sábado, 12 de marzo de 2022

sensibilidad

 


XII


  El hombre convive con su cuerpo, pero no lo conoce. Al menos no de un modo exhaustivo. Un hombre y su cuerpo son realidades distintas. Seguramente eso es lo que permite comprender la esencia última del dolor, que no es otra cosa que el desgarro que produce la indiferencia del cuerpo hacia uno mismo. Un dolor de muelas, obstinado y sordo a nuestro deseo, basta para advertir semejante drama. Y seguramente también eso es lo que permite a un ser humano conservar su nombre, su dignidad, aquello que más íntimamente posee, cuando su cuerpo, en la enfermedad, la mutilación o la vejez, ya no le pertenece.

  Para entender lo que es un hombre no basta con tomar nota de las partes que lo conforman. No basta con escribir: " Kurt Crüwell es la suma de sus dos piernas, su sistema límbico, su intestino, su pituitaria y sus gónadas". Hay algo en el todo del hombre que se resiste a ser contemplado a través de la mera adicción de partes que lo componen. Suponer que esas partes mantienen una vida independiente del hombre que la reúne, implica algo más que una metáfora. En el sexo, cuando el cuerpo se impone y el hombre se ve desbordado por su propia materialidad, o en el esfuerzo físico extremo, cuando los pulmones no responden a la exigencia que de ellos se espera y, por ejemplo, un corredor se derrumba antes de alcanzar la meta, tal evidencia resulta incuestionable.

  De ese modo, el cuerpo lleva, hasta cierto punto, una vida independiente de la inteligencia que lo habita, y por eso filósofos y escritores, sin por ello apelar a instancias míticas o refugiarse en el oscurantismo de la religión, pueden seguir pronunciando palabras como alma o autoconciencia. Un hombre sin cuerpo puede  saberse a sí mismo. Un hombre que ve su cuerpo desmembrarse, quemarse, empodrecerse, no por ello deja de ser hombre.

  No es menos obvio, sin embargo, que el cuerpo, en la vida práctica, es la frontera que se levanta entre cualquier hombre y sus iguales, o entre cualquier hombre y el lugar donde su tiempo transcurre: el mundo. Porque el hombre siente y conoce el mundo, fundamentalmente, a través de su cuerpo.

  Ante las agresiones del mundo, el cuerpo se protege. Un bacilo activa sus defensas; un chaparrón eriza  el vello en brazos, nuca y piernas; un alimento envenenado afloja los esfínteres. Pero ¿ y el horror? ¿ Cómo reacciona el cuerpo de un hombre ante la presencia del horror? Grita , sí. Y hace que el corazón bombee más sangre, sí. O, por el contrario, paraliza sus músculos para no ser agredido. El espectro de respuestas que el horror genera en el cuerpo es amplísimo. El cuerpo sorprende entonces por su plasticidad. Hay cuerpos que se atenazan y cuerpos que se liberan; hay cuerpo que se arrastran y cuerpos que se elevan; hay cuerpos que interrogan y cuerpos que responden. ¿ Pero puede un cuerpo dimitir de la realidad? ¿ Puede un cuerpo ante la agresión del mundo, ante la fealdad del mundo, ante el horror del mundo, sustraerse a sus funciones, negarse a seguir siendo cuerpo, suspender sus razones, abdicar de ser lo que es;  esto es, abdicar de ser una máquina sensible? ¿ Puede un cuerpo decir: " Basta, no quiero ir más allá, esto es demasiado para mí"? ¿ Puede un cuerpo olvidarse de sí mismo?

  El 2 de enero de 1941, en la aldea de Mieux, en la Bretaña francesa, no muy lejos del mar, a la vista de noventa y un civiles ardiendo en el holocausto de una iglesia de piedra, un cuerpo respondió a todas esas preguntas con un rotundo " sí".

  Aquel día, un hombre llamado Kurt Crüwell perdió la sensibilidad.


Ricardo Menéndez Salmón

La ofensa


   Masacre: ven y mira ( 1985)

viernes, 31 de diciembre de 2021

y como ciegos caminamos

                                                               

                                


                                                               

                                           RECURSOS


Leer y releer una frase, una palabra, un rostro. Los rostros, sobre todo. Repasar, pesar bien lo que callan.

Como no estás a salvo de nada , intenta ser tú mismo la salvación de algo.

Caminar despacio, a ver si, tentado el tiempo, hace lo mismo.


                                                       

                                          LIBRO


AUNQUE nadie te busque ya, te busco.

Una frase fugaz y cobro glorias

de ayer para los días taciturnos,

en lengua de imprevistas profusiones.


Lengua que usa de un viento peregrino

para volar sobre quietudes muertas.

Viene de imaginaria estación dulce;

va hacia un inexorable tiempo solo.


Don que se ofrece entre glosadas voces,

para tantos equívoco, se obstina

en hundirte, honda raíz de palma,

convicto de entenderse con los pocos.



                        HOJAS NATURALES   

      ... o el arraigo, escribir en un espacio idéntico

      siempre, casa o desvío.

                                                  JOSÉ M. ALGABA

      


ARRASTRO por los cambios un lápiz,

una hoja, tan sólo de papel, que quisiera

como de árbol, vivaz y renaciente,

que destilase savia y no inútil tristeza

y no fragilidad, disoluciones;

una hoja que fuese alucinada, autónoma,

capaz de iluminarme, llevándome

al pasado por una ruta honesta: abiertas

las paredes cegadas y limpia

la historia verdadera de las pintarrajeadas

artimañas que triunfan.

Hoja y lápiz, para un oído limpio,

curioso y desconfiado.

                                

POESÍA REUNIDA

Ida Vitale




                                      ESPECIAL NAVIDAD: El bazar de las sorpresas (1940)

               



jueves, 30 de diciembre de 2021

 



                                                           Flores malva


He dado muchas vueltas al bolígrafo entre los dedos antes de decidir qué palabra pondría la primera para iniciar este relato. Ya me he visto otras veces en una situación semejante, según miraba el  bolígrafo lo pensaba, es un respeto por la letra escrita que debe venir de aquella manía escolar  de los cuadernos de limpio. No se atreve uno a hollar el papel como si lo que queda escrito fuera más definitivo que lo que se habla, o comprometiera más. Cuando se habla, se pueden decir las mayores vaguedades y quedarse uno contento, hasta creer que le ha comunicado algo a los demás, sobre todo si sus rostros reflejan aquiescencia. Pero yo no tengo ningún rostro delante del mío.

 En este lapso de tiempo en que he estado mirando el papel sin mancharlo con una sola letra, me he aferrado, como único dato valedero para justificar mi necesidad de ponerme a escribir, a una imagen muy nítida pero desvinculada de cualquier argumento: flores malva.

 Estas dos palabras ( flores malva) las he encontrado apuntadas en un paquete de pitillos vacío que venía fumando hace una semana en el tren, y no las quería volver a mencionar hasta entender por qué las apunté. Al copiarlas ahora me he quedado a disgusto...



 Han debido de pasar más de dos horas desde que me metí aquí y cerré la puerta. De hoy no pasa, me he dicho ante el papel en blanco. Voy a hacer un esfuerzo. No se trataba, como otras veces, de un propósito más o menos literario. Hoy, romper a hablar de las flores malva, a decir lo que fuera sobre ellas, me parecía una cuestión de vida o muerte.

 Pero está claro que las cuestiones de vida o muerte se desustancian al intentar fijarlas con buena letra en cuadernos de limpio. Después de dos horas es lo único que he entendido. Qué le vamos a hacer.

                                                                                                                                      1988

CARMEN MARTÍN GAITE

Todos los cuentos



                                               Descubriendo a Forrester ( 2000)




miércoles, 22 de diciembre de 2021





 - ¿ Qué cree usted que es la dignidad?

Debo reconocer que la pregunta, al formulármela de forma tan directa, me cogió desprevenido.

- Es algo difícil de explicar en pocas palabras, señor - repuse-.

Pero creo que, en realidad, se trata de no desnudarse en público.

- ¿ Cómo? ¿ A qué se refiere?

- La dignidad, señor



- No sé cómo explicárselo, mister Stevens. Ni yo misma sé por qué  hago esas cosas. Pero sí, es verdad que le he abandonado tres veces.- Se quedó callada unos instantes, y yo volví a mirar en dirección a los campos que poblaban el otro lado de la carretera. Después añadió-: Mister Stevens supongo que lo que quiere saber es si amo o no a mi marido. 

- ¡ Oh, no, mistres Benn! ¿ Cómo podría atreverme a...?

- Sí, le responderé. Como acaba de decir, es posible que pasen muchos años hasta que volvamos a vernos. Sí, amo a mi marido. Al principio, y durante algún tiempo, no fue así. Cuando me fui de Darlington Hall, me costaba hacerme a la idea de que realmente me había ido. pero de eso hace ya muchos años. Más bien tenía la impresión de que era una treta más para fastidiarle a usted. Me costaba creer que me hallaba de pronto aquí, y que era una mujer casada. Y durante mucho tiempo, sí, durante mucho tiempo, fui muy desgraciada. Pero entonces pasaron los años, llegó la guerra, mi hija Catherine, y un día me di cuenta de que quería a mi marido. Después de tanto tiempo con una persona, uno se acostumbra. Es un hombre bueno y tranquilo, y sí, mister Stevens, he aprendido a amarle.

 Tras quedarse un instante callada, prosiguió:

- Claro, eso no impide que haya momentos, momentos muy tristes, en que me digo: "¿ Qué he hecho con mi vida?, y pienso que habría sido preferible seguir otro camino, que tal vez me hubiese dado una vida mejor. Por ejemplo, pienso en la vida que podría haber llevado con usted, mister Stevens. Y supongo que es en esos momentos cuando me enfado por cualquier cosa y me voy. Pero cuando hago eso, no pasa mucho tiempo hasta que me digo que mi sitio está aquí, junto a mi marido. Después de todo, no se puede hacer retroceder el tiempo. No se puede estar siempre pensando en lo que habría podido ser. Hay que pensar que la vida que uno lleva es tan satisfactoria, o incluso más, que la de los otros, y estar agradecido.

  Creo que no respondí inmediatamente. No me resultó fácil digerir aquellas palabras. Además, como supondrán ustedes, suscitaron en mí cierta amargura. En realidad, ¿ por qué no admitirlo?, sentí que se partía el corazón. Sin embargo, poco después, me volví hacia ella y le dije:

- Tiene usted toda la razón, mistress Benn. Ya es demasiado tarde para hacer retroceder el tiempo...



Mucha gente prefiere la noche al día. Siendo así, quizá deba seguir el consejo de no pensar tanto en el pasado, y de mostrarme más optimista y de aprovechar el máximo lo que resta del día. Después de todo, ¿ qué se gana con estar mirando siempre atrás? ¿ Con culparnos del hecho de que la vida no nos haya llevado por el camino que deseábamos? Por duro que parezca, la realidad para la gente como ustedes o como yo es que no tenemos más opción que dejar nuestro destino en manos de esos grandes personajes que guían el mundo y que contratan nuestros servicios. ¿ Para qué preocuparse tanto por lo que deberíamos haber hecho o dejado de hacer para dirigir el curso que tomaban nuestras vidas? Para personas como usted o como yo, la verdad es que basta con que intentemos al menos aportar nuestro granito de arena para conseguir algo noble y sincero.


Kazuo Ishiguro

Los restos del día



martes, 21 de diciembre de 2021

FIN DE AÑO


 


CABO SOUNION

Al pasar de los años,

¿ qué sentiré leyendo estos poemas

de amor que ahora te escribo?

Me lo pregunto porque está desnuda

la historia de mi vida frente a mí,

en este amanecer de intimidad,

cuando la luz es inmediata y roja

y yo soy el que soy

y las palabras

conservan el calor del cuerpo que las dice.


Serán memoria y piel de mi presente

o sólo humillación, herida intacta.


Pero al correr del tiempo,

cuando dolor y dicha se agoten con nosotros,

quisiera que estos versos derrotados

tuviesen la emoción

y la tranquilidad de las ruinas clásicas.

Que la palabra siempre, sumergida en la hierba,

despunte con el cuerpo medio roto,

que el amor, como un friso desgastado,

conserve dignidad contra el azul del cielo

y que en el mármol frío de una pasión antigua

los viajeros románticos afirmen

el homenaje de su nombre,

al comprender la suerte tan frágil de vivir,

los ojos que acertaron a cruzarse

 en la infinita soledad del tiempo.



CONFESIONES

Yo te estaba esperando. 

Más allá del invierno, en el cincuenta y ocho,

de la letra sin pulso y el verano

de mi primera carta,

por los pasillos lentos y el examen,

a través de los libros, de las tardes de fútbol,

 de la flor que no quiso convertirse en almohada,

más allá del muchacho obligado a la luna,

por debajo de todo lo que amé,

yo te estaba esperando.


Yo te estaba esperando.

Por detrás de las noches y las calles,

 de las hojas pisadas

y de las obras públicas

 y de los comentarios de la gente,

por encima de todo lo que soy,

 de algunos restaurantes a los que ya no vamos,

con más prisa que el tiempo que me huye,

más cerca de la luz y de la tierra, yo te estoy esperando.


Y seguiré esperando.

Como los amarillos del otoño,

todavía palabra de amor ante el silencio,

cuando la piel se apague, 

cuando el amor se abrace con la muerte

y se pongan más serias nuestras fotografías,

sobre el acantilado del recuerdo,

después que mi memoria se convierta en arena,

por detrás de la última mentira,

yo seguiré esperando.


TÚ QUE TODO LO SABES

Tal vez, tal vez tú puedas

encontrar lo que a mí me resulta imposible, 

lo que no he conseguido minuto tras minuto

de una noche de insomnio,

porque nada confiesan los últimos esfuerzos

del ascensor inútil

y mantienen silencio los ruidos de la luz

y los primeros coches.


Pero tal vez, seguro que tú puedes,

porque todo lo piensas y a todo le das vueltas,

encontrar lo que a mí me resulta imposible, 

un lugar de mi cuerpo, un rincón de mis ojos,

de tu pelo que sabe llorar como un recuerdo

sobre nosotros juntos,

de los labios que saben callarse como un sueño,

de las manos que buscan mi cara y me preguntan

y no esperan respuesta.


Seguro que tú puedes porque lo  piensas todo,

pero yo nada encuentro,

nada encuentro en mí mismo

que no viva rendido  ser memoria,

amor de ti,

sombra de lo que existe porque te pertenece.


MARTES Y LETRAS

Yo estoy donde tú estás. pero en la vida

hay cosas que no pueden compartirse.

Por eso sigo aquí y voy contigo,

 cercano y lejanísimo,

en busca de otro mundo que no es mío, 

aunque está junto a mí.


LA AUSENCIA ES UNA FORMA DEL INVIERNO

Como ele cuerpo de un hombre derrotado en la nieve,

con ese mismo invierno que hiela las canciones

cuando la tarde cae en la radio de un coche,

como los telegramas, como la voz herida

que cruza los teléfonos nocturnos,

igual que un faro cruza

por la melancolía de  las barcas en tierra,

como las dudas y las certidumbres,

como mi silueta en la ventana,

así duele una noche,

con ese mismo invierno de cuando tú me faltas,

con esa misma nieve que me ha dejado en blanco,

pues todo se me olvida

si tengo que aprender a recordarte.


RESUMEN

No existe libertad que no conozca,

ni humillación o miedo

a los que no me haya doblegado.

Por eso sé de amor,

por eso no medito el cuerpo que te doy,

por eso cuido tanto las cosas que digo.


POÉTICA

Ya sé que otros poetas

se visten de poeta, 

van a las oficinas del silencio,

administran los bancos del fulgor,

calculan con esencias

los saldos de sus fondos interiores,

son antorchas de reyes y de dioses

o son lengua de infierno.


Será que tienen alma.

Yo me conformo con tenerte a ti

y con tener conciencia.


LES PIDO QUE ME MIENTAN

Escribo para ti, 

pero no hablo contigo

al pensar mis palabras.


FIN DE AÑO

Porque sé que a este amor le pertenecen

los días que me faltan por vivir,

la realidad con su mirada inhóspita,

el deseo que nace de los sueños.


Porque lo sé, porque ya casi todo

pertenece a este amor,

como las realidades que viví,

como los sueños que me quedan.


DISCIPLINA SECRETA

La casa como barco

en alta mar de junio.

Las calles como trenes

de noche sosegada.


Estas cosas no pasan en el mundo.

Estoy por afirmar

que ahora vivo en un libro de poemas.

Pero si tú me miras,

decidida a existir

desde el fondo templado de tus ojos,

también existe el mundo.

Y muy probablemente

yo acabaré por existir contigo.


* los rostros juntos, 

en una de esas tardes infinitas

de las que nacen las estrellas,

mientras la noche hospitalaria

llega en forma de voz

y se acerca

                   y nos dice:

                                      venga,

vámonos de aquí.


COMPLETAMENTE VIERNES

Luis García Montero

Tus lecturas  me acercan a ti. 

                                                Siempre

domingo, 19 de diciembre de 2021

 


Por lo general, las personas no muestran lo terribles que son. Pero son como una vaca pastando tranquila que, de repente, levanta la cola y descarga un latigazo sobre el tábano. Basta que se dé la ocasión para que muestren su horrenda naturaleza. Recuerdo que se me llegaba a erizar el cabello de terror al pensar en que este carácter innato es una condición esencial para que el ser humano sobreviva. Al pensarlo, perdía cualquier esperanza sobre la humanidad.

 Siempre me había dado miedo la gente y, debido a mi falta de confianza en mi habilidad de hablar o actuar como un ser humano, mantuve mis agonías solitarias encerradas en el pecho y mi melancolía e inquietud ocultas tras un ingenuo optimismo. Y con el tiempo me fui perfeccionando en mi papel de extraño bufón.

No me importaba cómo: lo importante era conseguir que se rieran. De esta forma, quizá a los humanos no les importara que me mantuviera fuera de su vida diaria. Lo que debía evitar a toda costa era convertirme en un fastidio para ellos. Debía ser como la nada, el viento, el cielo... 




La sociedad. Para entonces hasta yo estaba empezando a tener una ligera idea de qué se trataba. O sea, una lucha entre individuos. Y una lucha en  que el ganarla lo supone todo. El ser humano no obedece a nadie. Hasta los esclavos llevan a cabo entre ellos mismos sus venganzas mezquinas. Los seres humanos no pueden relacionarse más allá de la rivalidad entre ganar y perder. A pesar de que colocan a sus esfuerzos etiquetas con nombre grandilocuentes, al final su objetivo es exclusivamente individual y, una vez logrado, de nuevo solo queda el individuo. La incomprensibilidad de la sociedad es la individuo. Y el océano no es la sociedad sino los individuos que la forman. Y yo, que vivía atemorizado por el océano llamado "sociedad", logré liberarme de ese miedo. Aprendí a actuar de una forma descarada, olvidándome de mis interminables preocupaciones, respondiendo a las necesidades inmediatas.

" Me separé", dije  tan solo...


Osamu Dazai

INDIGNO DE SER HUMANO

jueves, 28 de octubre de 2021

 



LA VOZ


Cada día el silencio de la habitación solitaria

se cierra de nuevo sobre el leve chapoteo de cada gesto,

como el aire. Cada día la angosta ventana

se abre inmóvil al aire que calla. La voz

ronca y dulce no retorna en el fresco silencio.


Se abre, como la respiración de quien está a punto de 

hablar,

el aire inmóvil y calla. Cada día es el mismo.

Y la voz es la misma, que no quiebra el silencio,

por siempre idéntica y ronca en la inmovilidad

del recuerdo. La clara ventana acompaña

con su breve latido la calma entonces.


Cada gesto golpea la calma entonces.

Si sonase la voz, tornaría el dolor.

Tornarían los gestos en el aire asombrado

y palabras, palabras a la voz queda.

Si sonase la voz, hasta el breve latido

del silencio que dura se haría dolor.


Tornarían los gestos del inútil dolor,

golpeando las cosas en el curso del tiempo.

Más no torna la voz y el remoto susurro

no crispa el recuerdo. La inmóvil luz

otorga su fresco latido. Para siempre, el silencio

calla, ronco y quedo, en el recuerdo de entonces.


MAÑANA


La ventana entornada recuadra un rostro

sobre el campo del mar. Los lindos cabellos

acompañan el tierno ritmo del mar.


No hay recuerdos en este rostro.

Sólo una sombra huidiza, como las nubes.

La sombra es húmeda y dulce como la arena

de una intacta caverna, bajo el crepúsculo.

No hay recuerdos. Sólo un susurro que es la voz del mar convertida en recuerdo.


En el crepúsculo, el agua mullida del alba, 

que se impregna de luz, alumbra el rostro.

Cada día es un milagro intemporal,

bajo el sol: lo impregnan una luz salobre

y un sabor a vívido marisco.


No existe recuerdo en este rostro.

No hay palabra que lo contenga

o vincule con cosas pasadas. Ayer,

 se desvaneció de la angosta ventana,

tal como se desvanecerá dentro de poco, sin tristeza

ni humanas palabras, sobre el campo del mar.


POR LA MAÑANA, TÚ REGRESAS SIEMPRE


La lumbrera del alba

respira con tu boca

en el fondo de las calles vacías.

Tus ojos, luz gris,

dulces gotas del alba

sobre oscuras colinas.

Tu paso y tu aliento

sumergen las casas

como viento del alba.

La ciudad se estremece,

exhalan las piedras - 

eres vida, despertar.


Estrella perdida

en la luz del alba,

crujido de la brisa,

tibieza, respiración-

la noche ha concluido.


Eres la luz y la mañana.

---


Las mañanas pasan claras

y desiertas. De igual modo tus ojos

se abrían hace tiempo. La mañana

transcurría lenta, era un remolino

de luz inmóvil. Callaba.

Tú callabas, viva; las cosas

vivían bajo tus ojos

( ni pena, ni fiebre, ni sombra)

como un mar matinal, claro.

Dónde tú estás, luz, está la mañana.

Eras la vida y las cosas.

En ti respirábamos, despiertos

bajo el cielo que aún hay en nosotros.

Ni pena, no fiebre, entonces,

ni esta sombra pesada del día 

lleno de gente y distinto.

¡ Oh luz, claridad lejana,

respiración cansada, dirige hacia nosotros

los ojos inmóviles y claros!

Es oscura la mañana que pasa

sin la luz de tus ojos.


Cesar Pavese.

Poesías completas

sábado, 11 de septiembre de 2021

MI VIDA ESCRITA POR OTRO

 


POEMAS DE AIRE

Los poemas de aire se mueren despacio;

demasiado ligeros para la página, demasiado débiles,

demasiado lejanos; los que llamamos La Luna,

Las Estrellas, El Sol, se hunden en el mar o tras los árboles

en el límite del campo. La tumba de la luz está en todas partes.


Un día de verano o noche de invierno los poemas cesarán.

Nadie llorará, nadie mirará el cielo.

Una niebla espesa llenará los valles,

una oscuridad indeleble lloverá sobre las montañas,

y nada, ni un solo pájaro, cantará.


Poemas Tempranos

Mark Strand

 


EXPLICACIÓN DE LA AUSENCIA

Desde que nos dejaste el tiempo nunca más se transformó

No rodó más hacia la fiesta no irrumpió

Como llamarada o nube en el corazón de nadie.

El cambio se hizo vacío repetido

Y el porvenir la misma afirmación de la ausencia.

Después el tiempo nunca más se acercó a la promesa

Ni se cumplió

Y la espera es no suceder - ojalá fuese abertura-

Y la nostalgia es todo ser igual.



Daniel Faria

Explicación de los árboles 

y de otros animales

viernes, 23 de abril de 2021

la vida

 




      LA NOCHE, ESTA MORADA


La noche, esta morada,

donde el hombre se encuentra

y está solo,

a punto de morir y comenzar

a andar en aires otros.


El mundo va a perder nubes, caballos,

vacila,

        se asombra,

                          se deshace,

cae como en los bordes del deseo

pero ya sin milagro.

Despacio la esperanza

viste su piel de olvido.

No veo más allá 

de un hombre que he llamado

letra a beso a caricia

a rosa abierta a vuelo ciego a llanto.


Y como todo está desposeído,

todo con el pie justo

para tocar en tierra oscura,

el cielo vuelto un hueco sin voz

y sin orillas,

ya no soy yo la pobre,

medida entre mortales, melancólicos aires,

cuerpo cegado de luz o simple lágrima.

Lo que este mar, esta creciente sombra

va perdiendo,

viene a salvarme a mí,

nube siempre,

                      caballo azul,

                                         eterno cielo.



HUECO DE TI


ALGUIEN siente que el aire

es algo más que el aire: 

lugar de ti,

Desnudo sitio de tu ausencia.


Todavía más lejos corre

lebrel y muro de tu cielo;

y aquí, en olas inútiles,

quiere suplir tu imagen.

Alguien siente los gestos,

la vida, los desnudos abrazos

que hay en el aire,

labios nuestros robados

quién sabe cómo,

manos nuestras, su pulso

dueño ya del espacio,

y que hay guerra

y maravilla hecha a sueños,

a erizado corazón, a deseos

de estar los cuerpos juntos,

solos, sin aire ajeno.

Alguien muere,

por darnos ya su cielo

nuestro todo.


POESÍA REUNIDA. IDA VITALE

                                             

viernes, 5 de marzo de 2021

Teníamos que irnos

                                                 Encuentro en el espacio,1899 Edvard Munch



   Los destinos humanos 

son como los planetas_

Como una estrella que

aparece en la oscuridad_

y se encuentra con otra estrella_

reduce un instante para luego volver

a desvanecerse en la oscuridad- así-

así se encuentran un hombre y una mujer- se

deslizan el uno hacia el otro brillan en un amor

-llamean- y desaparecen

cada uno por su lado-

Solo unos pocos se encuentran

en una gran llamarada- en la que ambos

pueden unirse plenamente


Niza 8/2/91


 El amor es como la melodía

al final de la pieza musical-

-cada vez aparece menos-

-pero aparece- una sola vez

entra la melodía con algo de la fuerza

del comienzo- luego se acaba

Como una noche en la playa

después de un día de viento-

Ves una sola ola- larga

moverse pesada cansinamente

hacia ti- no sabes si te alcanzará

- pero al final rompe contra

tus pies- y luego llega otra- y otra-

y te embarga una tristeza suave- extraña

estás muy solo

luego la gran soledad


                                           Dos personas. Los solitarios. 1933-35
                                            Edvard Munch

Los antiguos tenían razón cuando decían que
el amor era una llama- puesto que como la llama
solo deja tras de sí un montón de cenizas



Edvard Munch. EL FRISO DE LA VIDA


miércoles, 3 de marzo de 2021

  •   La duración de la vida humana es un instante en el espacio. Su sustancia, variable; las sensaciones, confusas. La composición de su cuerpo, algo fácilmente corruptible; su alma, una peonza; la fortuna, incierta, la fama, insegura. En resumen, todo lo relativo al cuerpo, un río; y lo que dimana del alma, un sueño, humo. La vida es lucha y peregrinaje por tierra extraña; la fama póstuma, olvido. ¿ Qué queda para acompañarnos?: una sola cosa, la filosofía. Es decir, mantener a nuestro genio interior, sin que sufra afrenta ni daño alguno, por encima de placeres y dolores, sin obrar al azar, al margen de falsedades y máscaras, sin preocuparse por lo que otra persona haga o deje de hacer, aceptando lo que pueda suceder o tocar en suerte, porque todo procede del mismo lugar de donde él mismo procede. Y sobre todo, que aguarde la muerte con entereza de ánimo, porque la muerte no supone sino la disolución de los elementos que constituyen un ser vivo. Si para estos elementos no resulta terrible estar en continuo cambio, ¿ por qué hemos de temer el cambio y la disolución del todo? Todo ello está regido por la naturaleza, y nada es malo si es conforme a la naturaleza.


                      No malgastes lo que te queda de vida en conjeturar sobre los demás, a no ser que tengas como objetivo el bien común; pues si te dedicas a imaginar qué hace la gente, por qué, qué dice, qué piensa, qué trama y cosas parecidas, dejarás de observar tu propia conciencia interior.   

... cada uno vive sólo el presente, un instante fugaz; el resto o ya se ha vivido o es incierto. Nuestra vida es insignificante, e insignificante también el cubículo  donde vivimos.       

No creas que las cosas son como las ven los insolentes ni como éstos quieren que tú las juzgues. Considéralas en su auténtica realidad.

_ ¿Tienes razón?
- Sí, la tengo.
_ Entonces, ¿ por qué no la empleas? Pues, si actúa como ella debe, ¿ qué más necesitas?     


Esto es todo lo que soy: un trozo de carne, un hálito vital, y una conciencia crítica.     
                    

      Meditaciones
     Marco Aurelio

                   

                    


 

lunes, 8 de febrero de 2021

Lo habíamos olvidado...

Una de mis preocupaciones constantes es el comprender cómo es que otra gente existe, cómo es que hay almas que no sean la mía, conciencias extrañas a mi conciencia , que por ser conciencia, me parece ser la única. Comprendo bien que el hombre que está delante de mí, y me habla con palabras iguales a las mías, y me ha hecho gestos que son como los que yo hago o podría hacer, sea de algún modo mi semejante. Lo mismo, sin embargo, me sucede con los grabados que sueño de las ilustraciones, con los personajes que veo de las novelas, con los personajes dramáticos que en el escenario pasan a través de los actores que los representan. 
Nadie, supongo, admite verdaderamente la existencia real de otra persona. Puede conceder que esa persona esté viva, que sienta y piense como él; pero habrá siempre un elemento anónimo de diferencia, una desventaja materializada. Hay figuras de tiempos idos, imágenes espíritus en libros, que son para nosotros realidades mayores que esas indiferencias encarnadas que hablan con nosotros por cima de los mostradores, o nos miran por casualidad en los tranvías, o nos rozan, transeúntes, en el acaso muerto de las calles, Los demás no son para nosotros más que el paisaje y, casi siempre, paisajes invisible de calle conocida.
Tengo por más mías, con mayor parentesco e intimidad, ciertas figuras que están escritas en los libros, ciertas imágenes que he conocido en estampas, que muchas personas, a las que llaman reales, que son de esa inutilidad metafísica llamada carne y hueso. Y "carne y hueso", en efecto, las describe bien: parecen cosas recortadas puestas en el exterior marmóreo de una carnicería, muertes que sangran como vidas, piernas y chuletas del Destino. 
No me avergüenzo de sentir así porque ya he visto que todos sienten así. Lo que parece haber de desprecio entre hombre y hombre, de indiferente que permite que se mate gente sin que se sienta que se mata, como entre los asesinos, o sin que se piense que se está matando, como entre los soldados, es que nadie presta la debida atención al hecho, parece abstruso, de que los demás también son almas.
Ciertos días, a ciertas horas, traídas a mí por no sé qué brisa, abiertas a mí por el abrirse de no sé qué puerta, siento de repente que el tendero de la esquina es un ente espiritual, que el hortera, que en este momento a la puerta sobre el saco de patatas, es, verdaderamente, un alma capaz de sufrir.
Cuando ayer me dijeron que el dependiente de la tabaquería se había suicidado, sentí una impresión de mentira. ¡ Pobrecillo, también existía! Lo habíamos olvidado, todos nosotros, todos nosotros que le conocíamos del mismo modo que todos los que no le conocieron. Mañana le olvidaremos mejor. Pero que tenía alma, la tenía para que se matase. ¿Amores? ¿ Angustias? Sin duda... Pero a mí, como a la humanidad entera, me queda sólo el recuerdo de una sonrisa tonta por cima de una chaqueta de mezclilla, sucia, y desigual en los hombros. Es cuanto me queda, a mí, de quien tanto sintió que se mató de sentir porque, en fin, de otra cosa no debe de  matarse nadie... Pensé una vez, al comprarle cigarrillos, que se quedaría calvo pronto. Al final, no ha tenido tiempo de quedarse calvo. Es uno de los recuerdos que me quedan de él. ¿Qué otro me había de quedar si éste, después de todo, no es suyo, sino de un pensamiento mío?
Tengo súbitamente la visión del cadáver, del ataúd en que le han metido, de la tumba, enteramente ajena, a la que tenían que haberle llevado. Y veo, de repente, que el dependiente de la tabaquería era, de cierta manera, chaqueta torcida y todo, la humanidad entera.
Ha sido tan sólo un momento. Hoy, ahora, claramente, como hombre que soy, él ha muerto. Nada más.
Sí, los demás no existen... Es para mí para quien este ocaso remansa, pesadamente alado, sus colores neblinosos y duros. Para mí, bajo el ocaso, tiembla, sin que yo le vea correr, el río grande. Ha sido hecha para mí esta plaza abierta sobre el río cuya marea se acerca. ¿ Ha sido enterrado hoy en la fosa común el dependiente de la tabaquería? No es para él el ocaso de hoy. Pero, de pensarlo, y sin que yo quiera, también ha dejado de ser para mí...

Fernando Pessoa
Libro del desasosiego

viernes, 22 de mayo de 2020




Volver al hogar

   Nunca he visto los cuervos abandonar el árbol por la mañana, pero cada tarde, una media  hora antes de que oscurezca, empiezan a acudir desde todos los puntos del pueblo. Tal vez haya algunos que se dediquen a barrer el cielo por zonas llamando a los demás para volverf a casa, o quizá vuelen por libre en círculos recogiendo a los rezagados antes de posarse en el árbol. He observado bastante, cabría esperar que a estas altutras lo supiera, pero yo solo veo cuervos, docenas de cuervos, que llegan volando desde todas las direcciones y cinco o seis se quedan dando vueltas como sobre el aeropuerto de O'Hare, graznando, graznando. Y de pronto se hace el silencio en una fracción de segundo y no ves ni uno. El árbol parece un arce corriente. Jamás dirías que hay tantos pájaros ahí metidos.

Ni siquiera sé por qué empecé a darle vueltas. Ahora las urracas pasan como relámpagos azules, verdes sobre el fondo nevado. Tienen un graznido similar, mandón y estridente. Por supuesto podría conseguir un libro o llamar a alguien y averiguar los hábitos de cría de los cuervos, pero lo que me preocupa es que los descubrí solo por azar. ¿ Qué más me he perdido? ¿ Cuántas veces en mi vida he estado, digámoslo así, en el porche de atrás y no en de delante? ¿Qué me habrían dicho que no alcancé a escuchar? ¿ Qué amor pudo haberse dado que no sentí?
  Son preguntas inútiles. La única razón por la que vivido tanto tiempo es porque fui soltando lastre del pasado. Cierro la puerta a la pena al pesar del remordimiento. Si permito que entren, aunque sea por una rendija de autocompasión, zas, la puerta se abrirá de golpe y una tempestad de dolor me desgarrará el corazón y cegará mis ojos de verguenza rompiendo tazas y botellas derribando frascos rmpiendo las ventanas tropezando sangrienta sobre azucar derramado y vidrios rotos aterrorizada entre arcadas hasta que con un estremecimiento y sollozo final consiga volver a cerrar la pesada puerta. Y recoja los pedazos una vez más.
  Tal vez no sea tan arriesgado dejar que el pasado entre, siempre que sea bajo la premisa < ¿ Y si?>. ¿ Y si hubiera hablado con Paul antes de que se marchara? ¿ Y si hubiera pedido ayuda? ¿Y si mi hubiera casado con H? Sentada aquí, mirando por la ventana el árbol donde ahora ahora no hay hojas ni cuervos, las respuestas a cada una de esas preguntas resultan extrañamente tranquilizadoras. Son especulaciones imposibles. Todo lo bueno o malo que ha ocurrido en mi vida ha sido predecible e inevitable, en especial las decisiones y los actos que han garantizado que ahora esté completamente sola.
  Pero ¿ y si vuelvo atrás, a antes de que nos mudáramos a Sudamérica?







  Todos tenemos nuestros álbumes de recortes mentales. Planos congelados. Instantáneas de gente a la que amamos en momentos. En esta aparece Sally enfundada en ropa deportiva verde oscura, cruzada de piernas en la cama.

Lucia Berlin
Manual para mujeres de la limpieza

               

domingo, 10 de mayo de 2020

TANGIBLE AUSENCIA



Que me dejen con mi voz nueva, desconocida. No, no me dejen. Oscura y triste la infancia se ha ido, y la gracia, y la disipación de los dones. Ahora las maravillas emanan del nuevo centro ( desdicha en el corazón de un poema a nadie destinado). Hablo con la voz que está detrás de la voz y con los mágicos sonidos del lenguaje de la endechadora..
  A unos ojos azules que daban sentido a mis sufrimientos en las noches de verano de la infancia. A mis palabras que avanzaban erguidas como el corcel del caballero de Bemberg. A la luz de una mirada que engalanaba mi vocabulario como a un espléndido palacio de papel.
  Me embriaga la luz. No nombro más que la luz. Quiero verla. Quiero ver en vez de nombrar.
  No sé dónde detenerme y morar. El lenguaje es vacuo y ningún objeto parece haber sido tocado por manos humanas. Ellos son todos y yo soy yo. Mundo despoblado, palabras reflejas que sólo solas se dicen. Ellas me están matando. Yo muero en poemas muertos que no fluyen como yo, que son de piedra como yo, ruedan y no ruedan, un zozobrar lingüístico, un inscribir a sangre y fuego lo que libremente se va y no volvería. Digo esto porque nunca más sabré destinar a nadie mis poemas.
  Vida, mi vida, ¿ qué has hecho de mi vida?
  Hemos consentido visiones y aceptado figuras presentidas según los temores y los deseos del momento, y me han  dicho tanto sobre cómo vivir que la muerte planea sobre mí en este momento que busco la salida, busco la salida.
  Volver a mi viejo dolor inacabable, sin desenlace. Temía quedarme sin un imposible. Y lo hallé, claro que lo hallé.
  La aurora gris para mi dolor infuso, me llaman de la habitación más cercana y del otro lado de todo espejo. LLamadas apresurándose a cubrir los agujeros de la ausencia que se multiplican mientras la noche se ofrece en bloques de dispersa oscuridad.
  Luz extraña a todos nosotros, algo que no se ve sino que ser oye, y no quisiera decir más porque todo en mí se dice con su sombra y cada yo y cada objeto con su doble.


                                                 El poeta y su poema

La poesía es el lugar donde todo sucede. A semejanza del amor, del humor, del suicidio y de todo acto profundamente subversivo, la poesía se desentiende de lo que no es su libertad o su verdad. Decir libertad o verdad y referir estas palabras al mundo en que vivimos o no vivimos es decir una mentira. No lo es cuando se las atribuye a la poesía: lugar donde todo es posible.

Cada día son más breves mis poemas; pequeños fuegos para quien anduvo perdida en lo extraño.

                                                                                         1968


Alejandra Pizarnik
Prosa completa

¿ Acaso es nada la vida? ¿ Por qué conceder tanto tiempo a tan inútil aprendizaje?


                                                                UN ROSTRO

Un rostro frente a tus ojos que lo miran y por favor: que no haya mirar sin ver. Cuando miras su rostro- por pasión, por necesidad  como la de respirar- sucede, y de esto te enteras mucho después, que ni siquiera lo miras. Pero si lo miraste, si lo bebiste como sólo puede y sabe una sedienta como tú. Ahora estás en la calle; te alejas, invadida por un rostro que miraste sin cesar, pero de súbito, flotante y descreída, te detienes, pues vienes de preguntarte si has visto su rostro. El combate con la desaparición es arduo. Buscas con urgencia en todas tus memorias, porque gracias a una simétrica repetición de experiencias sabes que si no lo recuerdas pocos instantes después de haberlo mirado este olvido significará los más desoladores días de búsqueda.
  Hasta que vuelvas a verlo frente al tuyo, y con renovada esperanza lo mires de nuevo, decidida, esta vez, a mirarlo en serio, de verdad, lo cual, y esto también lo sabes, te resulta imposible, pues es la condición del amor que le tienes.
                                                           París, mayo de 1962


                                                                    PALABRAS

Se espera que la luvia pase. Se espera que los vientos lleguen. Se espera. Se dice. Por amor al silencio se dicen miserables palabras. Un decir forzoso, forzado, un decir sin salida posible, por amor al silencio, por amor al lenguaje de los cuerpos. Yo hablaba. En mí el lenguaje es siempre un tretexto para el silencio. Es mi manera de expresar mi fatiga inexpresable.
                                                                 Siempre he sido yo la silenciosa
                                                                 Ésta es ahora mi vida: mesurarme, temblar ante cada voz, temblar las palabras apelando a todo lo que de nefasto y de maldito he oído y leído en materia de formas de seducción.
                                                                                1964


                                                                   DEVOCIÓN

Debajo de un árbol, frente a la casa, veíase una mesa y sentados a ella, la muerte y la niña tomaban el té. Una muñeca estaba sentada entre ellas,indeciblemente hermosa y la muerte y la niña la miraban más que al crepúsculo, a la vez que hablaban por encima de ella.
- Toma un poco de vino- dijo la muerte.
La niña dirigió una mirada a su alrededor, sin ver, sobre la mesa, otra cosa que té.
-No veo que haya vino- dijo.
- Esc que no hay- contestó la muerte.
- ¿ Y por qué me dijo usted que había? - dijo.
- Nunca dije que hubiera sino que tomes- dijo la muerte.
- Pues entonces ha cometido usted una incorrección al ofrecérmelo- respondió la niña muy enojada.
- Soy huérfana. Nadie se ocupó de darme una educación esmerada- se disculpó la muerte.
La muñeca abrió los ojos.
                                                                                 1965

                                                            NIÑA EN EL JARDÍN   

Un claro en un jardín oscuro o un pequeño espacio de luz entre hojas negras. Allí estoy yo, dueña de mis cuatro años, señora de los pájaros celestes y de los párajos rojos. Al más hermoso le digo:
- Te voy a regalar a no sé quién-
- ¿ Cómo sabes que le gustaré?- dice.
- Voy a regalarte- digo.
-Nunca tendrás a quien  regalar un pájaro- dice el pájaro. 

                                                                                  1966   

La conciencia del fuego apagó la de la tierra. Mi visión del mundo se resuelve en un adiós dudoso, en un prometedor nunca.
  Culpa por haberme ilusionado con el presunto poder del lenguaje.
  Todo es un interio. Por tanto, el poema es incapaz de aludir hasta a las sombras más visibles y menos traídoras.
  Hablar es comentar lo que place o disgusta. Lenguaje visceral constatador de los fantasmas de las apariencias.
  Escribir no es más lo mío. Con solo nombrar  alcoholes temibles, yo me embriagaba. Ahora- lo peor es ahora, no el miedo a un desastre futuro sino la de algún modo voluptuosa constatación del presente infuso de persencias desmoronadas y hostiles. Ya no es eficaz para mí el lenguaje que heredé de unos extraños. Tan extrajera, tan sin patria, sin lengua natal. Los que decían: " y era nuestra herencia una red de agujeros", hablaban, al menos, en plural. Yo hablo desde mí, si bien mi herida no dejará de coincidir con la de alguna otra supliciada que algún día me leerá con fervor por haber logrado, yo, decir que no puedo decir nada.
                                                                             8 de agosto de 1971 


Alejandra Pizarnik
Prosa completa

lunes, 4 de mayo de 2020

Él Y ELLA



¿ La división entre hombres y mujeres es un producto de la imaginación, como el sistema de las castas en la India y el sistema racial en América, o es una división natural con profundas raíces biológicas? Y si realmente es una división natural, ¿ existen asimismo explicaciones biológicas para la preferencia que se da a los hombres sobre las mujeres?

Sapiens. De animales a dioses
Yuval Noah Harari

miércoles, 8 de abril de 2020




Como todo el mundo, sólo tengo a mi servicio tres medios para evaluar la existencia humana: el estudio de mi mismo, que es el más difícil y peligroso, pero también el más fecundo de los métodos; la observación de los hombres, que logran casi siempre ocultarnos sus secretos o hacernos creer que los tienen; y los libros, con los errores particulares de perspectiva que nacen entre sus líneas. He leído casi todo lo que han escrito nuestros historiadores, nuestro poetas y aun nuestros narradores, aunque se acuse a estos últimos de frivolidad; quizá les debo más informaciones de las que pude recoger en las muy variadas  situaciones de mi propia vida. La palabra escrita me enseñó a escuchar la voz humana, un poco como las grandes actitudes inmóviles de las estatuas me enseñaron a apreciar los gestos. En cambio, y posteriormente, la vida me aclaró los libros.
  Pero los escritores mienten, aun los más sinceros. Los menos hábiles, carentes de palabras y frases capaces de encerrala, retienen una imagen pobre y chata de la vida; algunos, como Lucano, la cargan y abruman con una dignidad que no posee. Otros como Petronio, la aligeran, la convierten en una pelota hueca que rebota, fácil de recibir y lanzar en un universo sin peso. Los poetas nos transportan a un mundo más vasto o más hermoso, más ardiente o más dulce que el que nos ha sido dado, diferente de él y casi inhabitable en la práctica. Para estudiarla en toda su pureza, los filósofos hacen sufrir a la realidad casi todas las mismas transformaciones  que el fuego o el mortero hacen sufrir a los cuerpos; en esos cristales o en esas cenizas nada parece subsistir de un ser o de un hecho tales como los conocimos.

  La observación directa de los hombres es un método aún más incompleto, que en la mayoría de los casos se reduce a las groseras de las que tengo comprobaciones que constituyen el pasto de la malevolencia humana. La jerarquía, la posición, todos nuestros azares restringen el campo visual del conocedor de hombres; para observarme, mi esclavo goza de facilidades totalmente distintas de las que tengo yo para observarlo; pero las suyas son tan limitadas como las mías.

  En cuanto a la observación de mí mismo, me obligo a ella aunque sólo sea para llegar a un acuerdo con ese individuo con quien me veré forzado a vivir hasta el fin, pero una familiaridad de casi sesenta años guarda todavía muchas posibilidades de error. En lo más profundo, mi autoconocimiento es oscuro, interior, informulado, secreto como una complicidad. En lo más  impersonal, es tan glacial como las teorías que yo puedo elaborar sobre los números: empleo mi inteligencia para ver de lejos y desde lo alto mi propia vida, que se convierte así en la vida de otro. Pero estos dos medios de conocimiento son difíciles; el uno exige un descenso, y el otro una salida de uno mismo. LLevado por la inercia, tiendo como todos a reemplazarlos por una mera rutina, una idea de mi vida parcialmente modificada por la imagen que de ella se hace el público, por  juicios en  falsos, como un patrón  ya preparado al cual un sastre inepto adapta penosamente nuestra tela propia. Equipo de valor desigual; instrumentos más o menos embotados. Pero no tengo otros, y con ellos me fabrico lo mejor que puedo una idea de mi destino de hombre.

  Cuando considero mi vida, me espanta encontrarla informe.

  El paisaje de mis días parece estar compuesto, como las regiones montañosas, de materiales diversos amontonados sin orden alguno. Veo allí mi naturaleza, ya compleja, formada por partes iguales de instinto y de cultura.

Marguerite Yourcenar. Memorias de Adriano

jueves, 26 de marzo de 2020

el perdedor


   Predicó en el desierto y murió solo.
   Simón Rodríguez, que había sido maestro de Bolivar, anduvo medio siglo por los caminos de América, a lomos de mula, fundando escuelas y diciendo lo que nadie quería escuchar.
   Un incendió se llevó casi todos los papeles. Éstas son algunas de las palabras que sobrevivieron.

* Sobre la independencia: somos independientes, pero no libres. Hágase algo por unos pobres pueblos que han venido a ser menos libres que antes. Antes tenían un rey pastor, que no se los comía sino después de muertos. Ahora se los come vivos el primero que llega.

* Sobre el colonialismo mental: La sabiduría de Europa y la prosperidad de los Estados Unidos son, en América, dos enemigos de la libertad de pensar. Nada quieren las nuevas repúblicas admitir, que no traiga el pase... ¡ Imiten la originalidad, ya que tratan de imitar todo!
* Sobre el colonialismo comercial: Unos toman por prosperidad el ver sus puertos llenos de barcos... ajenos, y sus  casas convertidas en almacenes de efectos... ajenos. Cada día llega una remesa de ropa hecha, y hasta de gorras para los indios. En breve se verán paquetitos dorados, con las armas de la corona, conteniendo greda preparada por un nuevo proceder, para los muchachos acostumbrados a comer tierra.

*Sobre la educación popular: Mandar recitar de memoria lo que no se entiende, es hacer papagayos. Enseñen a los niños a ser preguntones, para que se acostumbren a obedecer a la razón: no a la autoridad como los limitados, ni a la costumbre como los estúpidos. Al que no sabe, cualquiera lo engaña. Al que no tiene, cualquiera lo compra.

EDUARDO GALEANO. ESPEJOS

lunes, 23 de marzo de 2020

la memoria







  Esta hora de la tarde, que para los creyentes es la hora del examen de conciencia, es dura para el prisionero o el exiliado que no tiene que examinar más que el vacío. Quedaban un momento suspendidos de ella, después volvían a la atonía y se encerraban en la peste.
  Ya quedaba explicado que todo consistía en renunciar a lo que había en ellos de más personal. Mientras que en los primeros tiempos de la peste eran heridos por una multitud de pequeñeces que contaban mucho para ellos y nada para los otros, y hacían así la experiencia de la vida personal, ahora, por el contrario, no se interesaban sino en lo que interesaba a los otros, no tenían más que ideas generales y su amor mismo había tomado para ellos la fisonomía más abstracta. A tal punto estaban abandonados a la peste que a veces les sucedía no esperar sino en su sueño y se sorprendían pensando: ¡ Los bubones y acabar de una vez!. pero, en verdad, ya estaban dormidos; todo aquel tiempo fue como un largo sueño. La ciudad estaba llena de dormidos despiertos que no escapaban realmente a su suerte sino esas pocas veces en que, por la noche, su herida, en apariencia cerrada se habría bruscamente. Y despertados por ella con un sobresalto, tanteaban con una especie de distracción sus labios irritados, volviendo a encontrar en un relámpago su sufrimiento, súbitamente rejuvenecido, y, con él, el rostro acongojado de su amor. Por la mañana volvían a la plaga, esto es, a la  rutina.
  Pero, se dirá, esos separados, ¿ que aspecto tenían? Pues bien, no tenían ningún aspecto particular. O si se quiere, tenían el mismo aspecto de los demás, un aspecto enteramente general. Compartían la placidez y las agitaciones pueriles de la ciudad. Perdían la apariencia del sentido crítico adquiriendo la apariencia de la sangre fría. Se podía ver, por ejemplo, a los más inteligentes haciendo como que buscaban, al igual que todo el mundo, en los periódicos o en las emisiones de radio, razones para creer en un rápido fin de la peste, para concebir esperanzas quiméricas o experimentar temores sin fundamento ante la lectura de ciertas consideraciones que cualquier periodista había escrito al azar, bostezando de aburrimiento... La peste había suprimido las tablas de valores. Y esto se veía, sobre todo, en que nadie se preocupaba de la calidad de los trajes ni de los alimentos. Todo se aceptaba en bloque.
 Podemos decir, para terminar, que los separados ya no tenían aquel curioso privilegio que al principio  los preservaba. Habían perdido el egoísmo del amor y el beneficio que conforta. Ahora, al menos, la situación estaba clara: la plaga alcanzaba a todo el mundo... Nuestro amor estaba siempre ahí, sin duda, pero sencillamente no era utilizable, era pesado de llevar, inerte en el fondo de nosotros mismos, estéril como el crimen o la condenación. No era más que una paciencia sin porvenir y una esperanza obstinada. Y desde este punto de vista, la actitud de algunos de nuestros conciudadanos era  como esas largas colas en los cuatro extremos de la ciudad, a la puerta de los almacenes de los productos alimenticios. Era la misma resignación y la misma longanimidad a la vez ilimitada y sin ilusiones.



- ¿ Cree usted en Dios, doctor?
También esta pregunta estaba formulada con naturalidad. Pero Rieux titubeó.
- No, pero eso ¿ qué importa? Yo vivo en la noche y hago por ver claro.




¿ No es cierto, puesto que el orden del mundo está regido por la muerte, que acaso es mejor para Dios que no crea uno en Él y que luche con todas sus fuerzas contra la muerte, sin levantar los ojos al cielo donde Él está callado?
-Sí - asintió Tarrou-, puedo comprenderlo. Pero las victorias de usted serán siempre provisionales, eso es todo.
Rieux pareció ponerse sombrío.
- Siempre, ya lo sé. Pero eso no es una razón para dejar de luchar.
- No, no es una razón. Pero me imagino, entonces, lo que debe de ser una peste para usted.
- Sí- dijo Rieux-, una interminable derrota.
Tarrou se quedó mirando un rato al doctor, después se levantó y fue pesadamente hacia la puerta.
Rieux le siguió. Cuando ya estaba junto a él, Tarrou, que iba como mirándose los pies, le dijo:
- ¿ Quién le ha enseñado  a usted todo eso, doctor?
La respuesta vino inmediatamente.
- La miseria.


LA PESTE.  ALBERT  CAMUS