. Es un aliado o un adversario, un compinche o un maquinador, y no un objeto de conocimiento. Y a veces, incluso erigimos en doctrina, justificamos por principio, que el posible uso de un hecho tenga preeminencia sobre el conocimiento demostrable.

Nuestra opiniones, aunque sean desinteresadas, proceden de diversas influencias, entre las cuales el conocimiento de la materia figura muy a menudo en último lugar, después de las creencias, el ambiente cultural, el azar, las apariencias, las pasiones, los prejuicios, el deseo de que la realidad se amolde a nuestros prejuicios y la pereza  de espíritu. Esto no es nada nuevo...


* ¿ Qué es la ideología?

JEAN-FRANCOIS REVEL. El conocimiento inútil.

jueves, 30 de octubre de 2025

La falsificación de la información

 

La primera de todas las fuerzas que gobiernan el mundo es la mentira. La civilización del siglo XX se ha basado, más que cualquier otra anterior, en la información, la enseñanza, la ciencia, la cultura; en suma, en el conocimiento, así como en el sistema  de gobierno que, por vocación, da acceso a todos: la democracia. Sin duda, al igual que la democracia, la libertad de información se halla en la práctica repartida de forma muy desigual en el planeta. Y hay pocos países en los que la una y la otra hayan atravesado el siglo sin verse interrumpidas, o incluso suprimidas durante varias generaciones. Ahora bien, aunque lleno de lagunas y sincopado, el papel desempeñado por la información en los hombres que deciden los asuntos del mundo contemporáneo, y en las reacciones de los demás ante dichos asuntos, es sin duda más importante, más constante y más general que en épocas anteriores. Quienes obran disponen de mejores medios para saber en qué datos apoyar su acción, y quienes experimentan esa acción está, mucho mejor informados sobre aquello que hacen quienes obran.

  Es interesante, por último, investigar si esta preponderancia del conocimiento, su precisión y su riqueza, su difusión cada vez más amplia y más rápida, ha conllevado, como sería natural esperar, una gestión más juiciosa de la humanidad. La cuestión adquiere incluso mayor relevancia si tenemos en cuenta que el perfeccionamiento acelerado de las técnicas de transmisión y el continuo aumento del número de individuos que se aprovechan de ello harán aún más del siglo XXI la era en que la información constituirá el elemento central de la civilización.

  En nuestro siglo hay a la vez más conocimientos y más hombres que disponen de esos conocimientos. En otros términos, el conocimiento ha progresado, y según parece se ha visto seguido en su progreso por la información, la cual consiste en la diseminación de dicho conocimiento entre el público. Para empezar, la enseñanza tiende a prolongarse cada vez más, y a repetirse cada vez con mayor frecuencia en el curso de la vida; además las herramientas de comunicación de masas se multiplican y nos cubren de mensajes en un grado inconcebible hasta ahora. Ya se trate de difundir la noticia de un descubrimiento científico y de sus perspectivas técnicas, de anunciar un acontecimiento político o de publicar las cifras que permiten evaluar una situación económica, lo cierto es que la máquina universal de informar se vuelve cada vez más igualitaria y generosa, de modo que anula la vieja discriminación entre élite en el poder, que sabía muy poco, y el conocimiento de los gobernados, que no nada. Hoy, ambos saben o pueden saber mucho.  Así pues, la superioridad de nuestro siglo con respecto a los previos parece radicar en que los dirigentes o responsables en todos los terrenos disponen  de conocimientos más amplios y más exactos a la hora de tomar decisiones, mientras que el público, por su parte, recibe en abundancia la información que le permite juzgar lo acertado de esas decisiones. En buena lógica, tal fastuosa convergencia de factores favorables ha debido engendrar ciertamente una sabiduría y un discernimiento sin equivalente en el pasado y, por lo tanto, una prodigiosa mejora de la condición humana. ¿ Es así?


JEAN-FRANCOIS RÉVEL. El conocimiento inútil





                                                El gran carnaval 1951


¿ Podría ser que la misma abundancia de conocimientos e informaciones despertará el afán de esconderlos más que de emplearlos? ¿ Que el acceso a la verdad generará más resentimientos que satisfacción, la sensación de un peligro más que la de un poder? ¿ Cómo explicar la escasez de información exacta en las sociedades libres, donde han desaparecido en gran medida los obstáculos materiales para su difusión, y los hombres pueden conocerla fácilmente si sienten curiosidad o simplemente no la rechazan?

     * Esta entrada  merece una segunda parte. Hay que reflexionar más sobre el tema, merece la pena.

sábado, 25 de octubre de 2025

   Uno siempre responde con su vida entera a las preguntas más importantes. No importa lo que diga, no importa con qué palabras y con qué argumentos trate de defenderse. Al final, al final de todo, uno responde a todas las preguntas con los hechos de su vida: a las preguntas que el mundo le ha hecho una y otra vez. Las preguntas son éstas: ¿Quién eres?... ¿ Qué has querido de verdad?...    ¿ A qué has sido fiel o infiel?... ¿ Con qué y con quién te has comportado con valentía o con cobardía?... Éstas son las preguntas. Uno responde como puede, diciendo la verdad o mintiendo; eso no importa. Lo que sí importa es que uno al final responde con su vida entera.

EL ÚLTIMO ENCUENTRO. Sándor Márai

* Sí importa... y mucho. El silencio lo dice todo. No puedes evitarlo, y es triste reconocerlo. Ellos ya no están. Palabras que nunca se dijeron, ausencias prolongadas. El tiempo sin ellos. Siempre los mismos errores.


Seres queridos... gracias por todo

viernes, 24 de octubre de 2025

Viajar

 

Un viaje es un gesto inscrito en el espacio, desaparece nada más realizarse. Vas de un lugar a otro, y de ahí de nuevo a otra parte, y detrás de ti no queda rastro de que alguna vez estuviste allí. Los caminos que recorriste ayer ahora están llenos de gente distinta que no saben quién eres. Un desconocido yace en la cama del cuarto en el que dormiste anoche. El polvo cubre tus huellas, limpian las marcas de tus dedos en la puerta, recogen del suelo y de la mesa los fragmentos de las pruebas que se te hayan podido caer, los tiran a la basura y no vuelven nunca más. El aire mismo se cierra a tu espalda y poco después, tu presencia, que parecía tan pesada y permanente, ha desaparecido por completo. Las cosas solo ocurren una vez y nunca se repiten, nunca vuelven. Salvo en el recuerdo.

Damon Galgut. En una habitación ajena

Continuará...


                                           

jueves, 23 de octubre de 2025

 

  De forma que parece que afrontamos un dilema imposible: si no queremos que nos mate el cambio climático, tenemos que dejar de ser quienes somos. Entenderéis  por qué la gente no está exactamente corriendo a las barricadas. Nos cuesta más hacernos a la idea de dejar de ser quienes somos que hacernos a la idea de que vamos a morir.

 Así pues, ¿ cómo podemos hacernos a la idea? Esta noche voy a proponer que un camino hacia la solución posible pasa por un replanteamiento radical de lo que queremos decir con nosotros. A base de examinar con atención estas cosas que consideramos que nos hacen ser quienes somos. estas dos expresiones, de hecho, nos dan el meollo del argumento. Cosas y quienes somos. ¿ Qué tienen que ver las "cosas" con " quienes somos"?  ¿ Cómo puede una cosa hacerte quien eres? ¿ Antes de que la gente tuviera cosas no era quien era? Cuando naciste, cuando viniste al mundo, sin iPhone, sin coche, sin deportivas Nike ni Adidas, ni de ninguna otra clase, ¿ acaso tus padres te vieron incompleto? ¿ Pensaron que tenían un bebé defectuoso? No. Pensaron que eras perfecto. Estabas completamente desnudo y sin capacidad de hablar, y aún así consideraron que eras el summun de la belleza y la perfección.

 Pero no es así como pensamos en nosotros mismos, ¿verdad? No es así como se promueve que nos veamos. Se nos enseña a pensar que somos defectuosos, inadecuados, incompletos. Distintos de alguna forma repugnante, inaceptable. Se nos enseña que, si no ocultamos esa diferencia , estaremos solos. Que  no nos querrá nadie. De manera que aprendemos a disfrazarnos con productos, etiquetas, máscaras de alguna clase. Ropa, productos, equipos deportivos, sistemas de creencias, ideas políticas nacionalismo, cosas externas que usamos para representar quienes somos. Yo soy el tipo marxista, soy el que tiene el reloj de lujo, soy el tipo que es de aquí y no de allí. Cuando me miráis, es lo que quiero que veáis. Aún distinto de vosotros, pero ahora de una forma comprensible y clasificable.

 Cuando era alumno aquí, hace veinte años, yo era un maestro de esa clase de camuflaje. No lo habríais imaginado hablando conmigo. Estaba fuera del armario, que no era tan habitual por aquel entonces. La gente me consideraba valiente, y en cierta manera era verdad. Era una época en que los hombres gay o los hombres con aspecto gay o sospechosos de ser gais sufrían palizas de forma habitual. Aún así, mi valentía estaba construida sobre unos cimientos de miedo. Porque lo que realmente me daba miedo no era que la gente viera que era gay. Era que vieran que era yo. De forma que mi sexualidad se convirtió en una herramienta que usaba para distraer la atención de mí.

 Y durante mucho tiempo me funcionó, ese personaje me funcionó. Lo tenía todo planeado. ¿ Y qué lo estropeó? No, no fueron los delitos de odio, ni los prejuicios, al contrario. Sí. Me enamoré.

 Me enamoré de un hombre, de otro alumno de aquí, y no salió bien. Por muchas razones. Éramos jóvenes y en cualquier caso no debería haber sido ninguna tragedia. Al menos, no en esa época de la vida, ¿verdad? ¿ No es eso lo que te dicen siempre? Pero sí que me lo tomé muy mal, y me quedé destrozado. Abandoné la carrera.

 La cuestión es que , después de que terminará aquella relación, me dio la sensación de no tener nada... Si quería vivir -  si iba a sobrevivir un día más-, me di cuenta de que necesitaba entra al mundo. Necesitaba formar parte de algo real, y para eso tenía que dejar que la gente me viera como era. La idea me horrorizaba, porque la verdad sobre mí me horrorizaba. era como volver a salir del armario, solo que un millón de veces más difícil. Pero no tenía elección.

 Me apunté a un grupo de senderismo. Siempre me había gustado la naturaleza, pero lo mantenía completamente en secreto... Y resumiendo, fue entonces cuando me empecé a interesar por el medio ambiente, por el campo, y también por la ciudad, por cómo podemos preservarlo todo. Y fue entonces cuando empecé a ver los enormes y aterradores que son los problemas que afrontamos.

 A riesgo de parecer narcisista, me parece que el punto en el que estamos con respecto al cambio climático no es tan distinto al punto en el que estaba yo  después de aquella ruptura mía. Es decir, estamos en un momento en el que o bien cambiamos radicalmente de forma de vida, o bien nos destruiremos... Si no afrontamos la realidad, no sobreviviremos. Y para afrontar la realidad, primero tenemos que dejar de lado todos esos inventos y disfraces que hemos estado tan ocupados acumulando. tenemos que quitarnos las máscaras.

 En cuanto lo hagáis, el mundo se transformará. En cuanto os quitéis la máscara, será como si todas las demás máscaras se volvieran transparentes, y veréis que, detrás de nuestros caprichos y rarezas individuales, todos somos iguales. Somos iguales por el hecho de ser distintos, de sentirnos mal porque somos distintos. O por decirlo de otro modo: somos todos expresiones distintas de la misma vulnerabilidad y la misma necesidad. Eso es lo que nos une a todos. Y en cuanto lo reconozcamos, en cuanto nos veamos como una comunidad de diferencias, las diferencias en sí dejarán de definirnos. Y será cuando podamos empezar a trabajar juntos y las cosas puedan cambiar.


PAUL MURRAY. La picadura de abeja



                                                               La calumnia. 1961