lunes, 5 de octubre de 2026

¿ En qué difiere el nunca será de lo que nunca fue?

  Lo vio venir por la hierba y arrodillarse junto a él con la taza de agua que había ido a buscar. A su alrededor todo era luz. Cogió la taza y bebió  y se acostó de nuevo. Para comer tenían una sola lata de melocotones pero hizo que los comiera el chico y no quiso probar ninguno. Es que no puedo, dijo. No tiene importancia.

  Te guardo la mitad.

  Vale. Guárdamelos hasta mañana.

  Cogió la taza y se alejó y cuando lo hizo la luz se movió con él. Había querido probar de hacer una tienda con la lona pero el hombre no le dejó. Decía que no quería nada que lo cubriese. Se quedó acostado mirando al chico junto al fuego. Quería ser capaz de ver. Mira todo esto, dijo. No hay un solo profeta en la larga crónica de la Tierra que no encuentre hoy aquí su razón de ser. Teníais razón, hablarais de lo que hablarais.


El chico creyó notar un olor a ceniza húmeda en el viento. Se adelantó por la carretera y volvió arrastrando un pedazo de contrachapado de la basura que había en la cuneta y hundió unos palos en el suelo con una piedra y de la madera hizo un cobertizo pero al final no llovió. Dejó la pistola de señales y se llevó el revolver y rastreó el campo en busca de algo que comer pero regresó con las manos vacías. El hombre le cogió la mano, resollando. Tendrás que seguir tú solo, dijo. Yo no puedo ir contigo. Tienes que seguir adelante. No se sabe lo que puede deparar la carretera. Siempre hemos tenido suerte. Tú la tendrás otra vez. Estoy seguro. Anda, ve. No pasa nada.

  No puedo.

  Tranquilo. Esto se veía venir desde hace tiempo. Ya está aquí. Continúa hacia el sur: Haz como hemos hecho hasta ahora.

  Te pondrás bien, papá. Tienes que ponerte bien.

  No. Lleva siempre encima la pistola. Necesitas encontrar a los buenos pero no debes correr ningún riesgo. Ninguno. ¿ Has entendido?

  Quiero estar contigo.

  No puede ser.

  Por favor.

  No. Tienes que llevar el fuego.

  No sé cómo hacerlo.

  Sí que lo sabes.

  ¿Es de verdad? ¿ El fuego?

  Sí.

  ¿ Dónde está? Yo no sé dónde está el fuego.

  Sí que  lo sabes. Está en tu interior. Siempre ha estado ahí.

Yo lo veo.

  Llévame contigo. Por favor.

  No puedo.

  Por favor , papá.

  No puedo. No puedo llevar a mi hijo muerto en brazos.

Pensé que podría pero no puedo.

  Dijiste que no me abandonarías nunca.

  Lo sé. Perdona. Te llevo en mi corazón. Como te he llevado siempre. Eres el mejor que conozco. Siempre lo has sido. Aunque yo no esté tú puedes seguir hablándome. Puedes hablarme y yo te hablaré a ti. Ya verás.

  ¿ Te oiré?

  Sí. Claro que sí. Tienes que hacer como si imaginaras que hablamos. Y me oirás. Tienes que practicar. No te rindas nunca. ¿ Vale?

  Vale.

  Vale. 

  Tengo mucho miedo, papá.

  Lo sé. Pero no te pasará nada. Tendrás suerte. Estoy convencido. No puedo hablar más. Voy a empezar a toser otra vez.

  Está bien, papá. No hace falta que hables. Está bien.


Caminó un trecho por la carretera hasta que le pareció demasiado arriesgado y luego volvió. Su padre estaba dormido. Se sentó a su lado bajo el tablero y le observó. Cerró los ojos y le habló y mantuvo los ojos cerrados y trató de escuchar. Luego volvió a intentarlo.

CORMAC

McCARTHY

La carretera


                                                                La carretera 2009               

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