sábado, 11 de julio de 2015

YA CASI*

CAÍDA

Y me vuelvo a caer desde mí mismo
al vacío,
a la nada.
   ¡ Qué pirueta!
¿ Desciendo o vuelo?
No lo sé.
Recibo
el golpe de rigor, y me incorporo.
Me toco para ver si hubo gran daño,
mas no me encuentro.
Mi cuerpo ¿ dónde está? 
Me duele sólo el alma.
Nada grave.




LA VERDAD DE LA MENTIRA

Al lector se le llenaron de pronto los ojos de lágrimas,
y una voz cariñosa le susurró al oído:
- ¿ Por qué lloras, si todo
en ese libro es de mentira?
Y él respondió:
   - Lo sé;
pero lo que yo siento es de verdad.



A VUELTAS

Y ahora, ¿ dónde estoy?:
en el lugar del que vengo,
no en el lugar al que voy.

Pese a todo, sigo viaje.
Me detengo
para mirar el paisaje,
lo reconozco y me digo:
ya lo vi.

Pues entonces,¿por qué sigo?

Porque sí.


ARTE DE MAGIA

Sin moverme de mí, 
desaparecí.
Nada por allá,
nada por aquí.

Nada, nadie, nada.

No estoy donde estaba.
No estoy, simplemente.
Así, 
de repente
me desvanecí
sin dejar vestigio.

¿ Quién hizo el prodigio?

La muerte es la mejor prestidigitadora.


* YA CASI

Esto, 
que está muy mal,
está pasando. 
Como pasó el amor,
pasará el desconsuelo.
¿ Acabaré agradeciendo al tiempo
lo que en él siempre odié?
Que todo pase,
que todo lo convierta al fin en nada.


ÁNGEL GONZÁLEZ. NADA GRAVE

jueves, 9 de julio de 2015



Sin ti la poesía
ya no me dice nada,
y nada tengo que decirle a ella.
La única palabra
que entiendo y que pronuncio
es ésta
que con todo mi amor hoy te dedico:
nada.








LEO POEMAS

Leo poemas al azar,
leo casi sin pensar en lo que leo.
Cuando me encuentro un verso triste,
siento en el alma como una caricia. 
No es que me alivie la tristeza ajena,
es que me siento menos solo

sábado, 4 de julio de 2015

Tengo un pequeño sueño de una ventana por abrir: ¡Y qué paisaje no sería estar feliz!



EXPLICACIÓN DE LOS ÁRBOLES Y DE OTROS ANIMALES

Después de las quemas las lluvias
Hacen que las plantas afloren
Llamaradas vegetales y volcánicas
Verdes como el fuego
Rápidamente descienden sobre cráteres concisos
Y savia
Y derraman el perfume como lava

Y si quisiéramos quemar animales de gran tamaño
Ellos no regresarían. Pero la muerte
De las plantas es su infancia
Nueva. Los tallos se levantan
Llenos de crías recién nacidas

Y también los corazones de los hombres arden
Beben vino, leche y agua y no apagan
El amor




Me causa aflicción todo lo que muere
Como me da pavor cada noche que cae
¿ Cómo he podido olvidar el camino hacia fuera?

Infeliz de mí que olvidé las sendas de la caza.
¿ Comeré hierba? ¿ Sol? ¿ Comeré estepas y estepas
Ardiendo?

Voy a ponerme a la mesa y esperar.

Me causa aflicción toda ausencia no anunciada
He encendido la luz por toda la casa y he electrificado la voz
Ahora puedo ampliar el fulgor de los gritos.

Puedo abrir veredas en el  fuego: conozco el ritmo de la mano exacta
Que hizo al pueblo atravesar en seco el interior de las aguas.

Voy a sentarme a la mesa.Voy a dejar que se enfríe la comida.
A hacerme la cuenta de que estoy esperando.



Ojalá hubiese una señal que nos condujera
Y únicamente al impulso de crecer nos guiase. Tener
de los árboles
La  incomparable paciencia de buscar lo alto
La verde bondad de permanecer
Y orientar a los pájaros

EXPLICACIÓN DE LA PIEDRA
EN CUANTO LUMBRE



La piedra está posada sobre sí misma
En tiempos de indigencia no pedirás otra abundancia
Ningún otro verso o casa
Ninguna otra firmeza

La simiente brota bajo el peso de la tierra
La voz de las cigarras bajo el peso del calor
Una piedra pesa sobre la piedra
Las manos unidas no tienen fuerza así
En el tallo la hoja no tiene ese equilibrio

Y te  columpias ojos adentro
Inundando de paisajes la ceguera



1

Si enciendo la luz
No moriré sólo




EXPLICACIÓN DE LAS CASAS

La puerta vive a la espera
De perfil se ensombrece
Y descansa

El escalón es paciencia
El umbral anuncio
El silencio es el lugar
Donde llamarán las manos

Mañana termino la entrada...






domingo, 21 de junio de 2015

"En ese acantilado desde el que se divisa el cruce de la vida con la muerte, alcancé una noche a ver plenariamente el mundo"




PUERTA CONDENADA


El lento movimiento del desdén se parece al de esas
bisagras de tan inaceptable compostura; se desplazan
desde la inercia hacia su propia disfunción y en el tra-
yecto trazan  el eje circular de un insidioso límite. Cru-
je en la noche la versatilidad de las maderas, gimen
los parteluces bajo la trabazón de las ferreterías, ja-
dean las juntas como cuerpos articulados en algún
vulnerable distrito del deseo. Pero tú, el que me oyes,
olvídate de esa requisitoria que desde la sinrazón
atañe a tu ventura, olvídate de tantos quejumbrosos
sortilegios murales. No supedites nunca tu conducta
al de esa puerta mal cerrada merced al raudo alarde
de su giro, abre los ojos al tránsito veloz de lo pre-
sunto, umbral de luz movible que franquea la vida.

DESAPRENDIZAJES

Nunca has tenido tiempo de atajar ese moho que ha
acabado invadiendo las paredes, las lindes, el lento
beneplácito de aquella casa irreductible, la más veraz
y perentoria de las que te acogieron en las contra-
rias rutas de la inseguridad. Allí los años se escindían
como si fueran grietas de maderas antiguas, mientras
se acrecentaban esas carcomas insaciables que iban
precipitando los derrumbes con la misma tenacidad
que esgrimen los falsarios para activar el trance de la
defraudación. Pero aún tienes tiempo ( aunque ya no
haya tiempo) de impedir la acechante potencia de
tantos subrepticios estorbos de la libertad. La he-
rrumbre y sus inhóspitas argucias conocen bien el
largo menoscabo de los materiales de construcción, su
pericia fragmentadora en la cimentación de lo unita-
rio, Tu tarea consiste justamente en desocupar de fa-
lacias las volubles informaciones que se fueron jun-
tando en tu experiencia, desplazar esos conocimientos
a los trasuntos perdidizos del olvido, corregir desde
el fondo lo infundado. Todavía estás a tiempo de co-
menzar a reconstruir tu casa, reescribir tu historia,
desaprendiendo al fin lo consabido.

RECONOCIMIENTO

Frágiles son las alas del tiempo que has vivido. Frágiles
y difusas como esbozos trazados al borde mismo
de la desmemoria, como indistintas trazas de ceniza
que el viento arrastra y disemina por un solar desierto.
Su vuelo es una interminable progresión incertezas
que abarca desde un extremo del pasado hasta ese
otro extremo al que no llega nunca el porvenir.
Entre lo alejadizo y lo contiguo se intercalan los ecos,
los barruntos de lo que aconteció en sucesivos plazos
inmanentes y lo que en absoluto pudo nunca ocurrir.
¿ Te reconoces de algún modo en esos obstinados ex-
travíos, sabes que eres aquel que ayer mismo dudaba
de seguir siendo hoy quien lo pregunta? Se atenúan
las brumas a medida que vas atravesando los parajes
difíciles del tiempo y alcanzas finalmente a adivinar
una salida, una constancia sosegante, una inmersión
fugaz en el pretérito. Más allá del amago de sombra
que antecede al vacío, perseveran los últimos recuer.
dos, esos registros instintivos cuya certeza se compu-
ta por la reiteración de los errores. Falta la vida, asiste
lo vivido. Todo lo transitorio concierne a ese eslabón
de la memoria que restaura las cláusulas esquivas del
pasado. Lo demás acabará internándose por los mis-
mos atajos que recorre el olvido.

J.M Caballero Bonald

Desaprendizajes

" El que soy y el que fui se juntan, se interfieren a menudo y fingen ser el mismo".



domingo, 24 de mayo de 2015

Hay mucha angustia en la oscuridad del remordimiento, en el calabozo de lo irreparable.

                                                                                1


Aquí está la persona que necesito.¡Hola, persona! No me oye.
  Tal vez si existiera el futuro, concreta e individualmente, como algo que un cerebro superior pudiera discernir, el pasado no sería tan seductor: sus exigencias estarían equilibradas por las del futuro. Entonces las personas podrían sentarse a horcajadas en el centro del balancín cuando examinaran este o aquel objeto. A lo mejor sería divertido.
 Pero el futuro carece de semejante realidad ( como la poseen el pasado que nos representamos mentalmente o el presente que percibimos); el futuro no es más que una figura retórica, un espectro del pensamiento.
  ¡Hola, persona! ¿ Qué ocurre? No tires de mí. No le estoy molestando, de veras. Oh, de acuerdo.
 Hola, persona... ( por última vez, en voz muy baja).
 Cuando nosotros nos concentramos en un objeto material, sea cual fuere su situación, el acto mismo de la atención puede provocar nuestra caída involuntaria en la historia de ese objeto. Los principiantes han de aprender a deslizarse apenas sobre la materia si quieren que la materia permanezca en el nivel exacto del momento. ¡ Cosas transparentes, a través de las cuales brilla el pasado!
  Resulta especialmente difícil mantener en un enfoque superficial los objetos artificiales o naturales, inertes en sí mismos, pero muy utilizados por seres vivos despreocupados ( usted piensa, y con toda razón, en una piedra en la ladera de un cerro sobre la que se ha deslizado una multitud de animalillos en el curso de incalculables estaciones): los principiantes atraviesan la superficie, tatareando alegremente para sus adentros y pronto se recrean con infantil abandono en la historia de esta piedra, de ese brezo. Me explicaré. Una ligera película de realidad inmediata se extiende sobre la materia natural y artificial, y quienquiera que desee permanecer en el ahora, con el ahora, sobre el ahora, debe tener cuidado de no romper esa película. De lo contrario, el inexperto taumaturgo ya no se verá andando sobre las aguas, sino descendiendo verticalmente entre peces que le contemplan asombrados. Más dentro de un momento.

VLADIMIR NABOKOV. Cosas transparentes







   Me gustaría contar la historia que conté por primera vez a Michelle Porte, que había rodado una película sobre mí. En aquel momento de la historia, me encontraba en lo que se llamaba la despensa, en la "casita" con la que comunicaba la casa. Estaba sola. Esperaba a Michelle Porte en la mencionada despensa. Con frecuencia me quedo así, sola, en esos lugares tranquilos y vacíos. Mucho rato. Y fue en aquel silencio, aquel día, cuando de repente, en la pared, muy cerca de mí, vi y oí los últimos minutos de la vida de una mosca común.
  Me senté en el suelo para no asustarla. Me quede quieta.
  Estaba sola con ella en toda la extensión de la casa. Nunca hasta entonces había pensado en las moscas, excepto para maldecirlas, seguramente. Como usted. Fui educada como usted en el horror hacia esa calamidad universal, que producía la peste y el cólera.
  Me acerqué para verla morir.
  La mosca quería escapar del muro en el que corría el riesgo de quedar prisionera de la arena y del cemento que se depositaban en dicha pared debido a la humedad del jardín. Observé cómo moría una mosca semejante. Fue largo. Se debatía contra la muerte. Duró entre diez y quince minutos y luego se acabó. La vida debió acabar. Me quedé para seguir mirando. La mosca quedó contra la pared como la había visto, como pegada a ella.

 Me equivocaba: la mosca seguía viva.
  Seguí allí mirándola, con la esperanza de que volviera a esperar, a vivir.

  Mi presencia hacia más atroz esa muerte. Lo sabía y me quedé. Para ver. Ver cómo esa muerte invadiría progresivamente a la mosca. Y también para intentar ver de dónde surgía esa muerte. Del exterior, o del espesor de la pared, o del suelo. De qué noche llegaba, de la tierra o del cielo, de los bosques cercanos, o de una nada aún innombrable, quizás muy próxima, quizá de mí, que intentaba seguir los recorridos de la mosca a punto de pasar a la eternidad.

  Ya no sé el final. Seguramente la mosca, al final de sus fuerzas, cayó. Las patas se despegaron de la pared. Y cayó de la pared. No sé nada más, salvo que me fui de allí. Me dije: " Te estás volviendo loca". Y me fui de allí.

  La muerte de una mosca: es la muerte. Es la muerte en marcha hacia un determinado fin del mundo, que alarga el instante del sueño postrero. Vemos morir a un perro, vemos morir a un caballo, y decimos algo, por ejemplo pobre animal... Pero por el hecho de que muera una mosca, no decimos nada, no damos constancia, nada....

MARGUERITE DURAS. ESCRIBIR



miércoles, 13 de mayo de 2015

14.717

1.doc

  Una vez al año, en el equinoccio de primavera, hago inventario. Porque sí, solo para ver y comprobar que nunca cambia nada. En ese momento del año tan particular en que la noche y el día se reparten el tiempo a partes iguales, hago inventario con la descabellada idea, anidada en lo más recóndito de la cabeza, de que quizá, sí, quizá algún día pueda cambiar algo a priori tan inmutable como el número de azulejos que alicatan mis dominios de arriba abajo. Es tan inútil e idiota como creer en la existencia del príncipe azul, pero hay en mí una parcela de niña pequeña que se resiste a morir y que, una vez al año, quiere creer en los milagros. Me sé de memoria mis azulejos. A pesar del ataque diario de la esponja y los detergentes, muchos brillan como el primer día y han sabido conservar intacta esa vidriosidad ligeramente lechosa que recubre su terracota. A decir verdad, me interesan poco.Su elevado número ha hecho de su perfección una banalidad sin atractivo. Mi atención está más bien dirigida a los cojos, a los resquebrajados, a los amarillentos, a los mellados, a todos los que el tiempo ha estropeado y que dan al lugar, además de ese aspecto anticuado que ha acabado por gustarme, un toque de imperfección que, por extraño que pudiera parecer, me tranquiliza. " Es en las cicatrices de los gueules cassées* donde se pueden leer las guerras, Julie, no en las fotos de los generales envarados en sus uniformes almidonados y repulidos", me dijo un día mi tía mientras las dos sacábamos brillo a las baldosas a golpe de gamuza para devolverles su lustre de antaño. A veces me digo que la sensatez de mi tía merecería ser enseñada en la facultad. Mis gueules cassées particulares dan testimonio de que aquí como en todas partes no existe la inmortalidad. Entre todo este pequeño universo de baldosas deterioradas, tengo mis preferidas, como una que está encima a la izquierda del tercer grifo y cuya ausencia de brillo dibuja una estrella de cinco puntas, o como otra a la que nunca se le ha ido el brillo pero cuyo aspecto extrañamente apagado contrasta con la pureza rutilante de sus congéneres de la pared norte.

Jean- Paul Didierlaurent. El lector del tren de las 6.27

*Caras rotas, expresión utilizada para referirse a los heridos veteranos de la Primera Guerra Mundial.

miércoles, 29 de abril de 2015

DEFINICIÓN DE LA NADA



  " ¿ Y ahora?" - se preguntó Gregor y miró a su alrededor en medio de la oscuridad. Al poco tiempo hizo el descubrimiento de que no se podía mover. No se sorprendió, más bien le resultó algo antinatural que se hubiera podido mover hasta ese momento con aquellas patitas tan delgadas. Por lo demás, se sentía relativamente cómodo. Notaba, es cierto, dolores por todo el cuerpo, pero le parecía como si fueran cada vez más débiles y como si, finalmente, fueran a desaparecer. Apenas sentía ya la manzana podrida en su espalda y el entorno infectado, cubierto completamente de una tenue capa de polvo. Pensaba en su familia con amor y emoción. Su opinión de que tenía que desaparecer era quizás en él más decidida que en su hermana. Permaneció en ese estado pensativo, vacío y pacífico, hasta que el reloj de la torre dio las tres de la madrugada. Aún pudo ver el clarear del amanecer por la ventana. Luego, su cabeza se hundió involuntariamente, y de las ventanas de la nariz se escapó, débil, su último suspiro.

Franz Kafka. La metamorfosis





  Seguía haciéndome más pequeño, ¿hasta cuándo? ¿ Hasta llegar a lo infinitesimal? ¿ Qué era yo? ¿ Seguía siendo un ser humano o era el hombre del futuro?  Qué próximos están lo infinitesimal y lo infinito. De pronto comprendí que en realidad eran los dos extremos de un mismo concepto. Lo increíblemente pequeño y lo increíblemente grande se encuentran en un momento dado para cerrar un gigantesco círculo. Sentí como si pudiera abrazar el cielo, el universo...y en ese momento conocí la respuesta del enigma de la respuesta del infinito. Hasta entonces había pensado dentro de la limitada dimensión humana, que la existencia tiene un principio y un fin, es un concepto humano no divino, sentí que mi cuerpo disminuía, se disolvía, se convertía en la nada, desapareció el miedo y se convirtió en aceptación... toda la majestuosa grandeza de la creación tenía que tener un significado... y yo, sí, yo el más pequeño de los pequeños, tenía un significado. Para Dios el cero no existe, yo sigo existiendo.

El increíble hombre menguante. 1957



martes, 28 de abril de 2015

La rosa de las noches





  Todas las noches de mi vida, hasta el alba,
sin llegar nunca a nadie,
en ciudades distintas, los ojos en acecho,
son  una turbia rosa negra.
Se cumple así la sed que concedo a la carne,
esta  difusa espera, que es la fidelidad de mis cansancios,
o el encuentro de alguna luz pequeña que se abate,
tras del furor, en las cansadas sábanas.
Allí donde los cuerpos se nutren de reposo
que no es mortal aún,
 en esa hora tan dura
en que la luz es agria, es una ciega rosa blanca.


  Todas las noches de mi vida, envejeciendo,
son una infame rosa negra,
son una rosa negra y solitaria,
una encantada y desvalida rosa.
Si volviera a vivir, yo quisiera aspirarla
de nuevo sin piedad,
pues por ella existí, aunque me devorase.

  Yo miraba los astros, su hermosura
y nada aquel  espejo  reflejó
que a él se asemejase:
sólo la quemadura del vivir,
que aun sin fulgor pecado, yo sé que existe.

  Todas las noches de mi vida,
                                                 también las que  vendrán,
son una iluminada rosa negra,
un secreto esplendor que aun no es ceniza
y nadie puede ver,
y que este ciego roza
lleno de ardor, con Las manos tendidas.



DONDE EL AMOR SE ACABA

  Suavísima materia cenicienta
que, desde la sequedad,
perdura en la memoria de sí misma,
y  puede sentir  aún la luz
del sol, cayendo entre los mármoles desiertos,
ya nunca más de él,
y esta débil nostalgia de volver a la carne,
de ser de nuevo el sueño
que sufría.

   Hubo una vez un sueño
y existía el amor, mordía el desamor,
y ese sueño es la vida:
un imposible siempre.

  ¿Y  por qué este misterio que habita las cenizas?
Que nunca llegue el hálito de Dios
o del Azar,
y sople en la materia
donde el amor se acaba todavía.
Y si ha de suceder
que sea el dedo humano el que la extinga,
cesándola en la luz,
destejida en el Tiempo.


DESAPARICIÓN DE UN PERSONAJE EN EL RECUERDO

  Reposa el huerto anclado en el otoño,
y miro el valle en luz que da en el mar.
El sol, dormido y leve, se asemeja
al rostro que yo amé, pues fuera así  de hermoso
mirarlo ahora.
Van llamando los años en mi cuerpo,
y los voy alojando con incomodidad,
vanos y numerosos. Se tienden en mi cama,
manchan mi soledad, hastían mi figura en los espejos.
No vivo con quien quiero. Tú no estás.
¿En dónde te has quedado? ¿Quién contempla,
como si sólo tú fueses el tiempo,
tu luz o tu presencia?
Me esfuerzo por salvarte, y es en vano:
borraste la sonrisa, el oro decaído
del cabello, se negaron los labios,
me rechazaste el tacto, no perduran
ni línea ni calor en la memoria.
Así me han fatigado de mis huespedes extraños.

Un  día no serás, y nunca el mundo
sabrá que pudo ser siempre más bello 
con sólo retenerte .Yo soy ese testigo 
que canta, sin furor, tanta demencia.
Soy ya  quien ha vivido
la desventura de tu muerte. Eso que nadie,
ni tan  siquiera tú, sospecha que ha ocurrido.




LA DIMISIÓN DEL TESTIGO

Y cómo he madurado. Bajo esta luz ya muerta
soy el otoño. Hay una luz, que es frío,
                                                              negra, negro.
  Aguardaban mis ojos aquí que el cielo fuera brasa
y siempre aparecían los astros, puros, vivos,
en el mismo lugar (y antes que el hombre fuera
y que fuese la flor y el ave),
con la exacta hermosura de lo eterno nacido.
Nada importaba entonces pasar.
La luz  permanecía  y era eterna.
La juventud del mundo, su gozoso latido,
daba en sí testimonio de mi vida.
¿Quién podria apagar las llamas de mis ojos?
Destellaba el vivir,
y yo testimoniaba la existencia.

  Ahora miro este cielo
y veo que su luz también ha envejecido.
Los Astros no eran jóvenes. Ni eternos.
Y  no he testificado,
con mi vivir, ninguna permanencia.
  El espíritu negro me dará su cobijo,
y el Espíritu blanco, naciendo de él, conocerá la esencia de la 
  Luz,
 su Inexistencia.

Francisco Brines.

viernes, 24 de abril de 2015

Nunca naceremos






Picasso-Guernica-Picasso:1973

 No el sol, sino la súbita bombilla pálida ilumina
la artificial materia de la muerte.

El espacio infinito de una sola agonía,
las repentinas formas rotas
en mil pedazos de vida violenta
sobre la superficie lívida del gris.

No el sol, sino la pálida
bombilla eléctrica del frío
horror que hizo nacer
el gris coagulado de Guernica.

Nadie puede tender sobre tal sueño
el manto de la noche,
callar tal grito,
tal lámpara extinguir
que alumbra
la explosión de la muerte interminable,
la cámara interior donde no puede
reposar ni morir en el gris de Guernica
la memoria.

José Ángel Valente



Oh
muertos,
reivindicad lo que aún os pertenece.



viernes, 17 de abril de 2015

El elefante





El elefante

Cuando era niño, mi abuela me contó la fábula de los ciegos y el elefante.
  Estaban los tres ciegos ante el elefante. Uno de ellos le palpó el rabo y dijo:
_ Es una cuerda.
Otro ciego acarició una pata del elefante y opinó:
_ Es una columna.
  Y el tercer ciego apoyó la mano en el cuerpo del elefante y adivinó:
_ Es una pared.
  Así estamos: ciegos de nosotros, ciegos del mundo. Desde que nacemos, nos entrenan para no ver más que pedacitos. La cultura dominante, cultura del desvínculo, rompe la historia pasada como rompe la realidad presente, y prohíbe armar rompecabezas.

EDUARDO GALEANO. SER COMO ELLOS


El miedo global

 Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo.
 Los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo.
 Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida.
Los automovilistas tienen miedo de caminar y los peatones tienen miedo de ser atropellados.
La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de decir.
Los civiles tienen miedo a los militares, los militares tienen miedo a la falta de armas, las armas tienen miedo a la falta de guerras.
Es el tiempo del miedo.
Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo.
Miedo a los ladrones, miedo a la policía.
Miedo a la puerta sin cerradura, al tiempo sin relojes, al niño sin televisión, miedo a la noche sin pastillas para dormir y miedo al día sin pastillas para  despertar,
Miedo a la multitud, miedo a la soledad, miedo a lo que fue y a lo que puede ser, miedo de morir, miedo de vivir.

Puntos de vista/7

  En alguna pared de San Francisco, una mano escribió: " Si el voto cambiara algo, sería ilegal".
  En alguna pared de Río de Janeiro, otra mano escribió: " Si los hombres parieran, el aborto sería legal".
  En la selva, ¿ llaman ley de la ciudad a la costumbre de  devorar al más débil?
 Desde el punto de vista de un pueblo enfermo, ¿ qué significa la moneda sana?
  La venta de armas es una buena noticia para la economía. ¿ Es también una buena noticia para sus difuntos?

Puntos de vista/ 8

  Hasta no hace muchos años, los historiadores de la democracia ateniense no mencionaban más que de paso a los esclavos y a las mujeres. Los esclavos eran la mayoría de la población de Grecia, y las mujeres eran la mitad. ¿ Cómo sería la democracia ateniense vista desde el punto de vista de los esclavos y de las mujeres?.

 La declaración de Independencia de los Estados Unidos proclamó, en 1776, que " todos los hombres nacen iguales". ¿ Qué significaba eso desde el punto de vista de los esclavos que siguieron siendo esclavos después de la declaración? Y las mujeres, que siguieron sin tener ningún derecho, ¿ nacían iguales a quién?

  Desde el punto de vista de los Estados Unidos, es justo que los nombres de los norteamericanos caídos en Vietnam estén grabados sobre un muro de mármol, en Washington. Desde el punto de los vietnamitas que la invasión norteamericana mató, allí faltan sesenta muros.

EDUARDO GALEANO. PATAS ARRIBA. LA ESCUELA AL REVÉS.

lunes, 13 de abril de 2015

LOS ACTOS



EL DESTINO NO ES UN LUGAR

El camino fue largo, y hubo niebla.
Pero existió el espacio. Mas ahora
se ha adensado esa niebla hasta tal punto
que el espacio es el muro que ya rozo.
En él me detendré, y cuando vuelva
los ojos tras de mí la misma niebla
me hará tentar de nuevo el mismo muro,
y si al cielo dirijo la mirada
para salvarme allí la negra niebla
me cegará los ojos, y así será
eso que habéis llamado el sueño eterno.


REVERSO DE LA MEJILLA RUBOROSA

  Y cuándo tú vendrás, y tendré yo la vida
que alguna vez creí que fuera mía,
y ahora sé bien que sólo en el vacío
que he llegado yo a ver, el punto de llegada
será en ti recibir, gran hueco misterioso,
la vida sin final, borrada la mejilla ruborosa,
la vida sin principio ni final.



MI HACEDOR

  Al fin le vi. Airado,
grité mi desconsuelo:

  Un Dios, tan indolente,
que deja su destino
en manos del Azar.


REFLEXIÓN SOBRE UN INCIDENTE

Ha llegado tu voz sin esperarla,
y aunque viene de Munich
ha cruzado un desierto interminable,
sin apenas fatiga,
y con el mismo acento de hace treinta años,
ahora que no hay rescoldos
y la ceniza es mucha, pero fría.
Hemos estando hablando, como si ayer,
en la ciudad que habito como un hueco fantasma,
nos hubiésemos visto y saludado.

  Percibo que la vida es más ajena
de lo que nunca pude sospechar.
Y este tedio de asomarse al espejo 
para ver que, el que miro,
debe de ser aquel que te amó tanto
y que, al igual que a ti,
lo siento muy extraño.
¿ Y quién es el que soy?
Ni siquiera habrá un día, en el futuro,
que alguien llegue a sentir, ni yo,
que aquel que fue, y estoy hablando del que hoy es,
es también un extraño.

  El poema, si uno tiene la fuerza de acabarlo,
da siempre la respuesta.

Francisco Brines. Poesía completa.



lunes, 6 de abril de 2015

- ¿Cuál es la unidad de cambio en ese mundo tuyo tan diferente? ...


...
Port no vaciló.
- La lágrima.



- Cuando era joven...
- ¿ Cuán joven?
- Me refiero a antes de cumplir los veinte, pensaba que la vida era algo que no dejaba de cobrar ímpetu. Cada año sería más rica y más profunda. Seguiría aprendiendo, haciéndome más sabia, más perceptiva, me acercaría más a la verdad... -vaciló.
 De pronto Port se echó a reír. 
- Y ahora sabes que no es así, ¿ verdad? Es más como fumar un cigarrillo. Las primeras caladas saben de maravilla y ni se te ocurre que vaya a consumirse. Después empiezas a olvidarlo. De repente te das cuenta de que casi ha ardido hasta el final. Y entonces es cuando te percatas de su sabor amargo.
- Pero yo siempre soy consciente del sabor desagradable y de que se acerca el final- dijo Kit.
- Entonces deberías dejar de fumar.
- ¡ Qué malvado eres! - Exclamó Kit.
- ¡ No soy malvado! objetó Port, casi volcando el vaso al apoyarse en el codo para beber-. Tiene su lógica, ¿ o no? O supongo que vivir es un hábito como fumar. Estás siempre diciendo que lo dejarás, pero sigues fumando.








- La muerte siempre está en camino, pero el hecho de que no sepamos cuándo llegará parece restarle  finitud a la vida. Lo que odiamos tanto es esa terrible precisión. pero como no sabemos, nos toca creer que la vida es un pozo sin fondo. Sin embargo, las cosas ocurren sólo un determinado número de veces, en realidad, muy pocas. ¿ Cuántas veces recordarás cierta tarde de tu infancia, una tarde que forma una parte tan entrañable de tu ser que ni siquiera puedes imaginar la vida sin ella? Quizás cuatro o cinco veces más. Quizás ni eso. ¿ Cuántas veces más verás salir la luna llena? Quizás veinte,. Y sin embargo todo parece ilimitado.
  En aquel momento no había prestado atención porque la idea le deprimía; ahora, de haberlo recordado, hubiera parecido superfluo. Era incapaz de pensar en la muerte, y puesto que la muerte yacía allí a su lado, no pensaba en nada.

PAUL BOWLES. EL CIELO PROTECTOR


TRES

EL CIELO

" A partir de cierto punto no hay retorno posible. Ése es punto al que hay que llegar".

                                                                            FRANZ KAFKA


sábado, 4 de abril de 2015

Todo lo que soñé dura un minuto y es un minuto todo lo vivido.

" Bellas estrellas de la Osa, ¿ sabía yo acaso
que un día volvería a veros
titilando encima del jardín de mi padre,
y que os volvería a hablar de las ventanas
de la morada en la que de niño estuve,
cuando ya contemplaba el final de mis dichas?"

GIACOMO LEOPARDI, LOS RECUERDOS,1831


" Si la especie humana no puede leer 
en la naturaleza, o leer la existencia,
entonces ¿ qué entenderá o aceptará?
En otras palabras, ¿ de qué sirve que las
criaturas humanas inventen una narración 
que explique la existencia cuando
las realidades de la naturaleza son, en
sí mismas, una lectura lineal de cómo
es? Por consiguiente, entendamos la
naturaleza leyendo la naturaleza. Lo
que hay que adquirir es la capacidad 
de reconocer signos. Esta es la ciencia
más alta".

                               Dicho sufí


ANALFABETO

Alcé la cara al cielo,
inmensa piedra de gastadas piedras:
nada me revelaron las estrellas.




HERMANDAD

Homenaje a Claudio Ptolomeo

Soy hombre : duro poco
y es enorme la noche.
Pero miro hacia arriba:
las estrellas escriben.
Sin entender comprendo:
también soy escritura
y en este mismo instante
alguien me deletrea.

Octavio Paz. El fuego de cada día.

martes, 31 de marzo de 2015

Es nada la palabra que se dijo/ ( no importa que se escriba para/ querer salvarla), es nada y lo fue todo:/ la música del mundo y su apariencia.





LO QUE DEJA EL OLVIDO

Si el necesario olvido,
como el contagio de una llama,
tanto más cruento cuanto más tangible,
anuda sus tercos tentáculos
en la benevolente orilla de tu alma,
no lo dejes huir, acógelo
entre los muros que te cercan,
búscale un sitio dentro de tu sueño,
jamás le opongas resistencia alguna
ni esquives su agresión con tu memoria.

Mas si el olvido aquel, como el aliento
del salitre en las rocas, interminablemente
vuelve a surgir al par que se escapa
y entre las grietas de los años deja
el sedimento puro de cuanto fue preciso
vivir, de aquello que quizá
constituya la base y el reducto
de la esperanza humana y es la vida
( precisamente ella)
quien está convirtiéndolo en historia,
alza entonces contra el posible olvido
todo el poder que te concede
tu propia libertad, quebrántale
sus torrenciales cláusulas al tiempo,
que en la enterrada cifra
de todo lo vivido, su propio dardo oscuro
será tu más gustosa recompensa.


TODO LO QUE HE VIVIDO


Todo lo que he vivido, todo
lo que he salvado vigilantemente
del feroz exterminio de los días,
todo cuanto fui, hoy os lo ofrezco,
ojos que seguiréis el rastro de estas letras,
pechos que olvidaréis mi condición de crédulo,
mi modo de vivir, todo os lo doy ahora
lo mismo que os daría mi palabra final
en su declinación de certidumbre única.

Es mi memoria lo que os pongo
en las manos, cuanto conozco mío:
la integridad perpleja de mi vida, también
la vida de los otros hecha a mi semejanza,
apenas la profética ceniza
de un tiempo ardiendo entre furiosos raptos,
bajo la servidumbre de intolerables leyes.

Cada día y su huella, cada amor que me hizo,
fulgen aquí, combaten, me atestiguan,
restañan todavía sus agrietados bordes,
erigen su verdad de igual manera
que un hombre sólo funda cuanto ama.

Desde mi propia duda, desde
la libertad de estar viviendo, desde el fondo
de quien aprende cada día
a renunciar al tiempo,
traigo mi voz y su holocausto,
la diaria historia de mis conjeturas,
para que no esté sola mi palabra,
para poder vivir quizá
desde el merecimiento en que la creo.

CUANDO ESTAS PALABRAS ESCRIBO

Cuando estas palabras escribo
sabiendo de antemano que jamás premio alguno
ni precaria mentira podrán mover mi boca,
sabiendo que estas páginas ondulan
como respiraciones de un dios inexorable
que va dando rigor y poderío a mi conciencia,
sabiendo, en fin, que cuantas verdades diga
han de ser sin remedio y vanamente,
entonces, el fundamento de mi propio vivir,
esa tierra de nadie en que me arraigo,
se junta a cuanto existe, lucha contra el asedio
del tiempo suspensivo y yace allí forjando
su mísera lección, creciendo
entre preguntas, irguiéndose entre ruinas,
hasta hacerse cenizas de mis propias palabras.

Parte a parte, letra a letra,
lágrima a lágrima, escribo aquí la historia
de la razón de amor con quien convivo,
del impasible tiempo al que me vuelvo,
y sé que de algún modo esta mano agobiada
ha de hacerse perenne, no por ser parte mía
sino por la conducta de su inviolable libertad,
por los sueños que traza, por la soberanía
de los poderes que establece
entre los vaticinios de la alerta memoria.

Y estas palabras que reúno
al calor de un papel insuficiente,
entre la insurrección de mis horarios actos,
son solamente mías y nadie podrá darles
otra vez su sentido, porque ellas
me hicieron de tal forma con su frágil verdad
que ya manifestaron para siempre
lo que Dios y mi hombría sólo saben.




Mío es el tiempo - dije- , podré saber quién soy.


J.M. Caballero Bonald. Somos el tiempo que nos queda. Obra poética completa 1952- 2005

jueves, 26 de marzo de 2015

¿ Dónde huir?


VII

Existo, bien lo sé,
Porque le transparenta
El mundo a mis sentidos
Su amorosa presencia.

Mas no quiero estos muros,
Aire infiel a sí mismo,
Ni esas ramas que cantan
En el aire dormido.

Quiero como horizonte
Para mi muda gloria
Tus brazos, que ciñendo
Mi vida la deshojan.

Vivo un solo deseo,
Un afán claro, unánime;
Afán de amor y olvido.
Yo no sé si alguien cae.

Soy memoria de hombre;
Luego, nada. Divinas,
La sombra y la luz siguen
Con la tierra que gira.



XXI

Va la sombra invasora
Despojando el espacio
Y la luz fugitiva
Huye a un mundo lejano.

Surge viva la lámpara
En la noche desierta,
Defendiendo el recinto
Con sus fuerzas ligeras.

Sólo el azul relámpago,
Que vierte la ventana
Hacia fuera, en el tiempo
Misterioso resbala.

Cuán vanamente atónita
Resucita de nuevo
La soledad. ¿ Soñar?
Soñaremos que sueño.

Es la paz necesaria.
No se sabe; se olvida.
Otra noche acunando
Esta dicha vacía.

.................

¿ Qué queda de las alegrías y penas del amor cuando éste desaparece? Nada, o peor que nada; queda el recuerdo de un olvido.

LUIS CERNUDA. POESÍA COMPLETA





viernes, 20 de marzo de 2015

Lo que deja el olvido




 

DOCUMENTAL

Un decorado basta
para manchar la vida. Puede
ser que las cosas no sucedan
así, que las veamos ajenas a su propio
poder de persuasión desde el precario
ardid que como espectadores
nos exigen y que no sea
más que un espejo deformante
quien realza hasta el asco la copia
de la fe. Pero aquello que el ojo testifica
frente a la representación
del genocidio, las inmundas
referencias graduales
de los hechos, la lóbrega escombrera
de algo terrible que ocurrió
una vez, van socavando
la personal capacidad
de crédito, la atroz
reconstrucción de lo inhumano,
y nunca ya dejamos de ser parte
de aquella repulsiva iniquidad
que resquebraja el fondo
de la historia.
                       Así, sin más
comprobación que la que suministran
los cómplices valores, la insufrible
frontera del dolor, en la butaca
del cine, frente al libro
implacable, mientras las nóminas
que los torturadores, los decretos
del exterminio de una raza, trazan
sus mandamientos y hacen turno
para activar la ejecutoria
del espanto, entonces,
la crédula conciencia del testigo
araña la madera y el papel,
se encarniza en el pecho como un ácido
y salta ya del otro lado
de las infectas leyes, rompe
la luz, la letra, escupe
en la cara del mundo, entra a saco
en la vida, maldice la virtud.

Cayeron las sangrientas imágenes encima
del estertor de la pantalla,
gangrenando hasta el último muñón
de la verdad, hurgando con sus garfios
en lo más irredento de mi propia
vergüenza de vivir. El espeluzno
de la abyección sin nombre: trozos
de piel humana con tatuajes
decorando cuarteles, fetos
amontonados como latas vacías, rostros
informes fermentando en medio
de gases nauseabundos. Auschwitz,
Treblinka, Brunswick, Bergen-Belsen,
muros de Dite, ciénagas de Estigia,
la toponimia del terror: huesos abriendo
fosas, mutilados despojos, ojos
de niños, ojos de niños
ya sin muerte siquiera, grumos
de ojos con el vidrio en vilo,
inhibidos, horribles, espasmódicos,
sin órbitas de humano, desorbitadamente
abiertos, ya reos de estar vivos,
apiñados en zanjas, en boquetes,
asomados a cuencas
sin pupilas. Y en el seco cristal
de cada ojo, el gueto,
el horrendo almacén de tantos 
ojos, de tres generaciones de ojos,
de dieciséis millones
de ojos.
            ¿ A quién le pediremos
cuentas, qué tribunal podría
purgar la podredumbre de la historia?
¿ Para qué tantos símbolos
de fraudulentas crónicas de fe?
Nadie tan inhumano que represe
su pensamiento y juzgue
distribuyendo la justicia en códigos
frente a tantas fatídicas culturas,
repugnantes banderas.
                                    Inmortales
los crímenes, ¿ clamamos todavía
a los falaces dioses
para que miserablemente
restituyan al tiempo su ignominia,
diriman el horror? ¿ Somos los mismos
que en la asamblea de los fratricidas
erigieron los yugos de la paz
e inicuamente promulgaron
la capitulación de la venganza?
¿ Merezco yo gritar mientras escribo
sin saber hacia quién, cómplice
de mi propio atestado, y se le llena
de impune virulencia la razón?


J.M. Caballero Bonald.  Somos el tiempo que nos queda



sábado, 14 de marzo de 2015

El mal. Gran enigma es el Mal. Sobre este punto Dios guarda silencio / Y deja que hable el mundo en todo momento. José Emilio Pacheco

                       




                       ORACIÓN

A VOSOTROS
que cortáis la manzana de la muerte
con el anonimato de una guerra,
os pido caridad.

Por un Dios
en el que jamás he creído.
Por una Justicia
de la que desconfío.
por el orden de un Mundo
 que no respeto.

Para que renunciéis a vuestra guerra,
yo renuncio a mis dudas,
que son parte de mí
como la luz amarga 
es parte del otoño.

Y escribo Dios, Justicia, Mundo,
y os pido caridad,
y os los suplico.


                 SONETO DE MADRID. SONETO HERIDO
                                       11 de marzo 2004

LA LLUVIA en el cristal de la ventana,
el aire de la plaza compartida,
el pañuelo de sombras de la vida,
la noche de Madrid y su mañana,

el amor, la ilusión del porvenir,
el dolor, la verdad de lo perdido,
la constancia de un sueño decidido,
la humana libertad de decidir,

la prisa, la política, el mercado,
las noticias, la voz, el indiscreto
esfuerzo por saber lo silenciado,

la verdad, las mentiras y el secreto,
todo lo que la muerte os ha quitado,
quisiera devolverlo en un soneto.


                       SON DE PAZ

VIGÍLATE a ti mismo
cuando hables de paz.

Que no lleguen los himnos victoriosos
donde el amor no llega.
Que no te hagan injusto tus verdades
igual que tus mentiras.
Que el miedo no te obligue a ser valiente.
Va contigo la sombra que te ve
cuando cierras los ojos
y miras a otra parte.
Va en silencio contigo tu silencio.
No olvides que el cinismo
flota como un ahogado,
que las guerras crueles
necesitan de ti.

POESÍA 1980/ 2005 LUIS GARCÍA MONTERO

sábado, 7 de marzo de 2015

Sólo es soledad la vida, y esta insistencia en el sueño de la quietud. No hay presente sin ti, medida del tiempo. LUIS ROSALES





EL TIEMPO ES SÓLO UN DÍA

¿ NO ERAS MI GOZO TÚ?: YA ESTÁ VENCIDA
mi soledad de incienso en el acanto,
la soledad donde te sueño tanto
que comienza el mirar a hacerse herida.

¿ NO era eterno el amor?: ya está perdida
la guirnalda de nieve del encanto;
silencio tiene el mar y vuelve al llanto,
silencio el corazón y no te olvida.

¿ Vivir no era mirar?: fue una cadena
de miel hacia otro labio, una dulzura
de sol hacia otra tarde, una ternura.

de principiante luz hacia otra arena.
soledad de varón henchida y plena,
¿ no es más alta tu voz, no es más oscura?


LO QUE TÚ LLAMAS QUIÉREME

BUSCA UN SITIO EN MI PIEL QUE NO HAYA SIDO
escrito por tu mano y que no tenga
algún temblor, alguna
luz de tu carne en su memoria ciega.
Busca un sitio en mis ojos
que no haya sido espejo y que no sienta
cristalizar esa sonrisa tuya
que llevas sobre el labio alegre y huérfana.
Lo que tú llamas "nunca",
ya está aprendiendo a andar sobre la tierra;
y lo que llamas " quiéreme" no es sangre
pero riega mi cuerpo como ella.
Sí, todo es tuyo,
                           y sin embargo siento
algo que está más cerca
de mí que estoy yo mismo, algo que vive
sólo para acabar, algo que cesa
contigo, amor, y que me hará imposible
la vida misma que me das entera.


LO QUE NO SE RECUERDA

PARA VOLVER A SER DICHOSO ERA
solamente preciso el estipendio
de recordar.
                   Buscábamos
dentro del corazón nuestros recuerdos.
Quizás no tiene historia la alegría.
Mirándonos adentro
callábamos los dos.
                               Tus ojos eran
como un rebaño quieto
que agrupa su temblor bajo la sombra
del álamo.
                   El silencio
pudo más que el esfuerzo.
                                            Anochecía
para siempre en el cielo.
No pudimos volver a recordarlo.
La brisa era en el mar un niño ciego.




CANCIÓN PARA ESCRIBIRLA EN EL SOBRE
DE LAS CARTAS DE DESPEDIDA

No todo está en terminar
porque hay cosas que terminan
para volver a empezar,

y hay sueños que no se acaban
porque no tuvieron vida
donde quemarse las alas.

LUIS ROSALES. Poesía reunida 

martes, 24 de febrero de 2015

"El signo habla de lo que no existe/sin intérprete ni piedad moral. Otros sentidos lo interrogan... La pasión pregunta a cada boca y en sus residuos caen las gotas del fracaso..." Gelman




" El poema que te quiero escribir, amoramor, no tiene palabra todavía. Viaja en sus negaciones y desastres como el ayer en hoy y su argumento es una llama. Nadie puede apagarla y guarda su secreto cuando tu rostro es plena maravilla. Abre todas las puertas del sujeto, sacrificios del cuándo, los círculos de dos sin redactor original.


¿Y

si la poesía fuera un olvido del perro que te mordió la sangre/una delicia falsa/ una fuga en mí mayor/un invento de lo que nunca se podrá decir?¿ Y si fuera la negación de la calle/la bosta de un caballo/el suicidio de los ojos agudos? ¿ Y si fuera lo que es en cualquier parte y nunca avisa? ¿ Y si fuera?


Juan Gelman





ADIÓS, palabra , adiós.
Cierro los labios y los ojos, cierro
esta última página
y te dejo en la noche del libro,
pues me voy a escuchar
la luz en el silencio.

  Palabra: me tenías
enredado en tu trama
de preguntas y sombras,
en ti sangraba y me dolía en ti.
Casi todas las cosas, desde hoy,
serán más bellas sin esta cadena
de la palabra que define y ata,
y que, a veces, hasta se lleva el aire
que respirar no puedo.

  Ya pasa desbordado el río de este libro.
Adiós, palabra, el cuerpo
pesará mucho menos
cuando cierre los ojos
y no escriba, y no lea, y no vea.

Cuando cierre los labios
y ya no te pronuncie,
sentiré cómo me habla
ese tiempo que abisma en sueño puro.

  Adiós, palabra, voy
a sentir en el rostro una luz
que, no oyendo ni hablando,
me escucha y me pronuncia. 

TIEMPO Y ABISMO. Antonio Colinas




                                                                *

  Leer en absoluto silencio. Es como si, por unos momentos, ese silencio se transformase en mensaje de lo que leemos, en lenguaje que los oídos devoran. Luego, acabamos abandonando el libro. Sucede que el silencio se ha impuesto a la lectura, el vacío fértil a todo tipo de mensaje, por más absorbente que éste sea. Oyendo el silencio acabamos leyendo el silencio.

Tratado de armonía. Antonio Colinas.