lunes, 23 de marzo de 2020

la memoria







  Esta hora de la tarde, que para los creyentes es la hora del examen de conciencia, es dura para el prisionero o el exiliado que no tiene que examinar más que el vacío. Quedaban un momento suspendidos de ella, después volvían a la atonía y se encerraban en la peste.
  Ya quedaba explicado que todo consistía en renunciar a lo que había en ellos de más personal. Mientras que en los primeros tiempos de la peste eran heridos por una multitud de pequeñeces que contaban mucho para ellos y nada para los otros, y hacían así la experiencia de la vida personal, ahora, por el contrario, no se interesaban sino en lo que interesaba a los otros, no tenían más que ideas generales y su amor mismo había tomado para ellos la fisonomía más abstracta. A tal punto estaban abandonados a la peste que a veces les sucedía no esperar sino en su sueño y se sorprendían pensando: ¡ Los bubones y acabar de una vez!. pero, en verdad, ya estaban dormidos; todo aquel tiempo fue como un largo sueño. La ciudad estaba llena de dormidos despiertos que no escapaban realmente a su suerte sino esas pocas veces en que, por la noche, su herida, en apariencia cerrada se habría bruscamente. Y despertados por ella con un sobresalto, tanteaban con una especie de distracción sus labios irritados, volviendo a encontrar en un relámpago su sufrimiento, súbitamente rejuvenecido, y, con él, el rostro acongojado de su amor. Por la mañana volvían a la plaga, esto es, a la  rutina.
  Pero, se dirá, esos separados, ¿ que aspecto tenían? Pues bien, no tenían ningún aspecto particular. O si se quiere, tenían el mismo aspecto de los demás, un aspecto enteramente general. Compartían la placidez y las agitaciones pueriles de la ciudad. Perdían la apariencia del sentido crítico adquiriendo la apariencia de la sangre fría. Se podía ver, por ejemplo, a los más inteligentes haciendo como que buscaban, al igual que todo el mundo, en los periódicos o en las emisiones de radio, razones para creer en un rápido fin de la peste, para concebir esperanzas quiméricas o experimentar temores sin fundamento ante la lectura de ciertas consideraciones que cualquier periodista había escrito al azar, bostezando de aburrimiento... La peste había suprimido las tablas de valores. Y esto se veía, sobre todo, en que nadie se preocupaba de la calidad de los trajes ni de los alimentos. Todo se aceptaba en bloque.
 Podemos decir, para terminar, que los separados ya no tenían aquel curioso privilegio que al principio  los preservaba. Habían perdido el egoísmo del amor y el beneficio que conforta. Ahora, al menos, la situación estaba clara: la plaga alcanzaba a todo el mundo... Nuestro amor estaba siempre ahí, sin duda, pero sencillamente no era utilizable, era pesado de llevar, inerte en el fondo de nosotros mismos, estéril como el crimen o la condenación. No era más que una paciencia sin porvenir y una esperanza obstinada. Y desde este punto de vista, la actitud de algunos de nuestros conciudadanos era  como esas largas colas en los cuatro extremos de la ciudad, a la puerta de los almacenes de los productos alimenticios. Era la misma resignación y la misma longanimidad a la vez ilimitada y sin ilusiones.



- ¿ Cree usted en Dios, doctor?
También esta pregunta estaba formulada con naturalidad. Pero Rieux titubeó.
- No, pero eso ¿ qué importa? Yo vivo en la noche y hago por ver claro.




¿ No es cierto, puesto que el orden del mundo está regido por la muerte, que acaso es mejor para Dios que no crea uno en Él y que luche con todas sus fuerzas contra la muerte, sin levantar los ojos al cielo donde Él está callado?
-Sí - asintió Tarrou-, puedo comprenderlo. Pero las victorias de usted serán siempre provisionales, eso es todo.
Rieux pareció ponerse sombrío.
- Siempre, ya lo sé. Pero eso no es una razón para dejar de luchar.
- No, no es una razón. Pero me imagino, entonces, lo que debe de ser una peste para usted.
- Sí- dijo Rieux-, una interminable derrota.
Tarrou se quedó mirando un rato al doctor, después se levantó y fue pesadamente hacia la puerta.
Rieux le siguió. Cuando ya estaba junto a él, Tarrou, que iba como mirándose los pies, le dijo:
- ¿ Quién le ha enseñado  a usted todo eso, doctor?
La respuesta vino inmediatamente.
- La miseria.


LA PESTE.  ALBERT  CAMUS

domingo, 22 de marzo de 2020

Otro tiempo vendrá distinto a éste



Y alguien dirá:
< hablaste mas. Debiste haber contado
otras historias:
violines estirándose indolentes
en una noche densa de perfumes,
bellas palabras calificativas
para expresar amor ilimitado,
amor al fin sobre las cosas
todas>.

Pero hoy,
cuando es la luz del alba
como la espuma sucia
de un día anticipadamente inútil,
estoy aquí,
insomne, fatigado, velando
mis armas derrotadas,
y canto
todo lo que perdí: por lo que muero.


YO MISMO

Yo mismo
me encontré frente a mí en una encrucijada.
Vi en mi rostro
una obstinada expresión, y dureza en los ojos, como
un hombre decidido a cualquier cosa.

el camino era estrecho, y me dije.
< Apártate, déjame
paso,
pues tengo que llegar hasta tal sitio>.

Pero yo no era fuerte y mi enemigo
me cayó encima con todo el peso de mi carne,
y quedé derrotado en la cuneta.

Sucedió de tal modo, y nunca pude
llegar a aquel lugar, y desde entonces
mi cuerpo marcha solo, equivocándose,
torciendo los designios que yo trazo.


EL RECUERDO

Si fuese débil, si
me abandonase a tu canto un solo instante,
no podría
desasirme ya nunca de tus redes
y me debatiría,
inmóvil en tu centro,
los siglos o las horas que aún me quedan.

Te oigo a lo lejos,
hablas
de cosas que también están lejanas,
pero no escucho,
cierro mis oídos,
y miro el mar, el cielo, las gaviotas,
con toda la atención puesta en su vuelo, 
con toda el alma sobre su aventura.

No tienes fuerzas para retenerme,
pero
cada vez que te oigo a pesar mío,
vacilo
y siento
el deseo de acostarme
 sobre la arena blanca  de la playa
y llorar escuchando tus historias
que empiezan de mil modos diferentes
para llegar al mismo
final
siempre:

< el hombre, solo, frente al mar, por último...>


FINALMENTE

Al final de la vida,
no sin melancolía,
                             comprobamos
que, al margen ya de todo,
vale la pena.

Poco de lo restante prevalece.


Ángel González. Palabra sobre palabra

viernes, 20 de marzo de 2020

Un cuadro que no resulta chocante no merece la pena


   Nunca he sido capaz de obligarme a mí mismo a aceptar las fórmulas establecidas, a copiar o a ceder a una influencia hasta el punto de hacer algo que recordase lo que había visto la víspera en un escaparate.
  El cubismo me interesó unos meses sólo; a finales de 1912 ya estaba pensando en otra cosa. Así que era más una forma de experimentar que un convencimiento. De 1902 a 1910 anduve nadando entre varias aguas. Me pasé ocho años haciendo ejercicios de natación.


                                        " ¿ Cuál es el origen de ese cuadro?"


             El origen es el propio desnudo. Pintar un desnudo que no fuera un desnudo clásico, echado o de pie, y ponerlo en movimiento. Había en ello algo gracioso que, por cierto, no resultó nada gracioso cuando lo hice. el movimiento apareció como un argumento que me decidió a llevarlo a cabo. En el desnudo bajando las escaleras quise crear una imagen estática del movimiento: el movimiento es una abstracción, una deducción articulada dentro del cuadro sin que haya por qué saber si un personaje real baja o no baja unas escaleras también reales. En realidad, la que incorpora el movimiento al cuadro es la mirada del espectador.
  Iba a romper para siempre las cadenas de esclavitud del naturalismo.
¿ Se acuerda de que el Desnudo bajando las escaleras lo rechazaron en el Salón de los Independientes de 1912?.

CABANNE: Antes de entrar en detalles, podríamos hablar del acontecimiento decisivo de su vida, es decir, del hecho de que tras pintar durante unos veinticinco años dejó usted la pintura de golpe.
DUCHAMP: Fue consecuencia de varias cosas. Lo primero, del roce cotidiano con otros artistas; el  hecho de vivir entre artistas, de hablar con artistas me resultó muy desagradable. Hubo un incidente, en 1912, que me desquició, por decirlo de alguna manera, y ocurrió cuando llevé a la exposición de los Independientes el Desnudo bajando las escaleras y me pidieron, antes de la inauguración, que lo retirase. En el grupo de personas más avanzadas de la época algunas sentían unos escrúpulos extraordinarios, estaban como atemorizadas. A personas como Gleizes, que era sin embargo inteligentísimo, les pareció que aquel desnudo no encajaba del todo en la línea que tenían ya trazada. Hacía dos o tres años que existía el cubismo y tenían una línea de conducta clarísima, recta, que preveía todo lo que debía ocurrir. Me pareció de una ingenuidad insensata. En aquel momento aquello fue un cubo de agua fría tal que reaccioné contra esa forma de comportamiento de esos artistas, de quienes yo pensaba que eran libres, y me pasé a una profesión. me hice bibliotecario en la biblioteca de Sainte- Geneviéve.


                                                  

                                                   " La idea del azar"


            La idea del azar, que estaba muy presente por aquella época en la mente de muchas personas, me llamó también a mí la atención. Lo que se pretendía, sobre todo, era que se olvidase la mano ya que , en el fondo, incluso la propia mano es azar.
  El puro azar, me interesaba como medio de ir en contra de la realidad lógica; poner algo en un lienzo, en un trozo de papel, asociar la idea de un hilo recto y horizontal de un metro de longitud en un plano horizontal a la de su propia deformación, a su aire. Me hizo gracia. Eso de que me hiciera gracia fue siempre lo que me decidía a hacer las cosas, y a repetirlas tres veces...          

                                          " ¿ Cuál fue la génesis mental del Gran vidrio?"


No lo sé. Con frecuencia, se trata de cosas técnicas. El cristal me interesaba mucho para usarlo de soporte, porque es transparente. Eso ya era una gran cosa. Luego está el color que, cuando se pone en un cristal, puede verse desde el otro lado y no hay ya oportunidad de que se oxide al encerrarlo. el color conserva una visualidad pura tanto tiempo cuanto sea posible. Todo eso eran cuestiones técnicas que tenían su importancia. Además, la perspectiva era muy importante. Gran vidrio es una rehabilitación de la perspectiva que se había quedado totalmente al margen y con mala fama .Era una perspectiva matemática basada en cálculos y dimensiones. No era ya la perspectiva realista. Todo se volvía conceptual.

CABANNE: ¿ Qué es para usted el gusto?
DUCHAMP: Un hábito. La repetición de una cosa ya aceptada. Si se vuelve a las andadas varias veces, se convierte en gusto. Bueno o malo, da igual, siempre es gusto.
CABANNE: ¿ Cómo se la arregló para librarse del gusto?
DUCHAMP: Con el dibujo mecánico, que no tolera gusto alguno ya que se halla fuera de toda convención pictórica.

CABANNE: ¿ Nunca volvió a sentir deseos de volver a pintar?
DUCHAMP: No, porque cuando voy a un museo no siento esa especie de estupefacción, de asombro o de curiosidad ante un cuadro. Nunca. Me refiero a los antiguos, a las cosas antiguas... He sido realmente alguien que colgó los hábitos, en el sentido religioso de la palabra. pero no lo hice aposta. Es que me  asqueé.

¿No volvió a tocar ni un pincel ni un lápiz?

 No, no tiene interés alguno para mí. Es una carencia de atracción, una carencia de interés.
  Creo que la pintura se muere, ¿ sabe? El cuadro se muere al cabo de cuarenta o cincuenta años porque se le va la lozanía. También la escultura se muere. Es una manía mía que nadie acepta, pero me da igual. Creo que un cuadro al cabo de unos años se muere como el hombre que lo hizo; luego, se llama historia del arte. Hay una diferencia  tremenda entre un Monet de ahora, que es de lo más negro, y un Monet de hace entre sesenta y ochenta años, que resplandecía cuando lo pintaron. Ahora ha entrado ya en la historia, es algo aceptado, y además eso está muy bien, no le cambia nada a nada. Los hombres son mortales, los cuadros también. La historia del arte es lo que queda de una época en un museo, pero eso no quiere decir que sea  forzosamente lo mejor de aquella época y, en el fondo, es probablemente incluso, la expresión de la mediocridad de esa época, porque las cosas hermosas desaparecieron, el público no quiso conservarlas. pero todo esto es filosofía.

  En la producción de todo genio, gran pintor o gran artista no hay en realidad más que cuatro o cinco cosas que cuenten en serio en su vida. El resto es sólo relleno cotidiano.

Su mejor obra ha sido cómo usó usted el tiempo.

Es cierto. Me parece que es cierto, vamos.

PIERRE CABANNE CONVERSACIONES CON MARCEL DUCHAMP

jueves, 19 de marzo de 2020



No hay pesar
que el tiempo no cure,
pérdida ni traición
irremediable.
Bálsamo para el alma,
aun si la tumba
cercena
al amante del amado
y cuanto comparten.
Mira, brilla el sol,
pasado el aguacero;
las flores lucen su belleza,
¡ qué hermoso día!
Que el amor y el deber
no te inquieten.
Los amigos largo tiempo olvidados
quizá te esperen allí donde
vida y muerte
todo igualan.
Nadie largo tiempo te llorará,
por ti rezará, te extrañará.
Tu lugar ha quedado libre,
tú ya no estás.


        Walter de la Mare

En la vida tienes unos cuantos sitios, o quizá uno solo, donde ocurrió algo, y después están todos los demás sitios.

         Alice Munro

miércoles, 18 de marzo de 2020

En estos tiempos


  " Todos estamos condenados al polvo y al olvido, y las personas a quienes yo he evocado en este libro o ya están muertas o están a punto de morir o como mucho morirán- quiero decir, moriremos- al cabo de unos años que no pueden contarse en siglos sino en decenios. < Ayer se fue, mañana no ha llegado, / hoy se está yendo sin parar un punto, / son un fue, y un será, y un es cansado...>, decía Quevedo al referirse a la fugacidad de nuestra existencia, encaminada siempre ineluctablemente hacia ese momento en que dejaremos de ser.  Sobrevivimos por unos frágiles años, todavía, después de muertos, en la memoria de otros, pero también esa memoria personal, con cada instante que pasa, está siempre más cerca de desaparecer. Los libros son un simulacro de recuerdo, una prótesis para recordar, un intento desesperado por hacer un poco más perdurable lo que es irremediablemente finito. Todas estas personas con las que está tejida la trama más entrañable de memoria, todas esas presencias que fueron mi infancia y mi juventud o ya desaparecieron, y son sólo fantasmas, o vamos camino de desaparecer, y somos proyectos de espectros que todavía se mueven por el mundo. En breve todas estas personas de carne y hueso, todos estos amigos y parientes a quienes tanto quiero, todos esos enemigos que devotamente me odian no serán más reales que cualquier personaje de ficción, y tendrán su misma consistencia fantasmal de evocaciones y espectros, y eso en el mejor de los casos, pues de la mayoría de ellos no quedará sino un puñado de polvo y la inscripción de una lápida cuyas letras se irán borrando en el cementerio. Visto en perspectiva, como el tiempo del recuerdo vivido es tan corto, si juzgamos sabiamente, <ya somos el olvido que seremos>, como decía Borges. Para él este olvido y ese polvo elemental en el que nos convertiremos eran un consuelo <bajo el indiferente azul del cielo>. Si el cielo, como parece, es indiferente a todas nuestras alegrías y a todas nuestras desgracias, si al universo le tiene sin cuidado que existan hombres o no, volver a integrarnos en la nada de la que vinimos es, sí, la peor desgracia, pero al mismo tiempo, también, el mayor alivio y el único descanso, pues ya no sufriremos con la tragedia, que es la conciencia del dolor y de la muerte de las personas que amamos. Aunque puedo creerlo, no quiero imaginar el momento el momento doloroso en que también las personas que más quiero- hijos, mujer, amigos, parientes- dejarán de existir, que será el momento en que yo dejaré de vivir, como recuerdo vivido de alguien, definitivamente. Mi padre tampoco supo, ni quiso saber, cuándo moriría yo. Lo que sí sabía, y ese, quizá, es otro de nuestros frágiles consuelos, es que yo lo iba a recordar siempre, y que lucharía por rescatarlo del olvido al menos por unos cuantos años más, que no sé cuánto duren, con el poder evocador de las palabras"

Héctor  Abad Faciolince

El olvido que seremos


  " Se ignora que el valor es virtud de los inermes, de los pacíficos - nunca de los matones-, y  que  a última hora las guerras las ganan siempre los hombres de paz, nunca los jaleadores de la guerra. Sólo es valiente quien puede permitirse el lujo de la animalidad que llama amor al prójimo, y es lo específicamente humano"   Antonio Machado

jueves, 30 de agosto de 2018

Pasaron los años y pasaron los años.



   Qué fácil no saber nada, qué fácil andar a tientas, qué fácil ser engañado y no digamos mentir, algo sin mérito y al alcance de cualquier tonto, es curioso que los embusteros se crean listos y hábiles, cuando para eso no hace falta la menor habilidad. Cuando se nos dice puede ser y no ser, lo más decisivo y lo más indiferente, lo más inocuo y lo más crucial, lo que afecta a nuestra existencia y lo que ni siquiera le toca de refilón. Podemos vivir en un continuado erro, creer que tenemos una vida comprensible y estable y asible y encontrarnos  con que todo es inseguro, pantanoso, inmanejable, sin asentamiento en tierra firme; o todo una representación, como si nos halláramos en el teatro convencidos de estar en la realidad y no nos hubiéramos dado cuenta de que se apagaban las luces y se levantaba el telón y de que además nosotros estábamos sobre el escenario y no arriba ni abajo entre los espectadores, o en la pantalla de un cine sin poder salirnos, atrapados en la película y obligados a repetirnos a cada nueva proyección, convertidos en celuloide y sin capacidad para alterar los hechos, el argumento, la planificación ni el punto de vista ni la luz, la historia que alguien decidió que fuera para siempre como es. Uno se da cuenta, en la propia vida, de que hay cosas tan irreversibles como una historia ya vista o leída, es decir, ya contada; cosas que nos conducen por un camino del que apenas nos es posible apartarnos o en el que a lo sumo se nos permite improvisar, quizá sólo un gesto o un guiño inadvertidos; al que debemos atenernos incluso para intentar escapar, porque sin haberlo querido ya estamos en él y condiciona nuestros movimientos y nuestros envenenados pasos, para seguirlo o para huir, tanto da. Lo cierto es que transitamos por él en contra de lo que creíamos y de nuestra voluntad, alguien nos ha metido en él y ese alguien...

Javier Marías. Berta Isla

viernes, 3 de agosto de 2018

¡ Qué extraño destino me tocó en suerte! He madurado entre ruinas, he estudiado entre ruinas, he amado entre ruinas



... Como si, al escribir ,cada  línea que trazo en la página con el bolígrafo se cubriera de moho y cada página que dejo atrás, cubierta con mi escritura, se abarquillara, amarilleara y se retorciera  hoja seca. Pero yo seguiría escribiendo igualmente cada vez más rápido, para que no me alcancen el desastre y la desgracia.

... Como si los puentes se derrumbaran a mi paso.
... Como si las estrellas explotaran después de caer dormido.
... Como si nuestra memoria fuera un osario.
... Como si nuestra mente fuera una campana resquebrajada.




Me pregunto si queremos todavía ser geniales siguiendo a Nabokov, venciendo miles de obstáculos a través de su sistema de galerías. ¿ No es más sencillo y más cómodo ver una película americana con un Bruce Willis al que cada vez le cuesta más morir? ¿ No es mucho más fácil hacer zapping en la tele y navegar por Internet, imaginando que somos gente de nuestra época y que así la vida se nos pasa perfumada y en tecnicolor como un sueño?


Los libros son como las mariposas. Habitualmente tienen las alas plegadas, como cuando las mariposas descansan sobre una hoja y desenrollan su trompa filiforme para sorber el agua de una gota de rocío. Cuando abres un libro, este echa a volar. Y tú con él, como si volaras en el cuello del plumón de una mariposa gigante. Pero el libro no tiene un único par de alas, sino cientos, clara señal de que te puede llevar no solo de flor en flor por este mundo glorioso, sino a centenares de mundos habitados. Algunos guardan gran parecido con el mundo en que vivimos, otros están habitados por seres que solo se muestran en sueños.



   Siempre, cuando en el periodo irreal de las fiestas navideñas me levanto muy temprano y las ventanas están completamente heladas, y a través de su cristal deformado la nieve oblicua cae con saña, y yo estoy inquieto en la cocina con la luz encendida _ en algún sitio de las profundidades de la  casa suena un despertador _ tengo la misma visión de lector maleado. Mientras bebo el café caliente, sueño con el Libro. Más descabellado que Cien años de soledad, más profundo que El castillo, más infinito que En busca del tiempo perdido. Imagino un gran equipo de escritores trabajando durante varias generaciones en un solo libro que se pueda leer desde la infancia, cuando empiezas a distinguir las letras, hasta el lecho de muerte, cuando ya no las distingues. Un libro que reemplace tu vida, pero sin los momentos, los días, los  meses, los años monótonos de la vida. En la adolescencia, acurrucado en la cama, solía leer algunas veces desde la mañana hasta la noche, se me olvidaba comer y casi respirar porque las páginas _ que de hecho, casi no veía _ describían a gente de verdad, nubes de verdad, ciudades de verdad, pero cuando levantaba los ojos, no veía más que sombras desoladoras. Me daba cuenta de que anochecía solo cuando las páginas se volvían rojas como el fuego antes de tornarse cenicientas.
  El drama de mi vida empezó después,cuando en vez del Libro me vi obligado a vivir la realidad. Me temo que de ahora en adelante nadie va a vivir en los libros, tal y como han hecho mi generación y las precedentes. Y que la utopía de la lectura quedará por ahí, en una colina lejana, como un gran laberinto en ruinas.



                                                     Recordé entonces que en la profundidad de nuestro cerebro existe una zona llamada Isla. Que todos tenemos una isla sumergida en las profundidades de la mente y que la buscamos desesperados, como el diamante fundido de nuestro ser. Que nosotros mismos, y nuestro mundo, estamos profundamente hundidos en la aguas del tiempo y de la memoria universales, como una Ada-Kaleh que nunca volverá a ser real.




MIRCEA CĂRTĂRESCU.   El ojo castaño de nuestro amor

lunes, 23 de abril de 2018

Y siempre pueda verte...



El tiempo

  Lega un momento en la vida cuando el tiempo nos alcanza. ( No sé si expreso esto bien). Quiero decir que a partir de tal edad nos vemos sujetos al tiempo y obligados a contar con él, como si alguna colérica visión con espada centelleante nos arrojara del paraíso primero, donde todo hombre una vez ha vivido libre del aguijón de la muerte. ¡ Años de niñez en en que el tiempo no existe! Un día, unas horas son entonces cifras de la eternidad. ¿ Cuántos siglos caben en las horas de un niño? .
  Recuerdo aquel rincón del patio en la casa natal, yo a solas y sentado en el primer peldaño de la escalera de mármol. La vela estaba echada, sumiendo el ambiente en una fresca penumbra, y sobre la lona, por donde se filtraba tamizada la luz del mediodía, una estrella destacaba sus seis puntas de paño rojo. Subían hasta los balcones abiertos, por el hueco del patio, las hojas anchas de las latanias, de un verde oscuro y brillante, y abajo, en torno de la fuente, estaban agrupadas las matas floridas de adelfas y azaleas. Sonaba el agua al caer con un ritmo igual, adormecedor, y allá en el fondo del agua unos peces escarlata nadaban con inquieto movimiento, centelleando sus escamas en un relámpago de oro. Disuelta en el ambiente había una languidez que lentamente iba invadiendo mi cuerpo.
  Allí, en el absoluto silencio estival, subrayado por el rumor del agua, los ojos abiertos a una clara penumbra que realzaba la vida misteriosa de las cosas, he visto cómo las horas quedaban inmóviles, suspensas en el aire, tal la nube que oculta un dios, puras y aéreas, sin pasar.



El destino


   Había en el viejo edificio de la universidad, pasado el patio grande, otro más pequeño, tras cuyos arcos, entre las adelfas y limoneros, susurraba una fuente. El loco bullicio de patio principal, sólo con subir unos escalones y atravesar una galería, se trocaba allá silencio y quietud.
   Un atardecer de mayo, tranquilo el edificio todo, porque era ya pasada la hora de las clases y los exámenes estaban cerca, te paseabas por las galerías de aquel patio escondido. No había otro rumor sino el del agua en la fuente, leve y sostenido, al que se sobreponía a veces el trino fugitivo de un bando de golondrinas cruzando el cielo que encuadraban los aleros.
   Cuántas cosas no te ha dicho a lo largo de la vida el rumor del agua. Podrías pasarte las horas escuchándola., lo mismo que podrías pasarlas contemplando el fuego. ¡ hermosa hermandad la del agua y la llama! Aquella tarde, el surtidor que se alzaba como una garzota blanca para caer luego deshecho en lágrimas sobre la taza de la fuente, su brotar y anegarse sempiterno, trajo a tu memoria, por una vaga asociación de ideas, el fin de tu estancia en la universidad.
   Nunca el pasar de las generaciones parece tan melancólico como al representárselo en algo materialmente, tal en esos viejos edificios de universidades o cuarteles, por los que discurre cada año la juventud nueva, dejando en ellos sus voces, los locos impulsos de la sangre. Recuerdos de juventudes idas llenan su ámbito, y resuenan sus muros en el silencio como la espiral vacía de un caracol marino.
   Apoyado en una columna del patio, pensaste en tus días futuros, en la necesidad de escoger una profesión, tú, a quien todas repugnaban igualmente, y sólo deseabas escapar de aquella ciudad y de aquel ambiente letal. Cosas contradictorias eran tu necesidad y tu deseo, atándote a ambos sin solución la pobreza. Mas aquel problema mezquino, ¿ qué valor tenía cuando te veías  arrastrado en el avanzar incesante del tiempo, ascendiendo con una generación de hombres para caer luego, perdíéndote con ellos en la sombra? Privados de gozo, de placer y de libertad, como tantos otros, comprendiste entonces que acaso la sociedad ha cubierto con falsos problemas materiales los verdaderos problemas del hombre, para evitarle que reconozca la melancolía de su destino o la desesperación de su impotencia.



Regreso a la sombra


    Tras la fatiga de un viaje nocturno, al final de la madrugada, con pocos y entrecortados momentos de sueño, entre febril y escalofriado, encontraste en el vestíbulo oscuro y desierto del hotel. Qué vacío el de esa hora que antecede al alba; qué mundo increado o extinto el que se mira entonces.
  Atrás quedaban los días soleados junto al mar, el tiempo inútil para todo excepto paRa el goce  descuidado, la compañía de una criatura querida como a nada y como a nadie. El frío que sentías era más el de su ausencia que el de la hora temprana en un amanecer de otoño.
  Qué agonía en aquel alba desolada, entre los objetos sórdidos del existir cotidiano, hecho por y para aquellos  que no pueden ser, ni podrán ser nunca parte de ti. Al entrar en tanta extrañeza tu vida se volvió, ella también, otro objeto inerte y vacío, como concha de la cual arrancarán su perla.
  Y, ¿ por qué no decirlo? Tus lágrimas brotaron entonces amargamente, pues que estabas solo y nadie sino tú era testigo de tanta debilidad, en honor de lo perdido. ¿ Lo perdido? Tú mismo eras a un tiempo, viuda de tu amor, el perdidoso y el perdido.
  ¿ No será posible recobrar en otra vida los momentos de dicha, que tan breves han sido en este existir todo fastidio, monotonía, seres extraños? ¿ No será posible reunirte para siempre con la criatura que tanto quieres? ( " Y siempre pueda verte/ Ante los ojos míos, / Sin miedo y sobresalto de perderte"). Si no es posible, ¿ qué razón tiene el vivir, cuando aquello en que se sustenta es ya pasado?
  Como Orfeo afrontarías los infiernos para rescatar y llevar de nuevo contigo la imagen de tu dicha, la forma de tu felicidad. Pero ya no hay dioses que nos devuelvan compasivos lo que perdimos, sino un azar ciego que va trazando torcidamente, con paso de borracho, el rumbo estúpido de nuestra vida.

LUIS CERNUDA. OCNOS


sábado, 21 de abril de 2018






La soledad está en todo para ti, y todo para ti está en la soledad. Isla feliz adonde tantas veces te acogiste, compenetrado mejor con la vida y con sus designios, trayendo allá, como quien trae del mercado unas flores cuyos pétalos luego abrirán en plenitud recatada, la turbulencia que poco a poco ha de sedimentar las imágenes, las ideas.
  Hay quienes en medio de la vida la perciben apresuradamente, y son los improvisadores; pero hay también quienes necesitan distanciarse de ella para verla más y mejor, y son los contempladores. El presente es demasiado brusco, no pocas veces lleno de incongruencia irónica, y conviene distanciarse de él para comprender su sorpresa y su reiteración.
   Entre los otros y tú, entre el amor y tú, entre la vida y tú, está la soledad. Más esa soledad, que de todo te separa, no te apena. ¿ Por qué habría de apenarte? Cuenta hecha con todo, con la  tierra, con la tradición, con los hombres, a ninguno debes tanto como a soledad. Poco o mucho, lo que tú seas, a ella se lo debes.
    De niño, cuando a la noche veías el cielo, cuyas estrellas semejaban miradas amigas llenando la oscuridad de misteriosa simpatía; la  vastedad de los espacios no te arredraba, sino al contrario, te suspendía en embeleso confiado. Allá entre las constelaciones brillaba la tuya, clara como el agua, luciente como el carbón que es el diamante: la constelación de la soledad, invisible para tantos, evidente y benéfica para algunos, entre los cuales has tenido la suerte de contarte.


Luis Cernuda. Ocnos

domingo, 1 de abril de 2018

Días en que una palabra lejana se apodera de mí...




                                                               13

explicar con palabras de este mundo
que partió de mí un barco llevándome   


                                                               33

alguna vez
                 alguna vez tal vez
me iré sin quedarme
                 me iré como quien se va


                                                               OTROS POEMAS
                                                                    ( 1959)


silencio
yo me uno al silencio
yo me he unido al silencio
y me dejo hacer
me dejo beber
me dejo decir

     

                                                           LOS TRABAJOS Y LAS NOCHES
                                                                       (1965)


                                                                TU VOZ

                                         Emboscado en mi escritura
                                         cantas en mi poema.
                                         Rehén de tu dulce voz
                                         petrificada en mi memoria.
                                         Pájaro asido a su fuga.
                                         Aire tatuado por un ausente.
                                         Reloj que late conmigo
                                         para que nunca despierte.

         

                                                            LOS PEQUEÑOS CANTOS


                                                                    III

                                        el centro 
                                        de un poema
                                                            es otro poema
                                        el centro del centro
                                                             es la ausencia
                                        en el centro de la ausencia
                                        mi sombra es el centro
                                        del centro del poema

                                ....

                                        ¿ Quién es yo?
                                        ¿ Solamente un reclamo de huérfana?
                                        Por más que hable no encuentro silencio.
                                        Yo, que sólo conozco la noche de la orfandad.
                                         Espera que no cesa,
                                         pequeña casa de la esperanza.

                                                                                               1972

                                   
                                          no, la verdad no es la música
                                          yo, triste espera de una palabra
                                          que nombre lo que busco
                                           ¿ y qué busco?
                                          no el nombre de la deidad
                                          no el nombre de los nombres
                                          sino los nombres precisos y preciosos
                                          de mis deseos ocultos

                                          algo en mí me castiga
                                          desde todas mis vidas.
                                          - Te dimos todo lo necesario para que me comprendieras
                                          y preferiste la espera,
                                          como si todo te anunciase el poema
                                          ( aquel que nunca escribirás porque es un jardín inaccesible
                                          - sólo vine a ver el jardín- )


                                                  sólo vine a a ver el jardín.
                                                  tengo frío en las manos.
                                                  frío en el pecho.
                                                  frío en el lugar donde en los demás se forma el pensamiento.
                                                  no es éste el jardín que vine a buscar
                                                  a fin de entrar, de entrar, no de salir.

                                                  por favor, no creas que me lamento.
                                                  si comprendieras la voluptuosidad de comprobar.

                                                  me amaron, a lo menos eso dijeron.
                                                  muchos me amaron porque no soy parecida más que a mí
                                                  y por otros imponderables más bellos que la sonrisa de la
                                                                                                     ( Virgen de las Rocas.
                                                  yo, ahora, creo amar y me siento acabada, epilogada.
                                                  ¿cómo aprender los gestos primarios
                                                   de las pasiones elementales?

                                                  No me consuela
                                                                                                        1972

ALEJANDRA PIZARNIK. POESÍA COMPLETA

viernes, 30 de marzo de 2018

" escribo aquello que no sabría decirle a nadie"


Si esto es un hombre


los que vivís seguros
En vuestras casas caldeadas
Los que os encontráis, al volver por la tarde,
La comida caliente y los rostros amigos:
  Considerad si es un hombre
  Quien trabaja en el fango
  Quien no conoce la paz
  Quien lucha por la mitad de un panecillo
  Quien muere por un sí o por un no.
  Considerad si es una mujer
  Quien no tiene cabellos ni nombre
  Ni fuerzas para recordarlo
  Vacía la mirada y frío el regazo
  Como una rana invernal.
Pensad que esto ha sucedido:
Os recomiendo estas palabras.
Grabadlas en vuestros corazones
Al estar en casa, al ir por la calle,
Al acostaros, al levantaros,
Repetídselas a vuestros hijos.
  O que vuestra casa se derrumbe,
  La enfermedad os imposibilite,
 Vuestros descendientes os vuelvan el rostro.




Imaginaos ahora a un hombre a quien, además de a sus personas amadas, se le quiten la casa, las costumbres, las ropas, todo, literalmente todo lo que posee: será un hombre vacío, reducido al sufrimiento y a la necesidad, falto de dignidad y de juicio, porque a quien lo ha perdido todo fácilmente le sucede perderse a sí mismo; hasta tal punto que se podrá decidir sin remordimiento  su vida o su muerte `prescindiendo de cualquier sentimiento de afinidad  humana, en el caso más afortunado, apoyándose meramente en la valoración de su utilidad. Comprenderéis ahora el doble significado del término " Campo de aniquilación", y veréis claramente lo que queremos decir con esta frase: yacer en el fondo.


Diré que creo que es a Lorenzo a quien debo el estar vivo, y no tanto por su ayuda material como por haberme recordado constantemente con su presencia, con su manera tan llana y fácil de ser bueno, que todavía había un mundo justo fuera del nuestro, algo y alguien todavía puro y entero, no corrompido ni salvaje, ajeno al odio y al miedo; algo difícilmente definible, una remota posibilidad de bondad, debido a la cual merecía la pena salvarse.
  Los personajes de estas páginas no son hombres. Su humanidad está sepultada, o ellos mismos la han sepultado, bajo la ofensa súbita o infligida a los demás. Los SS malvados y estúpidos, los Kapos, los políticos, los criminales, los prominentes grandes y pequeños , hasta los Häftlinge indiferenciados y esclavos, todos los escalones de la demente jerarquía querida por los alemanes, están paradójicamente em parentados por una unitaria desolación interna.
  Pero Lorenzo era un hombre, su humanidad era pura e incontaminada, se encontraba fuera de este mundo de negación. Gracias a Lorenzo no me olvidé yo mismo de que era un hombre.
  
Parte de nuestra existencia reside en las almas de quien se nos aproxima: he aquí por qué es no humana la experiencia de quien ha vivido días en que el hombre ha sido una cosa para el hombre. Nosotros tres fuimos en gran parte inmunes, y nos debemos por ello mutua gratitud, es por lo que mi amistad con Charles resistirá al tiempo.


PRIMO LEVI. SI ESTO ES UN HOMBRE*

*Sobre nosotros, desnudos, impotentes, inermes, unos hombres de nuestro tiempo procuraban su muerte recíproca con los más refinados instrumentos. El gesto de uno de sus dedos podía provocar la destrucción del campo entero, aniquilar a millares de hombres, mientras la suma de todas nuestras energías y voluntades no habría bastado para prolongar ni un minuto  la vida de uno solo de nosotros.





martes, 27 de febrero de 2018

La transmigración de las almas no tiene lugar después sino durante la vida.




" Hay algo misterioso en el hecho de que los paisajes, que al fin y al cabo no tienen ninguna culpa de tu existencia, que en cualquier caso no tienen nada que ver con ello y que seguramente no les importa, no obstante expresen algo de lo que sientes, pues si así no fuese tú no sentirás nada de lo que es"





" Silencio del desierto, cielo del desierto. Bajo la tenue luz de la lámpara de carburo veo su piel, de negro pálido, como su cuadro, del mismo tono crepuscular, como si detrás del negro se ocultara una vía láctea lejana e infinita. Respira sin hacer ruido. Aquí nada hace ruido. Creo que, si uno fuera capaz de sumergirse en el silencio absoluto, oiría hasta los granos de arena, la iguana del desierto, el viento en los matorrales spinifex, o en las balgas, esas plantas con su tronco coronado por un penacho, los árboles de la hierba. Eso en caso de que hiciera viento. He llegado a este lugar después de un largo viaje. Intento ahora verbalizar lo que pienso, pero no lo consigo. Quisiera hablar de mi cuerpo, de cómo he comprendido, mejor que nunca, que ha confluido con lo que llamo mi propio yo, y que eso es una experiencia única, pero me doy contra el borde de las palabras,  porque el éxtasis es inefable. Y sin embargo existe, y debe de ser algo parecido a lo que estoy viviendo: nunca he sentido la vida con tal intensidad. No tiene nada que ver con él o, mejor dicho, él no es más que una parte de eso; él pertenece a su mundo, mucho más de lo que yo he pertenecido jamás al mío, pero ahora todo es distinto, pues yo he logrado fundirme con el mundo, no sabría cómo expresarlo mejor. Almut es la única persona a quien me atrevería a contarle esta experiencia, aunque todavía no voy a hacerlo. Sé que no se reiría de mí, siempre hemos podido hablar de todo, pero aún no es el momento. Me he fundido con el silencio, con la arena, con el firmamento estrellado; sé que suena extraño todo esto, que no debería decir estas cosas, pero es que me siento por primera vez una persona única que sabe cuál es su sitio en el mundo. Nada puede sucederme ya. Sé eso tampoco debería decirlo, pero es así. No estoy loca sé de qué hablo. Sé también que Almut me comprendería. Aunque mi relación con este hombre dure poco, debo estar agradecida, porque gracias a él he dado alcance a mi sombra y eso es bueno para mí. Ahora estamos juntos él y yo, yo soy luz y oscuridad a la vez. Sé que si ahora mismo salgo fuera no veré ninguna luz, como ayer; no hay nada, salvo dos cosas, yo misma y todo lo demás, y  no importa ya que algún día me pierda en este mundo, lo he visto todo y lo he comprendido. Me he tornado intangible, soberana. Si fuera un instrumento musical, saldría de mí  la música más bella. Sé que no debo contarle a nadie esas cosas, y sin embargo todo lo que digo es verdad. He comprendido por primera vez el concepto medieval de armonía de las esferas. Contemplo el cielo, y no sólo veo las estrellas, las oigo. ¿ Quién habrá desterrado del mundo la idea  de los ángeles cuando yo sigo sintiéndolos a mi alrededor?(...) Desde aquí, tumbada en la arena del desierto, los oigo: una prodigiosa algazara en el silencio. Ángeles, iguana del desierto, serpiente de arco iris... los héroes de la creación. Todo encaja. He alcanzado mi destino. Y cuando me marche de aquí, no necesitaré llevarme nada. Ya lo llevo todo conmigo.

                                                                     Perdido en el paraíso, pags. 51-53



Tenía mil vidas y elegí una sola. 

CEES NOOTEBOOM

domingo, 31 de diciembre de 2017

" El tiempo que yo he soñado ¡ cuántos años fue de vida!



" A veces, y el  sueño es triste,
en mis deseos existe
lejanamente un país
donde ser feliz consiste
solamente en ser feliz.

Se vive como se nace,
sin querer y sin saber.
En esa ilusión de ser,
el tiempo muere y renace
sin que sienta correr.

El sentir y el desear
no existen en esa tierra. 
Y no es el amor amar
en el país donde yerra
mi lejano divagar.

Ni se sueña ni se vive:
es una infancia sin fin.
Y parece que revive
ese imposible jardín
que con suavidad recibe."






"¿ El misterio de las cosas? ¿ Qué sé yo lo que es el misterio?
El único misterio es que haya quien piense en el misterio.
Quien está al sol y cierra los ojos
empieza a no saber lo que es el sol
y a pensar muchas cosas calurosas.
Pero abre los ojos y ve el sol
y ya no puede pensar en nada,
porque la luz del sol vale más que los pensamientos
de todos los filósofos y todos los poetas.
La luz del sol no sabe lo que hace
y por eso no se equivoca y es comunal y buena."


" ¿Lo que vemos de las cosas son las cosas?.
¿ Por qué habíamos de ver una cosa si hubiese otra?
¿ Por qué ver y oír sería engañarnos
si ver y oír son ver y oír?

Lo esencial es saber ver,
saber ver sin estar pensando,
saber ver cuando se ve,
y no pensar cuando se ve,
no ver cuando se piensa.

Pero esto ( ¡ tristes de nosotros que llevamos el alma vestida!),
esto exige un estudio profundo,
un aprendizaje de desaprender
y un secuestro en la libertad de aquel convento
del que los poetas dicen que las estrellas son las monjas 
eternas
y las flores las penitentes convictas de un solo día,
pero donde después de todo las estrellas no son más que 
las estrellas
ni las flores otra cosa que flores,
y por eso es por lo que las llamamos estrellas y flores."

Fernando Pessoa. ANTOLOGÍA POÉTICA. El poeta es un fingidor

jueves, 5 de octubre de 2017









ELEGIDO POR ACLAMACIÓN

Sí, fue un malentendido.
                                       Gritaron: ¡ a las urnas!
y él entendió: ¡ a las armas! - dijo luego.
Era pundonoroso y mató mucho.
Con pistolas, con rifles, con decretos.

Cuando envainó la espada dijo, dice:
La democracia es lo perfecto.
El público aplaudió. Sólo callaron,
impasibles, los muertos.

El deseo popular será cumplido.
A partir de esa hora soy - silencio-
el Jefe, si queréis. Los disconformes
que levanten el dedo.

Inmóvil mayoría de cadáveres
le dio el mando total del cementerio.


ALOCUCIÓN A LAS VEINTITRES

Ciudadanos perfectos a estas horas,
honorables cabezas de familia
que lleváis a los labios vuestra servilleta
antes de pronunciar las palabras rituales
en acción de gracias por la abundante cena:

vuestra responsabilidad de sólidos pilares
de la civilización y de Occidente,
del consumo de bicarbonato sódico
y del paternalismo hacia  la servidumbre,
exige de vuestra parte
cierta ignorancia de hechos también ciertos,
un esfuerzo final en bien de todos,
la tozuda incomprensión de algunas realidades,
la fe más meritoria, en resumen,
que consiste
en no creer en lo evidente.

Yo podría jurar que la tierra está fija
- ya lo juré otras veces-
y que el sol gira en torno a ella,
yo podría negar que la sangre circula
- lo seguiré negando, si hace falta-
por las venas del hombre, yo podría 
quemar vivo a quien diga lo contrario
- lo estoy quemando ahora-

no es que sean importantes los asuntos
objeto de polémica:
lo importante es la
firmeza en el error.
Pues las mentiras viejas se convierten
en materia de fe,
y de esa forma
quien ose discutirnos
debe afrontar la acusación de impío.
con esto,
y una buena cosecha de limones,
y la ayuda impagable de nuestros coaligados,
podemos esperar algunos lustros
de paz como esta de hoy,
en una noche 
semejante a esta de hoy,
tras una cena
lo mismo que esta de hoy.

Tal como siempre, pues, pedid conmigo:
Más fe, mucha más fe.
                                   Que en cierto modo,
creer con fuerza tal lo que no vimos
nos invita a negar lo que miramos.

ÁNGEL GONZÁLEZ. PALABRA SOBRE PALABRA


martes, 3 de octubre de 2017







                               

                                                       Apología y petición


Y qué decir de nuestra madre España,
este país de todos los demonios
en donde el mal gobierno, la pobreza
no son, sin más, pobreza y mal gobierno
sino un estado místico del hombre,
la absolución final de nuestra historia?

De todas las historias de la Historia
sin duda la más triste es la de España,
porque termina mal. Como si el hombre,
harto ya de luchar con sus demonios,
decidiese encargarles el gobierno
y la administración de su pobreza.

Nuestra famosa inmemorial pobreza,
cuyo origen se pierde en las historias
que dicen que no es culpa del gobierno
sino terrible maldición de España,
triste precio pagado a los demonios
con hambre y con trabajo de sus hombres.

A menudo he pensado en esos hombres,
a menudo he pensado en la pobreza
de este país de todos los demonios.
Y a menudo he pensado en otra historia
distinta y menos simple, en otra España
en donde sí que importa un mal gobierno.

Quiero creer que nuestro mal gobierno
es un vulgar negocio de los hombres
y no una metafísica, que España
debe y puede salir de la pobreza,
que es tiempo aún para cambiar su historia
antes que se la lleven los demonios.

Porque quiero creer que no hay demonios.
Son hombres los que pagan al gobierno,
los empresarios de la falsa historia,
son hombres quienes han vendido al hombre,
los que le han convertido a la pobreza
y secuestrado la salud de España.

Pido que España expulse a esos demonios.
Que la pobreza suba hasta el gobierno.
Que sea el hombre el dueño de su historia.


                          Noche triste de octubre, 1959
                                                                          A Juan Marsé


Definitivamente
parece confirmarse que este invierno
que viene, será duro.


Jaime Gil de Biedma
LAS PERSONAS DEL VERBO


                                        

domingo, 24 de septiembre de 2017



NOCTURNO

"Los que auscultasteis el corazón de la noche,
los que por el insomnio tenaz habéis oído
el cerrar de una puerta, el resonar de un coche
lejano, un eco vago, un ligero ruido...

  En los instantes del silencio misterioso,
cuando surgen de su prisión los olvidados,
en la hora de los muertos, en la hora del reposo,
¡ sabréis leer estos versos de amargor impregnados!...

  Como en un vaso vierto en ellos mis dolores
de lejanos recuerdos y desgracias funestas,
y las tristes nostalgias de mi alma, ebria de flores,
y el duelo de mi corazón, triste de fiestas.

  Y el pesar de no ser lo que yo hubiera sido,
la pérdida del reino que estaba para mí,
el pensar que un instante pude no haber nacido,
¡ y el sueño que es mi vida desde que yo nací!

  Todo esto viene en medio del silencio profundo
en que la noche envuelve la terrena ilusión,
y siento como un eco del corazón del mundo
que penetra y conmueve mi propio corazón."

RUBÉN DARÍO. ANTOLOGÍA





jueves, 10 de agosto de 2017

" ...el mundo exterior, el mundo interior y entre ambos el abismo insalvable, infranqueable. Me rendí..."


         " Había dejado de llover y las últimas y gruesas gotas se deslizaban en brillantes arroyuelos que zigzagueaban  por el cristal de la ventana. Las nubes se estaban abriendo y, al inclinarme apenas hacia delante para mirar el cielo, sorprendí un claro de un puro azul otoñal, el azul que  amaba Poussin, vibrante y delicado, y a pesar de todo mi corazón se aligeró, como siempre sucede cuando el mundo abre de par en par su inocente mirada azul. Creo que la pérdida de mi capacidad de pintar, llamémoslo así, se debió en gran medida a mi creciente, irresistible y finalmente fatal admiración por aquel mundo, me refiero al mundo objetivo y cotidiano de las cosas simples. Nunca habían sido objeto de mi atención, pues mi propósito era captar su esencia, que yo sabía que se encontraba allí, profundamente escondida, pero al alcance de cualquiera con la determinación y lucidez necesarias para llegar hasta ella. Yo era un hombre que acude a la estación de tren a recoger a su amada y se apresura entre los pasajeros que descienden, esquivándolos mientras mueve la cabeza, pues no desea ver otro rostro que el amado. No me malinterpretéis, no era el espíritu lo que buscaba, las formas ideales euclidianas; no, nada de eso. La esencia es sólida, tan sólida como las cosas de las que es esencia. Pero es esencia. Cuando mi crisis empezó a agravarse, no tardé en reconocer y aceptar lo que me parecía la sencilla y evidente verdad, a saber, que no existe tal cosa como la cosa-en-sí, tan solo manifestaciones de las cosas el remolino generador de causa y efecto. ¿ Discrepáis?, esperé con pose desafiante, la mano en la cadera, a una multitud de objetores imaginarios. Intentad aislar la  famosa cosa-en-sí, a ver qué lográis. Adelante, golpead esa piedra, lo único que conseguiréis será lastimaros el pie. Nada me hará cambiar de opinión. ¡ No existe la cosa-en-sí, tan solo sus manifestaciones! Aquel era mi lema, mi manifiesto, mi ...- disculpadme-, mi estética. A qué aprieto me llevó, pues ¿ qué podía pintar ya sino las cosas tal como se presentaban ante mí: imperturbables, impenetrables, inevitables? La abstracción no resolvía el problema. Lo intenté y comprobé que se trataba de un mero juego de manos; aún más, un sencillo truco mental. Y así, lo inexpresable se impuso, se abrió camino  hasta ocupar toda mi visión y mostrarse con tanda solidez como si fuese real. Me di cuenta de que, al intentar atravesar la superficie para llegar al corazón, a la esencia, había pasado por alto que es en la superficie donde reside la esencia; y de nuevo me encontré de vuelta en el principio. Así que era el mundo, el mundo en su totalidad, lo que debía abordar. Pero el mundo es resistente, vive de espaldas a nosotros en alegre comunión consigo mismo. El mundo no nos permite entrar en él.
  No me malinterpretéis, mi objetivo no era reproducir el mundo, ni tan siquiera representarlo. Las obras que pintaba eran concebidas como entes autónomos, entes que coincidieran como los entes del mundo, cuya díscola coseidad tenía que ser controlada de alguna manera. A eso se refería Freddie Hyland, lo supiera o no, cuando me habló de la introspección que había captado en aquellos apresurados dibujos míos. Yo estaba luchando por apoderarme del mundo y transformarlo, hacer algo nuevo con él, algo vivido y vital, desdeñando la esencia. Una boa constrictor, eso era yo, con la gigantesca boca abierta y tragando lenta, muy lentamente, esforzándome en tragar, atragantándose con semejante magnitud. La pintura, como el robo, era un infatigable afán de posesión y yo fracasaba sin cesar. Robar los bienes ajenos , pintarrajear escenas, amar a Polly: al final era todo lo mismo.
   Pero ¿existe ese mundo? ¿ Lo que aquí he llamado mundo? Tal vez el hombre en la estación de tren corre en busca de alguien que nunca llegará, que siempre será el distante ser amado, una imagen creada por él, una imagen que vive en su interior y que él intenta identificar, lo intenta y fracasa, con la imagen de la persona que, para empezar, nunca subió al tren.
   ¿ Comprendéis mi conflicto? Lo expondré de forma más sencilla: el mundo exterior, el mundo interior y entre ambos el abismo insalvable, infranqueable. Me rendí. Mi gran culpa, la mayor, es haber perdido la esperanza.
   El dolor, el dolor del artista-ladrón, clava su aguijón en mi corazón estéril."

                                                         John Banville. La guitarra azul


  

P. Picasso. El guitarrista ciego. (1903)

I

El hombre inclinado sobre su guitarra,
Un pobre sastre. El día era verde.
Dijeron: «Tienes una guitarra azul;
No tocas las cosas como son».
El hombre replicó: «Las cosas como son
Cambian en la guitarra azul».
Entonces le dijeron: «Tócanos un aire
Más allá de nosotros, que sea nosotros mismos,
Un aire en la guitarra azul
De las cosas exactamente como son».

....................
XV

¿Es este lienzo de Picasso, este «tesoro
De destrucciones», un cuadro de nosotros mismos,
Ahora, una imagen de nuestra sociedad?
¿Pondré, achatado, un limpio huevo en pie,
Asiendo en un adiós una lunar cosecha,
Sin haber contemplado la cosecha o la luna?
¿Las cosas como son han sido destruídas?
¿Soy un hombre que ha muerto en una mesa
En la que se ha enfriado el alimento?
¿Mi pensamiento una memoria, no viva?
¿Es la mancha en el suelo vino o sangre
De cualquiera, o quizá míos?
....................
XX

¿Qué hay en la vida excepto las propias ideas,
Buen aire, buen amigo, qué hay en la vida?
¿Las ideas en que creo?
Buen aire, único amigo mío,
Creer sería un hermano colmado
De amor, creer sería un amigo,
Más amigo que mi único amigo,
Buen aire. Pobre, pobre guitarra pálida...
........................
XXII

La poesía es el tema del poema.
De esto nace el poema y a esto
Vuelve. Entre ambos,
Nacimiento y retorno,
Hay una ausencia de realidad,
Las cosas como son. O así lo decimos.
¿Pero están separados? Es una ausencia
Para el poema, que recibe
Así su verdadera faz, verde de sol,
Rojo de nube, tierra que siente, cielo que piensa.
De éstos toma. Tal vez da
En reciprocidad universal.
.....................
XXVIII

Soy un nativo de este mundo
Y pienso en él como en cosas nativas,
Gesu, no nativo de una mente
Que piensa pensamientos que llamo yo mismo,
Nativo, un nativo del mundo
Y pienso en él como nativo.
No sería una mente, la ola
En que ondean las húmedas hierbas
Y sin embargo fijas como en fotografía,
El viento en el que flotan hojas muertas.
Aquí aspiro una fuerza más profunda
Y como estoy, y hablo y me muevo,
Las cosas son como pienso que son
Y digo que están en la guitarra azul.
......................
Wallace Stevens. El hombre de la guitarra azul. (1937)


                                  

N. Poussin. Paisaje en calma. (1651)