jueves, 2 de enero de 2025

Algunos poemas...

 

QUIMERA


Nunca fuiste quien quisiste ser,

quien creías que eras.

El traje equivocado

en un mundo volcado.


Siempre has ido con la mentira,

la más antigua prometida, nunca creíste

que los dichos cercanos


son los más íntimos. Para ti era

más familiar la aparición

que el primer pensamiento,


tenías demasiado mundo, demasiado musgo

en tu estatua, estabas

con el libro que tú mismo no querías leer,


un hombre de carne que se volvió cal,

un ángel de sombra, solo,

y envuelto en el vacío oficio

de tu nombre.

                                                 Así pudo ser

Cees Nooteboom


Películas olvidadas


                                              Noche nupcial ( 1935) King Vidor

martes, 24 de diciembre de 2024

Los libros

 

  Con los libros abrimos toda una sucesión de pasados individuales, de voces singulares que ha superado el tiempo y el olvido. Y que, por ello, han conseguido la única forma de humana inmortalidad..

  La posibilidad de permanecer otorga al libro una vida especial. En el silencio de las bibliotecas, donde presentimos las voces que nuestro ojos pueden oír cada vez que el tiempo de cada ser se asocia con el tiempo apresado en la memoria de seas páginas, sentimos la presencia de una historia que soprepasa los latidos de cada historia personal. Es cierto que no todo lo que pensaron aquellos que nos precedieron en el fluir del tiempo ha quedado recogido en la escritura, pero basta el incalculable tesoro de lo ya escrito para percibir ese otro mundo que sobrepasa el pequeño círculo en el que, originariamente, está instalada nuestra solitaria, clausurada y tantas veces empobrecida individualidad.

  La escritura posada y materializada en las páginas de los libros es, pues, el tesoro más importante de la historia humana.

  Los libros, en el tiempo de las experiencias múltiples de quienes escribieron, encierran la vida de todas las ideas que la mente humana pudo apresar y universalizar desde la singular historia, desde la mirada individual de cada ser personal. Y eso sumerge al individuo en la compañía de unas formas de inagotables lenguajes.

  Con los libros abrimos, pues, toda una sucesión de voces singulares, de pasados individuales que, por ese medio, han logrado escapar al fluido uniforme de la temporalidad y liberarse de la claudicación que supone el saber que lo que hablamos se esfuma y diluye en unos instantes.

  Con los libros podemos alzarnos sobre el monótono palpitar de la conciencia alimentada solo por las presiones vitales de cada biografía. Por eso, cuando se ha pretendido el entontecimiento colectivo, el fanatismo, que tantas veces alcanza el dominio sobre los individuos indefensos, ante la miseria, la pobreza, el abandono y el desprecio, ha fomentado el analfabetismo real, o los sucedáneos que permiten los sutiles y mareantes vericuetos de la llamada sociedad de la información.. La escritura permitió que esas nuevas formas de realidad entrasen a convivir con nosotros y, sobre todo, a alimentar la vida intelectual y afectiva.

    Al pasar las páginas con nuestros dedos descubríamos una misteriosa posibilidad de acariciar el tiempo, de sentirnos identificados con aquella silenciosa voz que la vida ideal y real de nuestros ojos hacía, instante a instante, latido a latido, renacer.

  Por eso los  medios tecnológicos, las nuevas formas de presentar la escritura, jamás podrán suplantar esos objetos vivos, reales, que empiezan  a llenar el espacio de nuestras casas y a los que acudimos en esos momentos en que necesitamos escuchar, sentir, el tiempo pasado y las voces que nos lo hablan.

   Hay momentos de nuestra existencia en los que por la edad, por la posible pérdida de vigor o de entusiasmo, porque entrevemos que nuestro curso vital está ya en otro territorio, en un posible espacio  de la más o menos lograda madurez , descubrimos cómo son ellos, los libros, los que, paradójicamente, nos leen a nosotros mismos, los que nos instan a que volvamos a tomarlos en las manos, a descubrir aquel subrayado amarillento, aquella hoja doblada, aquel lomo deshilachado, aquella fecha, aquella dedicatoria- " tanto impulso que corre a mi destino, desemboca en tu mundo".

  Y nos leen porque al verlos en la estantería en la que reposan comprobamos que hace tiempo, años quizá, que no los tocamos, como si se hubiera alejado ya de nuestros intereses, y recordamos como en un horizonte neblinoso lo que en su momento nos dijeron, lo que nos enseñaron y aleccionaron. Ese mensaje que nos lanzan se engarza con la memoria imprecisa que tenemos de ellos y volvemos a leerlos, a enlazarnos de nuevo con su memoria y con la nuestra. Ese vínculo de amistad inalterable, esa amistad y amor que, con el lenguaje, es una de las pocas cosas por las que merece la pena vivir, nos sumergen en el infinito amor por los seres humanos, desde las palabras de aquellos que con sus obras nos hablaron para que aprendiéramos también a mirar el mundo y, de paso, a amistarnos con los sin voz.

EMILIO LLEDÓ. Los libros y la libertad



                                                      
                                                    El lector (2008)




                                                   La librería ( 2017)

sábado, 21 de diciembre de 2024

Muchas veces olvidamos que pensar es una forma, la más delicada y sutil, de ver.

 

Es difícil entender hoy lo que decimos cuando hablamos de cultura, sobre todo si pensamos, por ejemplo, en expresiones como "cultura de masas". Parece que estamos aceptando opiniones y conocimientos que no solo sostienen un cierto conformismo con la ignorancia, sino que, de paso, asumen la imposibilidad de salir de ella, como si un aciago destino imperara irremediablemente sobre amplios sectores de la sociedad.


La interpretación es una empresa que, en principio, no quiere decir otra cosa que la continuada y estimulante- deprimente, a veces- necesidad de saber quiénes somos, qué podemos hacer y cuáles son nuestros deberes para con nosotros mismos y para con los demás, tal como planteaba Kant en un famoso texto. No podemos estar en la vida sujetos al ritmo inerte en el que muchas veces nos sumergimos y en el que acabamos siendo incapaces de entender y entendernos. Esa incapacidad surge porque una serie de estímulos, repetidos a lo largo de los años, fruto de ideologías, entorpecimientos mentales, fanatismos e intereses, han levantado en nuestro cerebro grumos de opiniones en los que apoyamos nuestros comportamientos y con los que los justificamos.

   Es verdad que hay en el mundo que nos ha tocado vivir lagunas inmensas de ignorancia y miseria sobre las que apenas pueden liberarse las formas imprescindibles de humanización y progreso. Pero esas patologías sociales a las que millones de seres humanos nacen condenados no impiden que, además de luchar para hacer imposible esas situaciones, seamos capaces de descubrir, al mismo tiempo, ese horizonte de libertad que alcanzaron determinadas culturas fundadas en la curiosidad, en la inteligencia e interpretación de la realidad y en la rebelión ante todo aquello que agrumaba la capacidad de pensar.

  Entender e interpretar la vida y la sociedad fue una forma de reflejar el lenguaje en el que nacemos y con el que se forja nuestra persona. Una necesidad, pues, de liberación de la mirada habitual sobre el mundo y, especialmente, sobre el lenguaje que nos lo dice. Alguna vez se ha escrito que, más que entre un mundo de cosas, nacemos en un mundo de significaciones. Y esas significaciones nos "destinan" ya a un universo de sentidos, de hábitos mentales, de actitudes y comportamientos.

  El fundamento del existir no solo consiste en asumir nuestra maravillosa condición carnal, por muy efímera que sea, sino en rebelarnos ante la condición cultural que puede transformarse en naturaleza a su vez, pero no naturaleza como libertad, idealidad, creatividad, sino en naturaleza coagulada y paralizada en opiniones y falsificaciones. El mundo mental que nos habita y que es principio de liberación puede transformarse, así, en encierro y alienación.  Precisamente porque la cultura es invento de los seres humanos y por ello tiene que estar continuamente en un proceso de crítica, de reflexión y de creación no se debe aceptar esa inercia que nos cosifica y anula, que nos "naturaliza" en el peor sentido de la palabra. Quiero decir que hace de la libertad que crea y forja el mundo de la cultura un organismo coagulado ya en comportamientos mecánicos, en respuestas monocordes donde predominan prejuicios, grumos mentales y todo ese aparato de reflejos condicionados que determinados poderes políticos y económicos, los medios de comunicación, la "mala educación", son capaces de engendrar.

EMILIO LLEDÓ. Los libros y la libertad.


Recomendaciones para la Navidad:


                                            Los que se quedan ( 2023)

martes, 17 de diciembre de 2024

 




1. LA ERA DE LA ANSIEDAD


Según todas las apariencias externas, la vida es una chispa luminosa entre dos oscuridades eternas. Tampoco el intervalo entre esas dos noches es un día sin nubarrones, pues cuanto más capaces de experimentar placer, tanto más vulnerables somos al dolor y, ya sea en segundo término o en primer  plano, el dolor siempre nos acompaña. Nos hemos convencido de que la existencia  vale la pena por la creencia de que hay algo más que las apariencias externas, que vivimos para un futuro más allá de la vida presente, puesto que el aspecto exterior no parece tener sentido. Si vivir es acabar con dolor, falta de integridad y el regreso a la nada, parece una experiencia cruel y fútil para unos seres que han nacido con la capacidad de razonar, abrigar esperanzas, crear y amar. El hombre, ser juicioso, quiere que su vida tenga sentido, y le cuesta trabajo creer que lo tiene a menos que exista un orden externo y una vida eterna tras la experiencia incierta y momentánea de la vida mortal.

  Quizá no se me perdone que presente temas serios con una disposición frívola, pero el problema de encontrar sentido al caos aparente de la experiencia me recuerda mi deseo infantil de enviar a alguien un paquete de agua por correo. El destinatario quita el cordel y desencadena un pequeño diluvio sobre su regazo. Pero el juego nunca sería efectivo, dado que es irritantemente imposible envolver y atar medio litro de agua en un paquete de papel. Hay tipos de papel que no se deshacen cuando está húmedos, pero el problema estriba en lograr que el agua adopte una forma manejable y en atar el cordel sin  que el bulto reviente.

  Cuanto más estudiamos las soluciones que se han intentado aplicar a los problemas en política y economía, arte, filosofía y religión, más aumenta nuestra impresión de que esa gente extremadamente dotada está aplicando de un modo inútil su ingenio a la tarea imposible y fútil de empaquetar el agua de la vida, haciendo unos paquetes pulcros y permanentes.

  Hay muchas razones por la que esto debería ser especialmente evidente a quienes vivimos hoy. Sabemos mucho de historia, de todos los paquetes que sed han atado y que en su momento se han deshecho. Conocemos con mucho detalle los problemas de la vida que se resisten a una simplificación fácil y que parecen más complejos y amorfos que nunca. Además, la ciencia y la industria han aumentado den tal modo el ritmo y la violencia de la vida, que nuestros paquetes parecen deshacerse con mayor rapidez cada día que pasa.

  Tenemos, pues, la impresión de vivir en una época de inseguridad desusada. En los últimos cien años se han perdido numerosas tradiciones que estuvieron en vigor durante mucho tiempo: tradiciones de vida familiar y social, de gobierno, del orden económico y de creencias religiosas. A medida que transcurren los años, parece que cada vez hay menos rocas a las que podamos agarrarnos, menos cosas que podamos considerar como absolutamente correctas y ciertas, fijadas para siempre.

  Para ciertas personas esto representa una liberación de las trabas dogmáticas, morales, sociales y espirituales. Para otros es una ruptura peligrosa y temible con la razón y la cordura, y tiende a sumir la vida humana en un caos irremediable. Para la mayoría,  quizá, la sensación inmediata de liberación procura un breve alborozo, seguido por la ansiedad más profunda; pues si todo es relativo, si la vida es un torrente sin forma ni objetivo en cuya corriente nada absolutamente, excepto el mismo cambio, puede durar, parece ser algo en lo que no hay "futuro" y, por ende, no hay esperanza.

  Los seres humanos parecen ser felices sólo mientras tengan un futuro a la vista, ya sea el bienestar de mañana mismo o una vida eterna más allá de la tumba. Por diversas razones, cada vez son más las personas a las que les resulta difícil creer en esto último. Por otro lado, el futuro de bienestar inmediato tiene la desventaja de que cuando llegue ese mañana, es difícil disfrutarlo plenamente sin  alguna promesa de que habrá más. Si la felicidad siempre depende de algo que esperamos en el futuro, estaremos persiguiendo una quimera que siempre nos esquiva, hasta que el futuro, y nosotros mismos, se desvanece en el abismo de la muerte.

  En realidad, nuestra época no es más insegura que cualquier otra. La pobreza, la enfermedad, la guerra, el cambio y la muerte no son nada nuevo. En los mejores tiempos, la "seguridad" nunca ha sido más que temporal y aparente...


Alan Watts. La SABIDURÍA de la INSEGURIDAD. Mensaje para una era de ansiedad.

* el misterio de la vida no es un problema a resolver, sino una realidad a experimentar.

martes, 29 de octubre de 2024

 



                                                                SOCIEDAD DE LA INDIGNACIÓN


Las olas de indignación son muy eficientes para movilizar y aglutinar la atención. Pero en virtud de su carácter fluido y de su volatilidad no son apropiadas para configurar el discurso público, el espacio público. Para esto son demasiado incontrolables, incalculables, inestables, efímeras y amorfas. Crecen súbitamente y se dispersan con la misma rapidez. En esto se parecen a las smart mobs ( multitudes inteligentes). Les faltan la estabilidad, la constancia y la continuidad indispensables para el discurso público. No pueden integrarse en un nexo estable de discurso. Las olas de indignación surgen con frecuencia a la vista de aquellos sucesos que tienen una importancia social o política muy escasa.

 La sociedad de la indignación es una sociedad del escándalo. Carecen de firmeza, de actitud. La rebeldía, la histeria y la obstinación características de las olas de indignación no permiten ninguna comunicación discreta y objetiva, ningún diálogo, ningún discurso. Ahora bien, la actitud es constitutiva para lo público. Y para la formación de lo público es necesaria la distancia. Además, las olas de indignación muestran una escasa identificación con la comunidad. De este modo, no constituyen ningún nosotros estable que muestre una estructura del cuidado conjunto de la sociedad. Tampoco la preocupación de los llamados " indignados" afecta a la sociedad en conjunto; en gran medida, es una preocupación por sí mismo. De ahí que se disperse de nuevo con rapidez.

  La actual multitud indignada es muy fugaz y dispersa. Le falta toda masa, toda  gravitación, que es  necesaria para acciones. No engendra ningún futuro.


BYUNG-CHUL HAN

EN EL ENJAMBRE


jueves, 28 de marzo de 2024

 

Cuando digo que pienso en todo lo que no he hecho,

¿ cuál es en realidad el contenido de esos pensamientos?


Fortuna. Hernán Díaz




 ¿ Olvidar?

  Nos movemos en el tiempo como dentro de una agua. Como dentro de una agua que nos gasta. Cuando salimos de ella, ya no somos. A ese desgaste lo llamamos vida. La vida quizá sea, sobre todo, olvidar: sustituir, mirar hacia otro lado, distraernos en estricto sentido, avanzar, mudar de sitio, mudar de amor, irnos muriendo poco a poco. " Olvidar, qué imposible", pensamos con frecuencia. " La abrasadora boca del olvido,/ que duele allí donde el dolor termina" escribimos una tarde andaluza. Hay heridas que deberían ser de piedra; heridas que querríamos perdurables. Pero, no. La vida consiste en un arduo equilibrio entre el recuerdo y el olvido. El que conscientemente se propone no olvidar, inconscientemente ya ha comenzado a hacerlo." Se me olvidó que te olvidé,/ a mí, que nada se me olvida". Cuánto vaivén el de esta marejada. Cuando intentamos recordar, ya no es posible. Volvemos a un paisaje donde fuimos un momento felices. ( El paisaje, infinito, y el corazón, pequeño. " Ésta es tu casa". La escarcha blanqueaba las laderas del amanecer y su rostro, que no había dormido. Nos observaba, aprobando, el hermoso mundo a nuestro alcance. Yo temblaba de amor y de frío. Salpicaba el paisaje con los besos restantes, por no desperdiciarlos: su boca era demasiado menuda para tantos.) Volvemos para recordar, y allí está todo: el ventanal, las laderas, los abetos, la escarcha, hasta los besos. Todo, menos nosotros. Buscamos el momento, no el paisaje. Buscamos lo que fuimos, y no acude a la cita. Aquel momento huyó: no sabe/no contesta. El amante suele dejar de amar, pero no deja de amar nunca el momento en que amó: ese momento que no existe. Le urge encontrarlo entre cartas, atardeceres, gestos, ropa interior, palabras. Imposible. Y revuelve nervioso el equipaje. No; se extravió en alguna parte, por descuido quizá, o se lo robaron. El tiempo en el que amamos nos olvidó. Todo en nosotros es irrecuperable. 


Un día más

  ¿ Qué necesitaremos para convertir en inconfundible un día; para hacerlo destacado y distinto de los otros, que se apilan en la niebla común de nuestra vida? ¿ Que sea el primero, o el último?¿ Que se consagren en él el amor o la dicha inolvidables? Un día tras  otro esperamos que suceda algo grande; algo que señale con piedra blanca y decisiva una fecha; algo que subraye con un círculo fosforescente una cifra de nuestro mediocre calendario. Sin embargo, lo más grande que nos sucede y nos sucederá es la vida. Sobre ella, como sobre una mesa transparente, depositamos objetos, posesiones, sentimientos, anhelos: cosas bellas o feas, pero cosas al fin. Sin la mesa, todo sería añicos. En la vida, el camino vale más que la posada. Todavía más: el camino es la posada. Pero nosotros nos esforzamos en conducir la vida, en comprimirla, en trocearla, en sacarle partido - el nuestro, tan pequeño, tan distante del suyo ( desconocido y probablemente misterioso y sencillo lo mismo que el verano)- Nosotros procuramos transformar la vida en instrumento, cuando ella es lo absoluto: ella es su propio fin, no un medio nuestro. Porque no somos, sino unos inquilinos en precario, continuamente a dos dedos del desahucio...


ANTONIO GALA. Reflejos de una vida


Una película que merece la pena recordar, The Straight Story (1999)

domingo, 18 de febrero de 2024

Lista

 

 He hecho una lista de preguntas,

cuyas respuestas ya no alcanzaré a saber,

porque es demasiado pronto para ello,

o porque seré incapaz de entenderlas.


La lista de preguntas es larga,

toca temas importantes y menos importantes,

pero como no quiero aburriros

sólo revelaré algunas de ellas:


Qué era real

y qué apenas si lo parecía

en este auditorio

estelar y bajo las estrellas,

donde es necesario tanto billete de entrada

como billete de salida;


Qué pasa con todo ese mundo vivo

que no tendré tiempo

 de comparar con otro mundo vivo;


Sobre qué escribirán

pasado mañana los diarios;


Cuándo acabarán las guerras

y por qué otra cosa serán sustituidas;


En qué dedo corazón estará ahora

el anillo del alma

que a mí me fue robado, que perdí;


Cuál es el lugar del libre albedrío

que es capaz de ser y de no ser

al mismo tiempo;


Qué ha sido de decenas de personas:

¿nos habremos conocido realmente?


Qué intentaba decirme M.,

cuando ya no podía hablar;


¿ Por qué tomé por buenas 

cosas malas

y qué necesito

para no volver a equivocarme?


Tomé nota antes de dormirme

de algunas preguntas. 

Al despertarme

ya no pude leerlas.


A veces sospecho

que se trata de un código preciso.

Pero ésta también es una pregunta

que me abandonará algún día.

                                        ( A.M)

Wislawa Szymborska   -Instante-

* Creo que soy incapaz de entenderlas. 




jueves, 26 de octubre de 2023

¿ En qué se convierten las cosas cuando prevalece la información?

  Hoy nos encontramos en la transición de la era de las cosas a la era de las no-cosas. Es la información, no las cosas, la que determina el mundo en que vivimos. Ya no habitamos la tierra y el cielo, sino Google Earth y la nube. El mundo de torna cada vez más intangible, nublado y espectral. Nada es sólido y tangible.

  Los impulsos de información son todo menos polos de reposo de vida. Non es posible detenerse en la información. Tiene un intervalo de actualidad muy reducido. Vive del estímulo de la sorpresa. Ya por su fugacidad, desestabiliza la vida. Reclama hoy permanentemente nuestra atención. El tsunami de información arrastra al propio sistema cognitivo en su agitación. Las informaciones no son unidades estables. " Su cosmología no es la cosmología del ser, sino de la contingencia".

 Nuestra obsesión no son ya las cosas, sino la información y los datos. Ahora producimos y consumimos más información que cosas. Nos intoxicamos literalmente con la comunicación.

 Las informaciones son adictivas, no narrativas. Pueden contarse, pero no narrarse. Como unidades discontinuas de breve actualidad, no se combinan para construir una historia. Nuestro espacio de memoria también se asemeja cada vez más  a una memoria informática llena hasta arriba de masas de información de todo tipo.

 La información por si sola no ilumina el mundo. Incluso puede oscurecerlo. A partir de cierto punto, la información no es informativa, sino deformativa. Hace tiempo que este punto crítico se ha sobrepasado- El rápido aumento de entropía informativa, es decir, del caos informativo, nos sumerge en una sociedad posfáctica. Se ha nivelado la distinción entre lo verdadero y lo falso. La información circula ahora, sin referencia alguna a la realidad, es un espacio hiperreal. Las fake news son informaciones que pueden ser más efectivas que los hechos. Lo que cuenta es el efecto a corto plazo. La eficacia sustituye a la verdad. La verdad pertenece al orden terreno. Da a la vida un sostén. El orden digital pone fin a la era de la verdad y da paso a la sociedad de la información posfactual.

Entre las prácticas que requieren tiempo se encuentra la observación atenta y detenida. La percepción anexa a la información excluye la observación larga y lenta. La información nos hace miopes y precipitados. Es imposible detenerse en la información.  La contemplación detenida de las cosas, la atención sin intención , que sería una fórmula de la felicidad, retrocede ante la caza de información. Hoy corremos detrás de la información sin alcanzar un saber. Tomamos nota de todo sin obtener un conocimiento. Viajamos a todas partes sin adquirir una experiencia. Nos comunicamos continuamente sin participar en una comunidad. Almacenamos grandes cantidades de datos sin recuerdos que conservar. Acumulamos amigos y seguidores sin encontrarnos con el otro. La información crea así una forma de vida sin permanencia y duración.  


                                                                       Her ( 2013)


  Cada época define la libertad de forma diferente. En la Antigüedad, la libertad significaba ser un hombre libre, no un esclavo. En la modernidad, la libertad se interioriza como autonomía del sujeto. Es la libertad de acción. Hoy, la libertad de acción se reduce a libertad de elección y de consumo. El hombre manualmente inactivo del futuro se entregará a la " libertad de la yema de los dedos": " Las teclas de que dispongo son tan numerosas que las yemas de mis dedos nunca podrán tocarlas todas. Y así tengo la impresión de ser completamente libre de decidir ". La libertad de usar la yema de los dedos es, pues una ilusión. La libre elección es en realidad una selección consumista.

Byung-Chul Han. NO-COSAS

miércoles, 25 de octubre de 2023

 

                                                        BREVEDAD DE LA VIDA


Un suspiro que alienta y se acongoja. Se oscurece el relámpago, sin apenas lucir. Viento presto engolfado en la calma, sin tiempo a respirar; blanco interpuesto de inmediato a la flecha: violenta violencia. El vivir es un principio del morir ya el acabando. Prólogo que tan súbito acaba epilogando. Fluyen por las mejillas caudalísimas lágrimas, heraldos de la voz, y ésta educada en palabras, acaba afónica, su desahogo en lágrimas de sombra. La diferencia de ambas es la que existe entre la respiración y el delgado y apenas ceniciento suspiro, aunque parten los dos de un mismo pecho. Toda la vida cabe en un paréntesis que choca y cierra en signo cóncavo, la vida arremetida. Esta es nuestra experiencia.

  La rosa es símbolo de tanta brevedad, más la rosa es consuelo porque aroma; puede también la vida llega a ser modestia casta y vestir nuestra carne de confortante olor, olor que se desprende del trabajo que agrada, pues el hombre sólo se cumple en el amor que compaña al trabajo. La vocación mas honda, la amorosa. Lector, tú eliges tus poetas. Espero que tu sombra me aloje. Es sólo mi deseo, porque tan sólo así sabré saberme sido.


                                            MI RESUMEN

" COMO si nada hubiera sucedido."

Es ese mi resumen

y está en él mi epitafio.


Habla mi nada al vivo

y él se asoma a un espejo

que no refleja a nadie.



                                            EL VASO QUEBRADO


Hay veces en que  el alma

se quiebra como un vaso,

y antes de que se rompa

y muera ( porque las cosas mueren

también), llénalo de agua

y bebe,

             quiero decir que dejes

las palabras gastadas, bien lavadas,

en el fondo quebrado

de tu alma,

y que, si pueden, canten.


DONDE MUERE LA MUERTE. Francisco Brines




                                                Vidas rebeldes  ( 1961) 

jueves, 11 de mayo de 2023

 


   Cuando muere, todo el mundo debe dejar algo detrás, decía mi abuelo. Un hijo, un libro, un cuadro, una casa, una pared levantada o un par de zapatos. O un jardín plantado. Algo que tu mano tocará de un modo especial, de modo que tu alma tenga algún sitio a donde ir cuando tú mueras, y cuando la gente mire ese árbol, o esa flor, que tú plantaste, tú estarás allí. " No importa lo que hagas-decía-, en tanto que cambies algo respecto a como era antes de tocarlo, convirtiéndolo en algo que sea como tú después de que separes de ellos  tus manos. La diferencia entre el hombre que se limita a cortar el césped y un auténtico jardinero está en el tacto. El cortador de césped igual podría no haber estado allí, el jardinero estará allí siempre."

RAY BRADBURY Fahrenheit 451




  Cómo vivir, me preguntó en una carta alguien

a quien yo tenía la intención de preguntarle

lo mismo.


De Gente en el puente, 1986. Wislawa Szymborska

jueves, 27 de abril de 2023

"La política no me dice nada. No me gustan las personas indiferentes a la verdad".


     El alma del hombre es precisamente el hombre presente en los otros hombres. Esto es lo que usted es, esto es lo que ha respirado, de lo que se ha nutrido y embriagado su conciencia durante toda la vida. Eso es su alma, su inmortalidad, su vida en los demás. ¿ Y entonces? Estuvo en los otros y en los otros permanecerá. ¿ Qué diferencia implica para usted si eso después se llama recuerdo? Será usted que ha entrado a formar parte del futuro.

 Por fin, una última cosa. No hay que preocuparse. La muerte no existe. La muerte no es algo nuestro. Ha hablado de talento, y eso sí es otra cosa, algo nuestro, somos nosotros quienes lo hemos descubierto. pero el talento, en su significado más elevado y más amplio, es el don de la vida.

  No habrá muerte, dice San Juan Evangelista, y escuche la simplicidad de su argumentación. No habrá muerte porque lo que fue ya ha pasado. Es casi como decir: no habrá muerte porque esto ya lo vimos, es viejo y aburre, y ahora es preciso algo nuevo, y lo nuevo es la vida eterna.



_ Hay gente con talento- decía Nikolái Nikoláyevich-. Pero ahora se ha puesto muy en boga toda clase de círculos y asociaciones. Cualquier forma de gregarismo es el refugio de la mediocridad, no importa si se trata de ser fiel a Soloviov, Kant o Marx.

  Borís Pasternak. El doctor Zhivago


sábado, 31 de diciembre de 2022


 Hay demasiado mundo. Cabría reducirlo antes que ampliarlo o expandirlo. Debería ser encerrado de nuevo, enlatado en un panóptico portátil, y permitirnos echarle un vistazo solo los sábados por la tarde, una vez concluido el trabajo cotidiano, la ropa interior limpia  y preparada, las camisas tiesas sobre el respaldo de las sillas, los suelos ya fregados y el bizcocho recién horneado enfriándose sobre el alféizar de la ventana. Mirarlo por un agujero, como en el Fotoplastikon de Varsovia, y admirarse ante cada detalle.

  Temo que, lamentablemente, sea demasiado tarde para ello.

  Por lo visto debemos aprender a vivir eligiendo. A ser como el viajero al que conocí en un tren nocturno. Decía que cada tanto necesitaba visitar el Louvre para detenerse ante el único cuadro, en su opinión, digo de ser visto. Plantarse ante el cuadro de Juan el Bautista y seguir con la mirada su dedo levantado.

OLGA TOKARCZUK. Los errantes




martes, 27 de diciembre de 2022

                                           

                                                       UNA SENTENCIA DE CÉSAR

  Si nos dedicáramos de vez en cuando a examinarnos, y el tiempo que utilizamos en fiscalizar a otros y en conocer las cosas exteriores a nosotros, lo empleásemos en sondear en nuestro interior, nos percataríamos fácilmente de hasta qué punto toda nuestra contextura se compone de piezas débiles y deficientes. ¿ No es singular prueba de imperfección que no podamos fijar nuestra satisfacción en cosa alguna, y que ni siquiera con el deseo y la imaginación seamos capaces de elegir aquello que nos conviene? Tenemos una buena prueba de ello en la gran discusión que ha habido siempre entre los filósofos para encontrar el bien supremo del hombre, que todavía dura y durará eternamente sin solución y sin acuerdo:

mientras nos falta lo que deseamos, esto parece que supera a todo lo demás; cuando lo conseguimos, deseamos otra cosa tras ésta, y la misma sed nos atenaza. I Lucrecio

 Sentimos que nada de lo que cae en nuestro conocimiento y posesión nos satisface, y andamos embobados tras las cosas futuras y desconocidas, pues las presentes no nos sacian- a mi juicio no porque no tengan bastante con que saciarnos, sino porque la manera en que nos apropiamos de ellas es enfermiza y desordenada-:

Pues cuando vio que los mortales disponían de casi todo lo necesario, que los poderoso estaban colmados de riquezas, honor y gloria, y destacaban por la buena fama de sus hijos, pero que, en su intimidad, nadie dejaba de sentir angustia en su corazón, ni de tener el alma sumida en quejas, comprendió que el mal provenía del vaso mismo y que éste corrompía con su mal todo aquello que, recogido fuera, se introducía en él, incluso los bienes. II Lucrecio

 Nuestro deseo es indeciso e incierto; nada sabe poseer y nada sabe gozar rectamente. El hombre, considerando que se debe al vicio de las cosas que posee, se llena y nutre de otras cosas que ni sabe ni conoce, a las cuales aplica deseos y esperanzas, y a las cuales rinde honor y reverencia. Como dice César: " Debido a un vicio general de la naturaleza, ponemos más confianza y temor en las cosas que no hemos visto y que están ocultas y son desconocidas".

Michel de Montaigne. Los ensayos



La quimera del oro (1925)



domingo, 25 de diciembre de 2022

nuestras equivocaciones

 

                                       Cuentos de Tokio. 1953

                                                                    

        Y así, nuestras búsquedas, nuestros proyectos o trabajos nos quitan de ver los rostros que luego se nos aparecen como los verdaderos mensajeros de aquello mismo que buscábamos, siendo a la vez, ellos, las personas a quienes nosotros debiéramos haber acompañado o protegido.


 ¡Qué poco tiempo le dedicamos a los viejos! Ahora que yo también lo soy, cuántas veces en la soledad de las horas que inevitablemente acompañan a la vejez, recuerdo con dolor aquel último gesto de su mano y observo con tristeza el desamparo que traen los años, el abandono que los hombres de nuestro tiempo hacen de las personas mayores, de los padres, de los abuelos, esas personas a quienes le debemos la vida. Nuestra "avanzada" sociedad deja de lado a quienes no producen. ¡ Dios mío!, ¿ dejados a su soledad y a sus cavilaciones!, ¿ cuánto de respeto y de gratitud hemos perdido! ¿ Qué devastación han traído los tiempos sobre la vida, qué abismos se han abierto con los años, cuántas ilusiones han sido agostadas por el frío y las tormentas, por los desengaños y las muertes de tantos proyectos y seres que queríamos!


  Mientras les escribo, vuelve la imagen de mi madre, a quien dejé tan sola en sus últimos años. Hace tiempo escribí que la vida se hace en borrador, lo que indudablemente le da su trascendencia pero nos impide, dolorosamente, reparar nuestras equivocaciones y abandonos. Nada de lo que fue vuelve a ser, y las cosas y los hombres y los niños no son lo que fueron un día. ¡ Qué horror y qué tristeza, la mirada del niño que perdimos!


ERNESTO SABATO

 

sábado, 24 de diciembre de 2022

 

                                             EL próximo pueblo

 Mi abuelo solía decir: " la vida es asombrosamente corta. Ahora se comprime tanto en mi recuerdo que apenas comprendo cómo un hombre joven puede decidirse a cabalgar hasta el próximo pueblo sin temer- dejando aparte casualidades desgraciadas- que el tiempo de una vida normal y feliz pueda alcanzar para semejante viaje".


                                                      La partida

 Ordené que sacaran a mi caballo del establo. El criado no me entendió. Yo mismo fui al establo, ensillé al caballo y me monté. Oí cómo sonaba una trompeta en la lejanía, le pregunté qué significaba aquello. Él no sabía nada, no había oído nada. me detuvo en la puerta y me preguntó.

 - ¿ Hacia dónde se dirige, amo?

 - No lo sé- le respondí-, pero lejos de aquí, ante todo lejos de aquí, siempre lejos de aquí, sólo así podré alcanzar mi meta.

 - ¿ Entonces conoce su meta? -preguntó.

 - Sí- respondí-, y te lo he dicho, " lejos -de-aquí", ésa es mi meta.


FRANZ KAFKA. Cuentos completos 


Noches tranquilas.


                                     


                               Las uvas de la ira. John Ford. 1940


                           Los mejores años de nuestra vida.  William Wyler. 1946

sábado, 17 de diciembre de 2022

  


                                          Network, un mundo implacable (1976)


                                             La noticia ausente


Tienes razón , amigo, los ruiseñores

tampoco hoy son noticia en las portadas

de los periódicos del mundo.


Te diré lo que hoy viene en las portadas

de los periódicos del mundo:

los planes de los lobbys,

los veredictos interesados de las agencias rating,

los últimos gemidos de la crisis,

el alta voz del poder y de la ira,

la cizaña de las agitaciones programadas,

( "primaveras" ideológicas que acaban siendo inviernos,

pues traen la sangre

con que nuevas armas),

los crímenes aún sin resolver, 

y las guerras, siempre

las guerras:

las de las armas y las de las palabras,

y esa imagen siempre repetida

de una madre,

de una nueva Piedad que tiene a su hijo

muerto entre los brazos.


Aun así, esta noche de junio,

yo sé muy bien que existe una isla

donde los ruiseñores son noticia.

Calmos, en la espesura, no lejos de una fuente,

 cantarán hasta el alba

alzando al firmamento sus cabezas.


Acaso ellos sean todavía

el símbolo, la música, el mensaje

de un tiempo de esperanza.

¿ O acaso de un tiempo ya perdido?

La luz lunar enciende en sus picos

trinos de oro, un

 mensaje

sin sílabas.


Tenías razón, Seferis: todavía

los ruiseñores no nos dejan dormir

de felicidad pasajera

en los nocturnos de este tiempo

erizado, agónico.

Aunque no sea noticia en las portadas

de los periódicos del mundo.


ANTONIO COLINAS

Canciones para una música silente


Noches tranquilas, en familia.


                                          Luna nueva (1940) Howard Hawks



                                         El secreto de vivir (1936) Frank Capra


lunes, 12 de diciembre de 2022

 

  ¿ Qué presente puede hacerse la noche. Hecha sólo de sí misma, es absoluta, todo espacio le pertenece, se impone con su mera presencia, con la misma presencia del fantasma que sabes que está ahí frente a ti, aunque esté por todas partes, incluso a tus espaldas, y si te refugias en un pequeño espacio de luz de él quedará prisionero, porque a tu alrededor, como un mar que rodea tu pequeño faro, se halla la intransitable presencia de la noche.


Antonio Tabucchi. El tiempo envejece deprisa


                                                                            De noche

  Sumirme en la noche. Del mismo modo en que algunas veces se inclina la cabeza para pensar, sumirme por completo en la noche. Alrededor duermen los hombres. Pero es una pequeña comedia, una inocente ilusión, eso de que duerman en casas, en sólidas camas bajo techos seguros, estirados o acurrucados sobre los colchones, con sábanas y mantas; en realidad se han encontrado todos, un incontable número de personas, un ejército, un pueblo, como una vez antaño, y como lo harán en el futuro, en una zona desértica, un campamento al aire libre, bajo el frío cielo y sobre la fría tierra, arrojados donde habían permanecido en pie, la frente presionada contra el brazo, el rostro contra el suelo, respirando tranquilamente. Y tú despiertas, eres unos de los vigilantes, encuentras al próximo al atizar las brasas del montón de ramas secas a tu lado. ¿ Por qué velas? Uno debe velar, se dice. Uno tiene que hacer acto de presencia.

Franz Kafka. Cuentos completos.


                                            Jo, ¡ qué noche! (1985) Martin Scorsese


jueves, 17 de noviembre de 2022

 


En el instante en que los hombres dejen de forjar imágenes idolátricas se matarán unos a otros hasta el infinito. Cuándo alcanzarán este estadio no nos es posible entreverlo. Pero el resultado cierto del devenir histórico es que los hombres no pueden vivir sin ídolos, sin culto, sin la ceguera de la adoración. Sea reverenciando fantasmas religiosos o políticos, aturdidos por el simulacro de absoluto de un fetiche, de un dios o de un partido, necesitan inclinar su razón ante algo. No hay objeto o idea que no haya sido en el decurso de los tiempos, cuando menos por un instante, el fin supremo del pensamiento y del corazón. Todas las apariencias han ocupado por turno el lugar de la divinidad. El instinto de esclavitud que yace en cada criatura ha hecho de los aspectos de la creación realidades tiránicas ante las que ésta ha encorvado su orgullo. ¿ Ha habido un solo momento en la historia en el que no hubiera un jefe, un ideal, una quimera? Incluso las épocas de desagregación han transformado la decadencia en un mito, prosternándose ante su falta de futuro. Los incrédulos creen en el hecho de no creer; las dudas nutren tanto como las certezas. El hombre es el ser dogmático por excelencia. Nada soporta peor que el escepticismo estéril, universal, tolerante y amargo-sonriente. El hombre quiere sangre en todo lo que hace y espera, quiere sangre para tener la ilusión de que no se ha engañado, de que su ilusión es seria e indiscutible. Cuando la conversación, con su arte de rebajar las verdades y reducirlas a simples convenciones de la vida en común, amenaza con destruir los fundamentos de la seguridad cotidiana, entonces surgen los profetas, la multitud los sigue, y siguiéndolos toma las armas. Las discusiones cesan como por milagro, las verdades se instalan como para siempre, la ironía deviene fatal y peligrosa. La imagen idolátrica- con ayuda de la policía y de la ideología- suplanta a los antiguos reyes y emperadores, a las remotas leyendas y a los viejos señores.

Difícilmente podemos imaginarnos las jaurías humanas agolpadas de pronto sin ninguna superstición .  ¿ Qué ley, qué código, qué poder podría ocupar su lugar? Cuando el último becerro de oro sea destruido, ninguna fuerza podrá detener ya el caos. ¡ Más cuántos se regocijarán al contemplar la agonía del último ídolo!

                                

Viendo la maldad de los hombres y la absurdidad de los acontecimientos, hojeando las páginas de la historia, triste hasta la indecencia, llegas a alimentar esa nostalgia, representada por las ambiciones del espíritu: la nostalgia de la banalidad.

Extravíos

Emil Cioran


domingo, 30 de octubre de 2022







PRIMERA CARTA:

LO PEQUEÑO Y LO GRANDE


 HAY DÍAS en que me levanto con una esperanza demencial, momentos en los que siento que las posibilidades de una vida más humana están al alcance de nuestras manos. Éste es uno de esos días.

  Y, entonces, me he puesto a escribir casi a tientas en la madrugada, con urgencia, como quien saliera a la calle a pedir ayuda ante la amenaza de un incendio, o como un barco que, a punto de desaparecer, hiciera una última y ferviente seña a un puerto que sabe cercano pero ensordecido por el ruido de la ciudad y por la cantidad de letreros que le enturbian la mirada.

  Les pido que nos detengamos a pensar en la grandeza a la que todavía podemos aspirar si nos atrevemos a valorar la vida de otra manera. Les pido ese coraje que nos sitúa en la verdadera dimensión del hombre. Todos, una y otra vez, nos doblegamos. Pero hay algo que no falla y es la convicción de que- únicamente- los valores del espíritu nos pueden salvar de este terremoto que amenaza a la condición humana.

  El hombre está perdiendo el diálogo con los demás y el reconocimiento del mundo que lo rodea, siendo que es allí donde se dan el encuentro, la posibilidad del amor, los gestos supremos de la vida. Las palabras de la mesa, incluso las discusiones o los enojos, parecen ya reemplazadas por la visión hipnótica. La televisión nos tantaliza, quedamos como prendados de ella. Este efecto entre mágico y maléfico es obra, creo, del exceso de la luz que con su intensidad nos toma. Muchas veces me ha sorprendido cómo vemos mejor los paisajes en las películas que en la realidad.

El estar monótonamente sentado frente a la televisión anestesia la sensibilidad, hace lerda la mente, perjudica el alma.

Al ser humano se le están cerrando los sentidos, cada vez requiere más intensidad, como los sordos. No vemos lo que no tiene la iluminación de la pantalla, ni oímos lo que no llega a nosotros cargado de decibeles, ni olemos perfumes. Ya ni las flores los tienen.

El hombre se está acostumbrando a aceptar pasivamente una constante intrusión sensorial. Y esta actitud pasiva termina siendo una servidumbre mental, una verdadera esclavitud.

Pero hay una manera de contribuir a la protección de la humanidad, y es no resignarse. No mirar con indiferencia cómo desaparece de nuestra mirada la infinita riqueza que forma el universo que nos rodea, con sus colores, sonidos y perfumes.

Está más a nuestro alcance un desconocido con el que hablamos a través de la computadora.



SEGUNDA  CARTA:

LOS ANTIGUOS VALORES


  Las sociedades desarrolladas se han levantado sobre el desprecio a los valores trascendentes y comunitarios y sobre aquellos que no tienen valor en dinero sino en belleza.

  La vida de los hombres se centraba en valores espirituales hoy casi en desuso, como la dignidad, el desinterés, el estoicismo del ser humano frente a la adversidad. Estos grandes valores, como  la honestidad, el honor, el gusto por las cosas bien hechas, el respeto por los demás, no eran algo excepcional, se los hallaba en la mayoría de las personas. ¿ De dónde se desprendía su valor, su coraje ante la vida?

  Si todo es relativo, ¿ encuentra el hombre valor para el sacrificio? ¿ Y sin sacrificio se puede acaso vivir? Los hijos son un sacrificio para los padres, el cuidado de los mayores o de los enfermos también lo es. Como la renuncia a lo individual por el bien común, como el amor. Se sacrifican quienes envejecen trabajando por los demás, quienes mueren para salvar al prójimo, ¿ y puede haber sacrificio cuando la vida ha perdido sentido para el hombre, o sólo lo halla en la comodidad individual, en la realización del éxito personal?

  Desde la perspectiva del hombre moderno, la gente de antes tenía menos libertad. Eran menores las posibilidades de elección, pero, indudablemente, su responsabilidad era mucho mayor. No se les ocurría, siquiera, que pudieran desentenderse de los deberes a su cargo, de la fidelidad al lugar que la vida parecía haberles otorgado.

 Algo notable es el valor que aquella gente daba a las palabras. De ninguna manera eran un arma para justificar los hechos. Hoy todas las interpretaciones son válidas y las palabras sirven más para descargarnos de nuestros actos que para responder por ellos.

  Cuando la cantidad de culturas relativiza los valores, y la globalización aplasta con su poder y les impone una uniformidad arrogante, el ser humano en su desconcierto, pierde el sentido de los valores y de sí mismo y ya no sabe en quién o en qué creer. 

 El mundo está perdiendo la originalidad de sus pueblos, la riqueza de sus diferencias, en su deseo infernal

" ¿ Es posible que a pesar de las invenciones y progresos, a pesar de la cultura, la religión y el conocimiento del universo, se haya permanecido en la superficie de la vida?" Tristemente con la nostalgia de los proyectos irrealizados, no nos queda más que responder afirmativamente a la pregunta de Rilke, porque la sabiduría es fidelidad a la condición humana. ¿ Qué ha puesto el hombre en lugar de Dios? No se ha liberado de cultos y altares. El altar permanece, pero ya no es el lugar del sacrificio y la abnegación, sino del bienestar, del culto a sí mismo, de la reverencia a los grandes dioses de la pantalla.

El sentimiento de orfandad tan presente en este tiempo se debe a la caída de los valores compartidos y sagrados. Si los valores son  relativos, y uno adhiere a ellos como a la reglamentaciones de un club deportivo, ¿ cómo podrán salvarnos ante  la desgracia o el infortunio?

CUARTA CARTA:

LOS VALORES DE LA COMUNIDAD


Asistimos a una quiebra total de la cultura occidental. El mundo cruje y amenaza con derrumbarse, ese mundo que para mayor ironía es el resultado de la voluntad del hombre, de su prometeico intento de dominación.

A cada hora el poder del mundo se concentra y se globaliza. La masificación  ha hecho estragos, ya es difícil encontrar originalidad en las personas y un idéntico proceso se cumple en los pueblos, es la llamada globalización.

Esta crisis no es la crisis del sistema capitalista, como muchos imaginan: es la crisis de toda una concepción del mundo y de la vida basada en la idolatría de la técnica y en la explotación del hombre.


Muy a menudo compruebo que todo es opinable, y alguien que comenzó antes de ayer puede hablar tanto como otro cuya trayectoria está largamente probada en la vida del país. Y su opinión llega a ser clasificatoria, y no tiene siquiera que demostrarse. La llamada opinión pública es la suma de lo que se le ocurre a quienes, en esos minutos, pasan ocasionalmente por la esquina elegida, y conforman el mínimo universo de una encuesta que, sin embargo, saldrá a grandes titulares  en los diarios y los programas de televisión. Las preguntas que suelen hacerse es de una torpeza que pondrían frenético a Sócrates, que las colocó en el lugar de quien ayuda a dar a luz. Todo pasa y todas las perspectivas son válidas. Lo mismo Chicho que Napoleón, Cristo que el Rey de Bastos. No se piensa en futuro, todo es de coyuntura.

Otra consecuencia de este estado de cosas es la sobrevaloración de la diversión. Los programas " divertidos" tienen mucho rating - y el rating es lo supremo-, no importa a costa de qué valor, ni quién lo financia. Son esos programas donde divertirse es degradar, o donde todo se banaliza. Como si habiendo perdido la capacidad para la grandeza, nos conformáramos con una comedia de regular calidad. Esta desesperación por divertirse tiene sabor a decadencia.


Nuestra civilización ha tomado un tipo de bienestar como el " debe ser" de la vida, fuera del cual no hay salvación. Este objetivo es logrado por el miedo, y por la incapacidad que tienen hoy los hombres de vivir los momentos duros, las situaciones límites, los obstáculos. En especial, se tiene miedo al fracaso. Se oculta cualquier avería en el bienestar, pues enseguida se teme la exclusión, quedar eliminado de la existencia como un equipo de fútbol lo estaría de un campeonato. Tal es la dificultad que tiene el hombre actual de superar las tormentas de la vida, de recrear la existencia después de las caídas.


ERNESTO SABATO. LA RESISTENCIA




  En la vida de hoy, el mundo sólo pertenece a los estúpidos, a los insensibles y a los agitados. El derecho a vivir y a triunfar se conquista hoy con los mismos procedimientos con que se conquista el internamiento en un manicomio: la incapacidad de pensar, la amoralidad y la hiperexcitación.

Fernando Pessoa

                                                          El gran carnaval (1951)