lunes, 29 de diciembre de 2025



  Diez mil veces se partió mi corazón dentro de mí. No puedo contar los sollozos que me emocionaron, los dolores que consumieron mi corazón.

  Y si embargo, también vi otras cosas  que me llenaron los ojos de lágrimas y me agitaron como una hoja olvidada. Vi hombres y mujeres que entregaban su vida, sus esperanzas, todo, por los demás. Vi actos de una entrega tan grande que me hicieron llorar lágrimas de alegría. Estas cosas, pensé, son hermosas, aunque no sean capaces de redimir. Son rayos puros del sol incidiendo sobre el gran monte de estiércol del mundo.

                                                         Charles- Robert Anon*

* Charles-Robert Anon: Uno de los seudónimos de Pessoa

** ¿ Qué es la vida?

domingo, 28 de diciembre de 2025

La oferta se explica por la demanda

 



 Las sociedades abiertas - por emplear el adjetivo de Henri Bergson y de Karl Popper- son al mismo tiempo la causa y el efecto de la libertad de informar y de informarse. Sin embargo, quienes recogen la información parecen tener como preocupación dominante el falsificarla, y quienes la reciben, eludirla. En tales sociedades se invoca continuamente un deber de informar y un derecho a la información. Pero del mismo modo que los profesionales se afanan en traicionar eses deber, así también sus clientes se desinteresan de gozar de ese derecho.

Solo en las sociedades abiertas es posible observar y medir el auténtico celo de los hombres en decir la verdad y acogerla, ya que el gobierno de dicha verdad no se ve obstaculizado por nadie más que ellos mismos. Además, y  no es esto lo menos intrigante, ¿ cómo pueden actuar hasta tal punto contra su propio interés? Y es que la democracia no puede vivir sin cierta dosis de verdad. No puede sobrevivir si dicha verdad queda por debajo de un nivel mínimo. Este régimen, basado en la libre determinación de las decisiones de la mayoría, se condena a sí mismo a muerte si los ciudadanos que toman tales decisiones se pronuncian casi todos en la ignorancia de las realidades, la ceguera de una pasión o la ilusión de una impresión pasajera. En la democracia, la información es libre, sagrada, porque ha asumido la función de contrarrestar todo aquello que oscurece el juicio de los ciudadanos de decisores y jueces del interés general. Pero ¿ qué ocurre si es la propia información la que se las ingenia para oscurecer el juicio de los jueces? ¿ Acaso no vemos con mucha frecuencia que los medios de comunicación que cultivan la exactitud, la competencia y la honradez constituyen la porción más restringida de la profesión, y su audiencia, el sector más reducido del público? ¿ No observamos que los periódicos, emisiones de radio, revistas o debates televisivos, así como las campañas de prensa se caracterizan salvo contadas excepciones por un contenido informativo cuya pobreza es paralela a su falsedad?

Si, en efecto, un número muy reducido de ellos sirve realmente al ideal teórico de su profesión, el público apenas los incita a ello; y por lo tanto, es en el público, en cada uno de nosotros, donde debemos buscar la causa de la supremacía de los periodistas poco competentes o poco escrupulosos. La oferta se explica por la demanda. Pero la demanda, en materia de información y análisis surge de nuestras convicciones. ¿ Cómo se forman estas? Tomamos nuestra decisiones más importantes en medio de un abismo de imprecisiones, prejuicios y pasiones, y posteriormente, husmeamos y sopesamos menos su exactitud que su capacidad de amoldarse o no a un sistema de interpretación, un sentimiento de comodidad moral o una red de alianzas. Según las leyes que gobiernan esa mezcla de palabras, apegos, odios y temores llamada opinión pública, un hecho no es real o irreal: es deseable o indeseable. Es un aliado o un adversario, un compinche o un maquinador, y no un objeto de conocimiento. Y a veces, incluso erigimos en doctrina, justificamos por principio, que el posible uso de un hecho tenga preeminencia sobre el conocimiento demostrable.

Nuestra opiniones, aunque sean desinteresadas, proceden de diversas influencias, entre las cuales el conocimiento de la materia figura muy a menudo en último lugar, después de las creencias, el ambiente cultural, el azar, las apariencias, las pasiones, los prejuicios, el deseo de que la realidad se amolde a nuestros prejuicios y la pereza  de espíritu. Esto no es nada nuevo...


* ¿ Qué es la ideología?

JEAN-FRANCOIS REVEL. El conocimiento inútil.

jueves, 30 de octubre de 2025

La falsificación de la información

 

La primera de todas las fuerzas que gobiernan el mundo es la mentira. La civilización del siglo XX se ha basado, más que cualquier otra anterior, en la información, la enseñanza, la ciencia, la cultura; en suma, en el conocimiento, así como en el sistema  de gobierno que, por vocación, da acceso a todos: la democracia. Sin duda, al igual que la democracia, la libertad de información se halla en la práctica repartida de forma muy desigual en el planeta. Y hay pocos países en los que la una y la otra hayan atravesado el siglo sin verse interrumpidas, o incluso suprimidas durante varias generaciones. Ahora bien, aunque lleno de lagunas y sincopado, el papel desempeñado por la información en los hombres que deciden los asuntos del mundo contemporáneo, y en las reacciones de los demás ante dichos asuntos, es sin duda más importante, más constante y más general que en épocas anteriores. Quienes obran disponen de mejores medios para saber en qué datos apoyar su acción, y quienes experimentan esa acción está, mucho mejor informados sobre aquello que hacen quienes obran.

  Es interesante, por último, investigar si esta preponderancia del conocimiento, su precisión y su riqueza, su difusión cada vez más amplia y más rápida, ha conllevado, como sería natural esperar, una gestión más juiciosa de la humanidad. La cuestión adquiere incluso mayor relevancia si tenemos en cuenta que el perfeccionamiento acelerado de las técnicas de transmisión y el continuo aumento del número de individuos que se aprovechan de ello harán aún más del siglo XXI la era en que la información constituirá el elemento central de la civilización.

  En nuestro siglo hay a la vez más conocimientos y más hombres que disponen de esos conocimientos. En otros términos, el conocimiento ha progresado, y según parece se ha visto seguido en su progreso por la información, la cual consiste en la diseminación de dicho conocimiento entre el público. Para empezar, la enseñanza tiende a prolongarse cada vez más, y a repetirse cada vez con mayor frecuencia en el curso de la vida; además las herramientas de comunicación de masas se multiplican y nos cubren de mensajes en un grado inconcebible hasta ahora. Ya se trate de difundir la noticia de un descubrimiento científico y de sus perspectivas técnicas, de anunciar un acontecimiento político o de publicar las cifras que permiten evaluar una situación económica, lo cierto es que la máquina universal de informar se vuelve cada vez más igualitaria y generosa, de modo que anula la vieja discriminación entre élite en el poder, que sabía muy poco, y el conocimiento de los gobernados, que no nada. Hoy, ambos saben o pueden saber mucho.  Así pues, la superioridad de nuestro siglo con respecto a los previos parece radicar en que los dirigentes o responsables en todos los terrenos disponen  de conocimientos más amplios y más exactos a la hora de tomar decisiones, mientras que el público, por su parte, recibe en abundancia la información que le permite juzgar lo acertado de esas decisiones. En buena lógica, tal fastuosa convergencia de factores favorables ha debido engendrar ciertamente una sabiduría y un discernimiento sin equivalente en el pasado y, por lo tanto, una prodigiosa mejora de la condición humana. ¿ Es así?


JEAN-FRANCOIS RÉVEL. El conocimiento inútil





                                                El gran carnaval 1951


¿ Podría ser que la misma abundancia de conocimientos e informaciones despertará el afán de esconderlos más que de emplearlos? ¿ Que el acceso a la verdad generará más resentimientos que satisfacción, la sensación de un peligro más que la de un poder? ¿ Cómo explicar la escasez de información exacta en las sociedades libres, donde han desaparecido en gran medida los obstáculos materiales para su difusión, y los hombres pueden conocerla fácilmente si sienten curiosidad o simplemente no la rechazan?

     * Esta entrada  merece una segunda parte. Hay que reflexionar más sobre el tema, merece la pena.

sábado, 25 de octubre de 2025

   Uno siempre responde con su vida entera a las preguntas más importantes. No importa lo que diga, no importa con qué palabras y con qué argumentos trate de defenderse. Al final, al final de todo, uno responde a todas las preguntas con los hechos de su vida: a las preguntas que el mundo le ha hecho una y otra vez. Las preguntas son éstas: ¿Quién eres?... ¿ Qué has querido de verdad?...    ¿ A qué has sido fiel o infiel?... ¿ Con qué y con quién te has comportado con valentía o con cobardía?... Éstas son las preguntas. Uno responde como puede, diciendo la verdad o mintiendo; eso no importa. Lo que sí importa es que uno al final responde con su vida entera.

EL ÚLTIMO ENCUENTRO. Sándor Márai

* Sí importa... y mucho. El silencio lo dice todo. No puedes evitarlo, y es triste reconocerlo. Ellos ya no están. Palabras que nunca se dijeron, ausencias prolongadas. El tiempo sin ellos. Siempre los mismos errores.


Seres queridos... gracias por todo

viernes, 24 de octubre de 2025

Viajar

 

Un viaje es un gesto inscrito en el espacio, desaparece nada más realizarse. Vas de un lugar a otro, y de ahí de nuevo a otra parte, y detrás de ti no queda rastro de que alguna vez estuviste allí. Los caminos que recorriste ayer ahora están llenos de gente distinta que no saben quién eres. Un desconocido yace en la cama del cuarto en el que dormiste anoche. El polvo cubre tus huellas, limpian las marcas de tus dedos en la puerta, recogen del suelo y de la mesa los fragmentos de las pruebas que se te hayan podido caer, los tiran a la basura y no vuelven nunca más. El aire mismo se cierra a tu espalda y poco después, tu presencia, que parecía tan pesada y permanente, ha desaparecido por completo. Las cosas solo ocurren una vez y nunca se repiten, nunca vuelven. Salvo en el recuerdo.

Damon Galgut. En una habitación ajena

Continuará...


                                           

jueves, 23 de octubre de 2025

 

  De forma que parece que afrontamos un dilema imposible: si no queremos que nos mate el cambio climático, tenemos que dejar de ser quienes somos. Entenderéis  por qué la gente no está exactamente corriendo a las barricadas. Nos cuesta más hacernos a la idea de dejar de ser quienes somos que hacernos a la idea de que vamos a morir.

 Así pues, ¿ cómo podemos hacernos a la idea? Esta noche voy a proponer que un camino hacia la solución posible pasa por un replanteamiento radical de lo que queremos decir con nosotros. A base de examinar con atención estas cosas que consideramos que nos hacen ser quienes somos. estas dos expresiones, de hecho, nos dan el meollo del argumento. Cosas y quienes somos. ¿ Qué tienen que ver las "cosas" con " quienes somos"?  ¿ Cómo puede una cosa hacerte quien eres? ¿ Antes de que la gente tuviera cosas no era quien era? Cuando naciste, cuando viniste al mundo, sin iPhone, sin coche, sin deportivas Nike ni Adidas, ni de ninguna otra clase, ¿ acaso tus padres te vieron incompleto? ¿ Pensaron que tenían un bebé defectuoso? No. Pensaron que eras perfecto. Estabas completamente desnudo y sin capacidad de hablar, y aún así consideraron que eras el summun de la belleza y la perfección.

 Pero no es así como pensamos en nosotros mismos, ¿verdad? No es así como se promueve que nos veamos. Se nos enseña a pensar que somos defectuosos, inadecuados, incompletos. Distintos de alguna forma repugnante, inaceptable. Se nos enseña que, si no ocultamos esa diferencia , estaremos solos. Que  no nos querrá nadie. De manera que aprendemos a disfrazarnos con productos, etiquetas, máscaras de alguna clase. Ropa, productos, equipos deportivos, sistemas de creencias, ideas políticas nacionalismo, cosas externas que usamos para representar quienes somos. Yo soy el tipo marxista, soy el que tiene el reloj de lujo, soy el tipo que es de aquí y no de allí. Cuando me miráis, es lo que quiero que veáis. Aún distinto de vosotros, pero ahora de una forma comprensible y clasificable.

 Cuando era alumno aquí, hace veinte años, yo era un maestro de esa clase de camuflaje. No lo habríais imaginado hablando conmigo. Estaba fuera del armario, que no era tan habitual por aquel entonces. La gente me consideraba valiente, y en cierta manera era verdad. Era una época en que los hombres gay o los hombres con aspecto gay o sospechosos de ser gais sufrían palizas de forma habitual. Aún así, mi valentía estaba construida sobre unos cimientos de miedo. Porque lo que realmente me daba miedo no era que la gente viera que era gay. Era que vieran que era yo. De forma que mi sexualidad se convirtió en una herramienta que usaba para distraer la atención de mí.

 Y durante mucho tiempo me funcionó, ese personaje me funcionó. Lo tenía todo planeado. ¿ Y qué lo estropeó? No, no fueron los delitos de odio, ni los prejuicios, al contrario. Sí. Me enamoré.

 Me enamoré de un hombre, de otro alumno de aquí, y no salió bien. Por muchas razones. Éramos jóvenes y en cualquier caso no debería haber sido ninguna tragedia. Al menos, no en esa época de la vida, ¿verdad? ¿ No es eso lo que te dicen siempre? Pero sí que me lo tomé muy mal, y me quedé destrozado. Abandoné la carrera.

 La cuestión es que , después de que terminará aquella relación, me dio la sensación de no tener nada... Si quería vivir -  si iba a sobrevivir un día más-, me di cuenta de que necesitaba entra al mundo. Necesitaba formar parte de algo real, y para eso tenía que dejar que la gente me viera como era. La idea me horrorizaba, porque la verdad sobre mí me horrorizaba. era como volver a salir del armario, solo que un millón de veces más difícil. Pero no tenía elección.

 Me apunté a un grupo de senderismo. Siempre me había gustado la naturaleza, pero lo mantenía completamente en secreto... Y resumiendo, fue entonces cuando me empecé a interesar por el medio ambiente, por el campo, y también por la ciudad, por cómo podemos preservarlo todo. Y fue entonces cuando empecé a ver los enormes y aterradores que son los problemas que afrontamos.

 A riesgo de parecer narcisista, me parece que el punto en el que estamos con respecto al cambio climático no es tan distinto al punto en el que estaba yo  después de aquella ruptura mía. Es decir, estamos en un momento en el que o bien cambiamos radicalmente de forma de vida, o bien nos destruiremos... Si no afrontamos la realidad, no sobreviviremos. Y para afrontar la realidad, primero tenemos que dejar de lado todos esos inventos y disfraces que hemos estado tan ocupados acumulando. tenemos que quitarnos las máscaras.

 En cuanto lo hagáis, el mundo se transformará. En cuanto os quitéis la máscara, será como si todas las demás máscaras se volvieran transparentes, y veréis que, detrás de nuestros caprichos y rarezas individuales, todos somos iguales. Somos iguales por el hecho de ser distintos, de sentirnos mal porque somos distintos. O por decirlo de otro modo: somos todos expresiones distintas de la misma vulnerabilidad y la misma necesidad. Eso es lo que nos une a todos. Y en cuanto lo reconozcamos, en cuanto nos veamos como una comunidad de diferencias, las diferencias en sí dejarán de definirnos. Y será cuando podamos empezar a trabajar juntos y las cosas puedan cambiar.


PAUL MURRAY. La picadura de abeja



                                                               La calumnia. 1961

sábado, 11 de enero de 2025

última mirada

 


Cuanto mayor se hace uno, más muertos conoce. Ellos siempre están cerca; los espíritus nos rodean. Esta sensación la describí en un relato. Llega el momento en que uno conoce a más personas muertas que vivas. Es el momento en el que uno mismo se acerca a la muerte. Me pregunto si me habría gustado reencontrarme con Harry aunque fuese en el sueño de otra persona. Creo que sí; tengo aún mucho que contarle. Otra cosa es que a él le apeteciera escuchar todo lo que quisiera decirle. Después de cada muerte, se nos acumulan las palabras nunca pronunciadas, que quedan atrapadas en una telaraña, los pensamientos que siguen en nuestra mente pero que nunca hemos manifestado, los recuerdos que seguimos conservando, los hechos sucedidos que ya no tienen vuelta atrás y que se presentan en los momentos más inesperados.

Cees Nooteboom

533 días

* ¿ Por qué es tan singular el momento de ser fotografiado?

jueves, 2 de enero de 2025

Algunos poemas...

 

QUIMERA


Nunca fuiste quien quisiste ser,

quien creías que eras.

El traje equivocado

en un mundo volcado.


Siempre has ido con la mentira,

la más antigua prometida, nunca creíste

que los dichos cercanos


son los más íntimos. Para ti era

más familiar la aparición

que el primer pensamiento,


tenías demasiado mundo, demasiado musgo

en tu estatua, estabas

con el libro que tú mismo no querías leer,


un hombre de carne que se volvió cal,

un ángel de sombra, solo,

y envuelto en el vacío oficio

de tu nombre.

                                                 Así pudo ser

Cees Nooteboom


Películas olvidadas


                                              Noche nupcial ( 1935) King Vidor

martes, 24 de diciembre de 2024

Los libros

 

  Con los libros abrimos toda una sucesión de pasados individuales, de voces singulares que ha superado el tiempo y el olvido. Y que, por ello, han conseguido la única forma de humana inmortalidad..

  La posibilidad de permanecer otorga al libro una vida especial. En el silencio de las bibliotecas, donde presentimos las voces que nuestro ojos pueden oír cada vez que el tiempo de cada ser se asocia con el tiempo apresado en la memoria de seas páginas, sentimos la presencia de una historia que soprepasa los latidos de cada historia personal. Es cierto que no todo lo que pensaron aquellos que nos precedieron en el fluir del tiempo ha quedado recogido en la escritura, pero basta el incalculable tesoro de lo ya escrito para percibir ese otro mundo que sobrepasa el pequeño círculo en el que, originariamente, está instalada nuestra solitaria, clausurada y tantas veces empobrecida individualidad.

  La escritura posada y materializada en las páginas de los libros es, pues, el tesoro más importante de la historia humana.

  Los libros, en el tiempo de las experiencias múltiples de quienes escribieron, encierran la vida de todas las ideas que la mente humana pudo apresar y universalizar desde la singular historia, desde la mirada individual de cada ser personal. Y eso sumerge al individuo en la compañía de unas formas de inagotables lenguajes.

  Con los libros abrimos, pues, toda una sucesión de voces singulares, de pasados individuales que, por ese medio, han logrado escapar al fluido uniforme de la temporalidad y liberarse de la claudicación que supone el saber que lo que hablamos se esfuma y diluye en unos instantes.

  Con los libros podemos alzarnos sobre el monótono palpitar de la conciencia alimentada solo por las presiones vitales de cada biografía. Por eso, cuando se ha pretendido el entontecimiento colectivo, el fanatismo, que tantas veces alcanza el dominio sobre los individuos indefensos, ante la miseria, la pobreza, el abandono y el desprecio, ha fomentado el analfabetismo real, o los sucedáneos que permiten los sutiles y mareantes vericuetos de la llamada sociedad de la información.. La escritura permitió que esas nuevas formas de realidad entrasen a convivir con nosotros y, sobre todo, a alimentar la vida intelectual y afectiva.

    Al pasar las páginas con nuestros dedos descubríamos una misteriosa posibilidad de acariciar el tiempo, de sentirnos identificados con aquella silenciosa voz que la vida ideal y real de nuestros ojos hacía, instante a instante, latido a latido, renacer.

  Por eso los  medios tecnológicos, las nuevas formas de presentar la escritura, jamás podrán suplantar esos objetos vivos, reales, que empiezan  a llenar el espacio de nuestras casas y a los que acudimos en esos momentos en que necesitamos escuchar, sentir, el tiempo pasado y las voces que nos lo hablan.

   Hay momentos de nuestra existencia en los que por la edad, por la posible pérdida de vigor o de entusiasmo, porque entrevemos que nuestro curso vital está ya en otro territorio, en un posible espacio  de la más o menos lograda madurez , descubrimos cómo son ellos, los libros, los que, paradójicamente, nos leen a nosotros mismos, los que nos instan a que volvamos a tomarlos en las manos, a descubrir aquel subrayado amarillento, aquella hoja doblada, aquel lomo deshilachado, aquella fecha, aquella dedicatoria- " tanto impulso que corre a mi destino, desemboca en tu mundo".

  Y nos leen porque al verlos en la estantería en la que reposan comprobamos que hace tiempo, años quizá, que no los tocamos, como si se hubiera alejado ya de nuestros intereses, y recordamos como en un horizonte neblinoso lo que en su momento nos dijeron, lo que nos enseñaron y aleccionaron. Ese mensaje que nos lanzan se engarza con la memoria imprecisa que tenemos de ellos y volvemos a leerlos, a enlazarnos de nuevo con su memoria y con la nuestra. Ese vínculo de amistad inalterable, esa amistad y amor que, con el lenguaje, es una de las pocas cosas por las que merece la pena vivir, nos sumergen en el infinito amor por los seres humanos, desde las palabras de aquellos que con sus obras nos hablaron para que aprendiéramos también a mirar el mundo y, de paso, a amistarnos con los sin voz.

EMILIO LLEDÓ. Los libros y la libertad



                                                      
                                                    El lector (2008)




                                                   La librería ( 2017)

sábado, 21 de diciembre de 2024

Muchas veces olvidamos que pensar es una forma, la más delicada y sutil, de ver.

 

Es difícil entender hoy lo que decimos cuando hablamos de cultura, sobre todo si pensamos, por ejemplo, en expresiones como "cultura de masas". Parece que estamos aceptando opiniones y conocimientos que no solo sostienen un cierto conformismo con la ignorancia, sino que, de paso, asumen la imposibilidad de salir de ella, como si un aciago destino imperara irremediablemente sobre amplios sectores de la sociedad.


La interpretación es una empresa que, en principio, no quiere decir otra cosa que la continuada y estimulante- deprimente, a veces- necesidad de saber quiénes somos, qué podemos hacer y cuáles son nuestros deberes para con nosotros mismos y para con los demás, tal como planteaba Kant en un famoso texto. No podemos estar en la vida sujetos al ritmo inerte en el que muchas veces nos sumergimos y en el que acabamos siendo incapaces de entender y entendernos. Esa incapacidad surge porque una serie de estímulos, repetidos a lo largo de los años, fruto de ideologías, entorpecimientos mentales, fanatismos e intereses, han levantado en nuestro cerebro grumos de opiniones en los que apoyamos nuestros comportamientos y con los que los justificamos.

   Es verdad que hay en el mundo que nos ha tocado vivir lagunas inmensas de ignorancia y miseria sobre las que apenas pueden liberarse las formas imprescindibles de humanización y progreso. Pero esas patologías sociales a las que millones de seres humanos nacen condenados no impiden que, además de luchar para hacer imposible esas situaciones, seamos capaces de descubrir, al mismo tiempo, ese horizonte de libertad que alcanzaron determinadas culturas fundadas en la curiosidad, en la inteligencia e interpretación de la realidad y en la rebelión ante todo aquello que agrumaba la capacidad de pensar.

  Entender e interpretar la vida y la sociedad fue una forma de reflejar el lenguaje en el que nacemos y con el que se forja nuestra persona. Una necesidad, pues, de liberación de la mirada habitual sobre el mundo y, especialmente, sobre el lenguaje que nos lo dice. Alguna vez se ha escrito que, más que entre un mundo de cosas, nacemos en un mundo de significaciones. Y esas significaciones nos "destinan" ya a un universo de sentidos, de hábitos mentales, de actitudes y comportamientos.

  El fundamento del existir no solo consiste en asumir nuestra maravillosa condición carnal, por muy efímera que sea, sino en rebelarnos ante la condición cultural que puede transformarse en naturaleza a su vez, pero no naturaleza como libertad, idealidad, creatividad, sino en naturaleza coagulada y paralizada en opiniones y falsificaciones. El mundo mental que nos habita y que es principio de liberación puede transformarse, así, en encierro y alienación.  Precisamente porque la cultura es invento de los seres humanos y por ello tiene que estar continuamente en un proceso de crítica, de reflexión y de creación no se debe aceptar esa inercia que nos cosifica y anula, que nos "naturaliza" en el peor sentido de la palabra. Quiero decir que hace de la libertad que crea y forja el mundo de la cultura un organismo coagulado ya en comportamientos mecánicos, en respuestas monocordes donde predominan prejuicios, grumos mentales y todo ese aparato de reflejos condicionados que determinados poderes políticos y económicos, los medios de comunicación, la "mala educación", son capaces de engendrar.

EMILIO LLEDÓ. Los libros y la libertad.


Recomendaciones para la Navidad:


                                            Los que se quedan ( 2023)

martes, 17 de diciembre de 2024

 




1. LA ERA DE LA ANSIEDAD


Según todas las apariencias externas, la vida es una chispa luminosa entre dos oscuridades eternas. Tampoco el intervalo entre esas dos noches es un día sin nubarrones, pues cuanto más capaces de experimentar placer, tanto más vulnerables somos al dolor y, ya sea en segundo término o en primer  plano, el dolor siempre nos acompaña. Nos hemos convencido de que la existencia  vale la pena por la creencia de que hay algo más que las apariencias externas, que vivimos para un futuro más allá de la vida presente, puesto que el aspecto exterior no parece tener sentido. Si vivir es acabar con dolor, falta de integridad y el regreso a la nada, parece una experiencia cruel y fútil para unos seres que han nacido con la capacidad de razonar, abrigar esperanzas, crear y amar. El hombre, ser juicioso, quiere que su vida tenga sentido, y le cuesta trabajo creer que lo tiene a menos que exista un orden externo y una vida eterna tras la experiencia incierta y momentánea de la vida mortal.

  Quizá no se me perdone que presente temas serios con una disposición frívola, pero el problema de encontrar sentido al caos aparente de la experiencia me recuerda mi deseo infantil de enviar a alguien un paquete de agua por correo. El destinatario quita el cordel y desencadena un pequeño diluvio sobre su regazo. Pero el juego nunca sería efectivo, dado que es irritantemente imposible envolver y atar medio litro de agua en un paquete de papel. Hay tipos de papel que no se deshacen cuando está húmedos, pero el problema estriba en lograr que el agua adopte una forma manejable y en atar el cordel sin  que el bulto reviente.

  Cuanto más estudiamos las soluciones que se han intentado aplicar a los problemas en política y economía, arte, filosofía y religión, más aumenta nuestra impresión de que esa gente extremadamente dotada está aplicando de un modo inútil su ingenio a la tarea imposible y fútil de empaquetar el agua de la vida, haciendo unos paquetes pulcros y permanentes.

  Hay muchas razones por la que esto debería ser especialmente evidente a quienes vivimos hoy. Sabemos mucho de historia, de todos los paquetes que sed han atado y que en su momento se han deshecho. Conocemos con mucho detalle los problemas de la vida que se resisten a una simplificación fácil y que parecen más complejos y amorfos que nunca. Además, la ciencia y la industria han aumentado den tal modo el ritmo y la violencia de la vida, que nuestros paquetes parecen deshacerse con mayor rapidez cada día que pasa.

  Tenemos, pues, la impresión de vivir en una época de inseguridad desusada. En los últimos cien años se han perdido numerosas tradiciones que estuvieron en vigor durante mucho tiempo: tradiciones de vida familiar y social, de gobierno, del orden económico y de creencias religiosas. A medida que transcurren los años, parece que cada vez hay menos rocas a las que podamos agarrarnos, menos cosas que podamos considerar como absolutamente correctas y ciertas, fijadas para siempre.

  Para ciertas personas esto representa una liberación de las trabas dogmáticas, morales, sociales y espirituales. Para otros es una ruptura peligrosa y temible con la razón y la cordura, y tiende a sumir la vida humana en un caos irremediable. Para la mayoría,  quizá, la sensación inmediata de liberación procura un breve alborozo, seguido por la ansiedad más profunda; pues si todo es relativo, si la vida es un torrente sin forma ni objetivo en cuya corriente nada absolutamente, excepto el mismo cambio, puede durar, parece ser algo en lo que no hay "futuro" y, por ende, no hay esperanza.

  Los seres humanos parecen ser felices sólo mientras tengan un futuro a la vista, ya sea el bienestar de mañana mismo o una vida eterna más allá de la tumba. Por diversas razones, cada vez son más las personas a las que les resulta difícil creer en esto último. Por otro lado, el futuro de bienestar inmediato tiene la desventaja de que cuando llegue ese mañana, es difícil disfrutarlo plenamente sin  alguna promesa de que habrá más. Si la felicidad siempre depende de algo que esperamos en el futuro, estaremos persiguiendo una quimera que siempre nos esquiva, hasta que el futuro, y nosotros mismos, se desvanece en el abismo de la muerte.

  En realidad, nuestra época no es más insegura que cualquier otra. La pobreza, la enfermedad, la guerra, el cambio y la muerte no son nada nuevo. En los mejores tiempos, la "seguridad" nunca ha sido más que temporal y aparente...


Alan Watts. La SABIDURÍA de la INSEGURIDAD. Mensaje para una era de ansiedad.

* el misterio de la vida no es un problema a resolver, sino una realidad a experimentar.

martes, 29 de octubre de 2024

 



                                                                SOCIEDAD DE LA INDIGNACIÓN


Las olas de indignación son muy eficientes para movilizar y aglutinar la atención. Pero en virtud de su carácter fluido y de su volatilidad no son apropiadas para configurar el discurso público, el espacio público. Para esto son demasiado incontrolables, incalculables, inestables, efímeras y amorfas. Crecen súbitamente y se dispersan con la misma rapidez. En esto se parecen a las smart mobs ( multitudes inteligentes). Les faltan la estabilidad, la constancia y la continuidad indispensables para el discurso público. No pueden integrarse en un nexo estable de discurso. Las olas de indignación surgen con frecuencia a la vista de aquellos sucesos que tienen una importancia social o política muy escasa.

 La sociedad de la indignación es una sociedad del escándalo. Carecen de firmeza, de actitud. La rebeldía, la histeria y la obstinación características de las olas de indignación no permiten ninguna comunicación discreta y objetiva, ningún diálogo, ningún discurso. Ahora bien, la actitud es constitutiva para lo público. Y para la formación de lo público es necesaria la distancia. Además, las olas de indignación muestran una escasa identificación con la comunidad. De este modo, no constituyen ningún nosotros estable que muestre una estructura del cuidado conjunto de la sociedad. Tampoco la preocupación de los llamados " indignados" afecta a la sociedad en conjunto; en gran medida, es una preocupación por sí mismo. De ahí que se disperse de nuevo con rapidez.

  La actual multitud indignada es muy fugaz y dispersa. Le falta toda masa, toda  gravitación, que es  necesaria para acciones. No engendra ningún futuro.


BYUNG-CHUL HAN

EN EL ENJAMBRE


jueves, 28 de marzo de 2024

 

Cuando digo que pienso en todo lo que no he hecho,

¿ cuál es en realidad el contenido de esos pensamientos?


Fortuna. Hernán Díaz




 ¿ Olvidar?

  Nos movemos en el tiempo como dentro de una agua. Como dentro de una agua que nos gasta. Cuando salimos de ella, ya no somos. A ese desgaste lo llamamos vida. La vida quizá sea, sobre todo, olvidar: sustituir, mirar hacia otro lado, distraernos en estricto sentido, avanzar, mudar de sitio, mudar de amor, irnos muriendo poco a poco. " Olvidar, qué imposible", pensamos con frecuencia. " La abrasadora boca del olvido,/ que duele allí donde el dolor termina" escribimos una tarde andaluza. Hay heridas que deberían ser de piedra; heridas que querríamos perdurables. Pero, no. La vida consiste en un arduo equilibrio entre el recuerdo y el olvido. El que conscientemente se propone no olvidar, inconscientemente ya ha comenzado a hacerlo." Se me olvidó que te olvidé,/ a mí, que nada se me olvida". Cuánto vaivén el de esta marejada. Cuando intentamos recordar, ya no es posible. Volvemos a un paisaje donde fuimos un momento felices. ( El paisaje, infinito, y el corazón, pequeño. " Ésta es tu casa". La escarcha blanqueaba las laderas del amanecer y su rostro, que no había dormido. Nos observaba, aprobando, el hermoso mundo a nuestro alcance. Yo temblaba de amor y de frío. Salpicaba el paisaje con los besos restantes, por no desperdiciarlos: su boca era demasiado menuda para tantos.) Volvemos para recordar, y allí está todo: el ventanal, las laderas, los abetos, la escarcha, hasta los besos. Todo, menos nosotros. Buscamos el momento, no el paisaje. Buscamos lo que fuimos, y no acude a la cita. Aquel momento huyó: no sabe/no contesta. El amante suele dejar de amar, pero no deja de amar nunca el momento en que amó: ese momento que no existe. Le urge encontrarlo entre cartas, atardeceres, gestos, ropa interior, palabras. Imposible. Y revuelve nervioso el equipaje. No; se extravió en alguna parte, por descuido quizá, o se lo robaron. El tiempo en el que amamos nos olvidó. Todo en nosotros es irrecuperable. 


Un día más

  ¿ Qué necesitaremos para convertir en inconfundible un día; para hacerlo destacado y distinto de los otros, que se apilan en la niebla común de nuestra vida? ¿ Que sea el primero, o el último?¿ Que se consagren en él el amor o la dicha inolvidables? Un día tras  otro esperamos que suceda algo grande; algo que señale con piedra blanca y decisiva una fecha; algo que subraye con un círculo fosforescente una cifra de nuestro mediocre calendario. Sin embargo, lo más grande que nos sucede y nos sucederá es la vida. Sobre ella, como sobre una mesa transparente, depositamos objetos, posesiones, sentimientos, anhelos: cosas bellas o feas, pero cosas al fin. Sin la mesa, todo sería añicos. En la vida, el camino vale más que la posada. Todavía más: el camino es la posada. Pero nosotros nos esforzamos en conducir la vida, en comprimirla, en trocearla, en sacarle partido - el nuestro, tan pequeño, tan distante del suyo ( desconocido y probablemente misterioso y sencillo lo mismo que el verano)- Nosotros procuramos transformar la vida en instrumento, cuando ella es lo absoluto: ella es su propio fin, no un medio nuestro. Porque no somos, sino unos inquilinos en precario, continuamente a dos dedos del desahucio...


ANTONIO GALA. Reflejos de una vida


Una película que merece la pena recordar, The Straight Story (1999)

domingo, 18 de febrero de 2024

Lista

 

 He hecho una lista de preguntas,

cuyas respuestas ya no alcanzaré a saber,

porque es demasiado pronto para ello,

o porque seré incapaz de entenderlas.


La lista de preguntas es larga,

toca temas importantes y menos importantes,

pero como no quiero aburriros

sólo revelaré algunas de ellas:


Qué era real

y qué apenas si lo parecía

en este auditorio

estelar y bajo las estrellas,

donde es necesario tanto billete de entrada

como billete de salida;


Qué pasa con todo ese mundo vivo

que no tendré tiempo

 de comparar con otro mundo vivo;


Sobre qué escribirán

pasado mañana los diarios;


Cuándo acabarán las guerras

y por qué otra cosa serán sustituidas;


En qué dedo corazón estará ahora

el anillo del alma

que a mí me fue robado, que perdí;


Cuál es el lugar del libre albedrío

que es capaz de ser y de no ser

al mismo tiempo;


Qué ha sido de decenas de personas:

¿nos habremos conocido realmente?


Qué intentaba decirme M.,

cuando ya no podía hablar;


¿ Por qué tomé por buenas 

cosas malas

y qué necesito

para no volver a equivocarme?


Tomé nota antes de dormirme

de algunas preguntas. 

Al despertarme

ya no pude leerlas.


A veces sospecho

que se trata de un código preciso.

Pero ésta también es una pregunta

que me abandonará algún día.

                                        ( A.M)

Wislawa Szymborska   -Instante-

* Creo que soy incapaz de entenderlas. 




jueves, 26 de octubre de 2023

¿ En qué se convierten las cosas cuando prevalece la información?

  Hoy nos encontramos en la transición de la era de las cosas a la era de las no-cosas. Es la información, no las cosas, la que determina el mundo en que vivimos. Ya no habitamos la tierra y el cielo, sino Google Earth y la nube. El mundo de torna cada vez más intangible, nublado y espectral. Nada es sólido y tangible.

  Los impulsos de información son todo menos polos de reposo de vida. Non es posible detenerse en la información. Tiene un intervalo de actualidad muy reducido. Vive del estímulo de la sorpresa. Ya por su fugacidad, desestabiliza la vida. Reclama hoy permanentemente nuestra atención. El tsunami de información arrastra al propio sistema cognitivo en su agitación. Las informaciones no son unidades estables. " Su cosmología no es la cosmología del ser, sino de la contingencia".

 Nuestra obsesión no son ya las cosas, sino la información y los datos. Ahora producimos y consumimos más información que cosas. Nos intoxicamos literalmente con la comunicación.

 Las informaciones son adictivas, no narrativas. Pueden contarse, pero no narrarse. Como unidades discontinuas de breve actualidad, no se combinan para construir una historia. Nuestro espacio de memoria también se asemeja cada vez más  a una memoria informática llena hasta arriba de masas de información de todo tipo.

 La información por si sola no ilumina el mundo. Incluso puede oscurecerlo. A partir de cierto punto, la información no es informativa, sino deformativa. Hace tiempo que este punto crítico se ha sobrepasado- El rápido aumento de entropía informativa, es decir, del caos informativo, nos sumerge en una sociedad posfáctica. Se ha nivelado la distinción entre lo verdadero y lo falso. La información circula ahora, sin referencia alguna a la realidad, es un espacio hiperreal. Las fake news son informaciones que pueden ser más efectivas que los hechos. Lo que cuenta es el efecto a corto plazo. La eficacia sustituye a la verdad. La verdad pertenece al orden terreno. Da a la vida un sostén. El orden digital pone fin a la era de la verdad y da paso a la sociedad de la información posfactual.

Entre las prácticas que requieren tiempo se encuentra la observación atenta y detenida. La percepción anexa a la información excluye la observación larga y lenta. La información nos hace miopes y precipitados. Es imposible detenerse en la información.  La contemplación detenida de las cosas, la atención sin intención , que sería una fórmula de la felicidad, retrocede ante la caza de información. Hoy corremos detrás de la información sin alcanzar un saber. Tomamos nota de todo sin obtener un conocimiento. Viajamos a todas partes sin adquirir una experiencia. Nos comunicamos continuamente sin participar en una comunidad. Almacenamos grandes cantidades de datos sin recuerdos que conservar. Acumulamos amigos y seguidores sin encontrarnos con el otro. La información crea así una forma de vida sin permanencia y duración.  


                                                                       Her ( 2013)


  Cada época define la libertad de forma diferente. En la Antigüedad, la libertad significaba ser un hombre libre, no un esclavo. En la modernidad, la libertad se interioriza como autonomía del sujeto. Es la libertad de acción. Hoy, la libertad de acción se reduce a libertad de elección y de consumo. El hombre manualmente inactivo del futuro se entregará a la " libertad de la yema de los dedos": " Las teclas de que dispongo son tan numerosas que las yemas de mis dedos nunca podrán tocarlas todas. Y así tengo la impresión de ser completamente libre de decidir ". La libertad de usar la yema de los dedos es, pues una ilusión. La libre elección es en realidad una selección consumista.

Byung-Chul Han. NO-COSAS

miércoles, 25 de octubre de 2023

 

                                                        BREVEDAD DE LA VIDA


Un suspiro que alienta y se acongoja. Se oscurece el relámpago, sin apenas lucir. Viento presto engolfado en la calma, sin tiempo a respirar; blanco interpuesto de inmediato a la flecha: violenta violencia. El vivir es un principio del morir ya el acabando. Prólogo que tan súbito acaba epilogando. Fluyen por las mejillas caudalísimas lágrimas, heraldos de la voz, y ésta educada en palabras, acaba afónica, su desahogo en lágrimas de sombra. La diferencia de ambas es la que existe entre la respiración y el delgado y apenas ceniciento suspiro, aunque parten los dos de un mismo pecho. Toda la vida cabe en un paréntesis que choca y cierra en signo cóncavo, la vida arremetida. Esta es nuestra experiencia.

  La rosa es símbolo de tanta brevedad, más la rosa es consuelo porque aroma; puede también la vida llega a ser modestia casta y vestir nuestra carne de confortante olor, olor que se desprende del trabajo que agrada, pues el hombre sólo se cumple en el amor que compaña al trabajo. La vocación mas honda, la amorosa. Lector, tú eliges tus poetas. Espero que tu sombra me aloje. Es sólo mi deseo, porque tan sólo así sabré saberme sido.


                                            MI RESUMEN

" COMO si nada hubiera sucedido."

Es ese mi resumen

y está en él mi epitafio.


Habla mi nada al vivo

y él se asoma a un espejo

que no refleja a nadie.



                                            EL VASO QUEBRADO


Hay veces en que  el alma

se quiebra como un vaso,

y antes de que se rompa

y muera ( porque las cosas mueren

también), llénalo de agua

y bebe,

             quiero decir que dejes

las palabras gastadas, bien lavadas,

en el fondo quebrado

de tu alma,

y que, si pueden, canten.


DONDE MUERE LA MUERTE. Francisco Brines




                                                Vidas rebeldes  ( 1961) 

jueves, 11 de mayo de 2023

 


   Cuando muere, todo el mundo debe dejar algo detrás, decía mi abuelo. Un hijo, un libro, un cuadro, una casa, una pared levantada o un par de zapatos. O un jardín plantado. Algo que tu mano tocará de un modo especial, de modo que tu alma tenga algún sitio a donde ir cuando tú mueras, y cuando la gente mire ese árbol, o esa flor, que tú plantaste, tú estarás allí. " No importa lo que hagas-decía-, en tanto que cambies algo respecto a como era antes de tocarlo, convirtiéndolo en algo que sea como tú después de que separes de ellos  tus manos. La diferencia entre el hombre que se limita a cortar el césped y un auténtico jardinero está en el tacto. El cortador de césped igual podría no haber estado allí, el jardinero estará allí siempre."

RAY BRADBURY Fahrenheit 451




  Cómo vivir, me preguntó en una carta alguien

a quien yo tenía la intención de preguntarle

lo mismo.


De Gente en el puente, 1986. Wislawa Szymborska

jueves, 27 de abril de 2023

"La política no me dice nada. No me gustan las personas indiferentes a la verdad".


     El alma del hombre es precisamente el hombre presente en los otros hombres. Esto es lo que usted es, esto es lo que ha respirado, de lo que se ha nutrido y embriagado su conciencia durante toda la vida. Eso es su alma, su inmortalidad, su vida en los demás. ¿ Y entonces? Estuvo en los otros y en los otros permanecerá. ¿ Qué diferencia implica para usted si eso después se llama recuerdo? Será usted que ha entrado a formar parte del futuro.

 Por fin, una última cosa. No hay que preocuparse. La muerte no existe. La muerte no es algo nuestro. Ha hablado de talento, y eso sí es otra cosa, algo nuestro, somos nosotros quienes lo hemos descubierto. pero el talento, en su significado más elevado y más amplio, es el don de la vida.

  No habrá muerte, dice San Juan Evangelista, y escuche la simplicidad de su argumentación. No habrá muerte porque lo que fue ya ha pasado. Es casi como decir: no habrá muerte porque esto ya lo vimos, es viejo y aburre, y ahora es preciso algo nuevo, y lo nuevo es la vida eterna.



_ Hay gente con talento- decía Nikolái Nikoláyevich-. Pero ahora se ha puesto muy en boga toda clase de círculos y asociaciones. Cualquier forma de gregarismo es el refugio de la mediocridad, no importa si se trata de ser fiel a Soloviov, Kant o Marx.

  Borís Pasternak. El doctor Zhivago


sábado, 31 de diciembre de 2022


 Hay demasiado mundo. Cabría reducirlo antes que ampliarlo o expandirlo. Debería ser encerrado de nuevo, enlatado en un panóptico portátil, y permitirnos echarle un vistazo solo los sábados por la tarde, una vez concluido el trabajo cotidiano, la ropa interior limpia  y preparada, las camisas tiesas sobre el respaldo de las sillas, los suelos ya fregados y el bizcocho recién horneado enfriándose sobre el alféizar de la ventana. Mirarlo por un agujero, como en el Fotoplastikon de Varsovia, y admirarse ante cada detalle.

  Temo que, lamentablemente, sea demasiado tarde para ello.

  Por lo visto debemos aprender a vivir eligiendo. A ser como el viajero al que conocí en un tren nocturno. Decía que cada tanto necesitaba visitar el Louvre para detenerse ante el único cuadro, en su opinión, digo de ser visto. Plantarse ante el cuadro de Juan el Bautista y seguir con la mirada su dedo levantado.

OLGA TOKARCZUK. Los errantes