domingo, 10 de mayo de 2026

 



  Pero todos los sentimientos que nos provoca la alegría o el infortunio de un personaje real no se producen en nosotros sino por mediación de una imagen de esa alegría o ese infortunio, la genialidad del primer novelista consistió en entender que en el aparato de nuestras emociones, al ser la imagen el único elemento esencial, la simplificación que consistiera en suprimir lisa y llanamente los personajes reales sería un perfeccionamiento decisivo. Un ser real, por muy hondamente que simpaticemos con él, es percibido en gran medida por nuestros sentidos, por lo que nos resulta opaco, ofrece un peso muerto que nuestra sensibilidad no puede levantar. Si le sucede una desgracia, nuestra aflicción solo se ciñe a una pequeña parte de la noción total que tenemos de él; y es más: solo en una parte de la noción que tiene de sí mismo podrá afligirse él. El hallazgo del novelista fue que se le ocurriera sustituir esas partes impenetrables para el alma por una cantidad igual de partes inmateriales; es decir, de las que nuestra alma se puede apropiar. Ya qué más da que las acciones, que las emociones de esos seres de una nueva especie resulten de verdad, puesto que las hemos hecho nuestras, que es en nosotros donde se producen, donde se adueñan, mientras pasamos febrilmente las páginas del libro, de la rapidez de nuestra respiración y la intensidad de nuestra mirada. Y una vez que el novelista nos ha puesto en ese estado, en el que, como en todos los estados puramente interiores, toda emoción se centuplica , en el que su libro nos va a turbar como lo haría un sueño, aunque más claro que los que tenemos durmiendo y cuyo recuerdo durará más, desencadena entonces en nosotros durante una hora todas las venturas y desventuras que en la vida tardaríamos años en conocer, y aun así no todas, como las más intensas, que jamás nos serían reveladas, porque la lentitud con que se producen nos priva de su percepción ( así nuestro corazón cambia a lo largo de la vida, y es el peor dolor, pero no lo conocemos más que en la lectura y la imaginación; en la realidad cambia como cambian ciertos fenómenos de la naturaleza: lo bastante despacio para que, aun pudiendo constatar sucesivamente cada uno de sus distintos estados, la sensación misma del cambio nos sea por el contrario escamoteada).

Marcel Proust

En busca del tiempo perdido.

I .Por el camino de Swann


                                                      El ladrón de orquídeas 2002



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