viernes, 12 de junio de 2026


 Cualquier historia, hasta que ha ocurrido y es personal, cuando pasa a través del lenguaje, cuando se reviste de palabras, deja de pertenecernos, ya forma parte tanto del ámbito de lo real como del de la ficción.

 ¿ De qué hablamos cuando hablamos de la muerte? ¿ De aquel que se ha ido o de nosotros? ¿ De la ausencia misma? Está tan ausente que llena cada minuto  libre con su ausencia.

  Su presencia hasta ahora certificada también mi propia presencia, la presencia de mi niñez. A su vez, su ausencia pone en marcha toda la maquinaria de la memoria. Cosas en las que no había pensado en mucho tiempo se despiertan ahora, yo las despierto, para estar seguro de que todo aquello fue real. La memoria voluntaria y la involuntaria trabajan juntas, hacen girar el ruginoso mecanismo del recuerdo, desempolvan  o rellenan con imaginación aquello que no se ve con claridad. Y hay que reconocer que este es un trabajo centrado tanto en la memoria del que se ha ido como en nosotros mismos, de dar sentido al hecho de que seguimos aquí cuando el otro ya se ha ido.

 ¿ Seguimos existiendo si se va la última persona que nos recordaba como niños?

¿ De qué hablamos cuando hablamos de la muerte: De la vida, por supuesto, en toda su fascinante fugacidad.

  Las personas soñadas son más que nosotros/ Pero no ocupan lugar..., escribe Tomas Trastromer en un poema titulado " Seminario de sueños".

 Los muertos también son más que nosotros, pienso mientras leo estas líneas. Y a pesar de que no ocupan, pueblan otras habitaciones, atraviesan otras puertas invisibles en el tiempo donde nos cruzamos en un instante. Habitaciones de ayer, como decía Gautín, las habitaciones de las tardes, con la luz mortecina y una mariposa muerta en el cenicero de la mesa. Hay que pisar con cuidado allí, decía siempre él, para no levantar polvo, y hay que cerrar bien la puerta para que no se mezclen los tiempos.

      Y no toques el reloj, va con la hora de otro tiempo...


 El duelo en realidad es egocéntrico, duelo por uno mismo en un mundo abandonado. Cómo viviré yo...Pero esta es solo una parte de la historia, solo una de las caras de la despedida.

Mientras tanto, él también  se despedía de nosotros.

Y su despedida fue sin duda más dramática que la nuestra. ¿ Podemos asomarnos a sus últimos pensamientos y soportar ( por un instante) lo que  contienen?

¿ Cómo viviré ( no, la palabra ya es distinta), cómo moriré, cómo muertearé toda la eternidad sin vosotros?

¿ Cómo muertearé ( o estaré muerteando) sin todo lo que fue y, peor aún, sin todo lo que llegará...?


Así debe de ser la tristeza de los  moribundos.

  Tristeza que se alimenta no solo del pasado, sino del futuro, sobre todo del futuro.

 Si fuera solo  del pasado, sería fácil: según todas las leyes de la perspectiva, cuanto más nos alejáramos en los días, más pequeña parecería la tristeza.

 Pero la tristeza ya ha puesto sus huevos en los días venideros y nos saluda con la mano desde allí.

Tristeza por la llegada de la  primavera, cuando brotará de nuevo todo lo que plantó, pero él no podrá verlo.

 Tristeza por el hecho de que sus nietos crecerán hasta ser tan altos como él, pero él no estará con ellos.

 Un día llegarán los bisnietos que esperaba, pero ellos no lo recordarán y él no saltará a la comba delante de ellos para hacerlos reír

 Tristeza por  el cerezo que plantó dos o tres años atrás y que ahora dará su primera cosecha.

 Es en el futuro donde el árbol de la tristeza florecerá, dará fruto y echará más y más ramas.

  La muerte es un cerezo que madura sin ti.

Mi padre se ha ido. No sé que hacer.

 No sé qué hacer con los veranos, que siempre asocio con él y con mi madre, con la casa y con el jardín, no sé que hacer con todos esos recuerdos que van saltando, no sé qué hacer con el pasado ni con los días que vienen.

 No sé  qué con todas las preguntas que irán apareciendo en el futuro.

 No sé qué hacer con las historias por las que no le pregunté y se quedaron sin contar.

 No sé qué hacer con esto que estoy escribiendo, que se supone que es sobre él, pero también sobre mí y sobre todos los padres cuyos pasos seguimos para alcanzarlos.

 No sé qué hacer en su cumpleaños, si seguimos celebrando ese día póstumamente o si una una nueva fecha, la fecha de su muerte, ha venido para aniquilar la del nacimiento.

 No sé qué hacer en Semana Santa y en Navidad, en todas las fiestas venideras y en todas las tardes por venir.


Gueorgui Gospodínov. El jardinero y la muerte.



                                                                     Aftersun 2022

   

                                                                            2020

¿ Por qué nadie nos enseña qué hacer con la muerte de los otros?

¿ Por qué nadie nos enseña cómo se muere, cómo debemos morir?


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